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| 11/12/2017 11:25:00 AM

Cartas explosivas en el caso del Andino

Desde la cárcel, varios de los capturados del MRP por la bomba del Centro Andino siguen urdiendo sus siniestros planes. Cartas y documentos evidenciarían la relación de esa célula terrorista con el ELN y un ex alto funcionario cubano.

Las cartas de los capturados del MRP por bomba del Centro Andino Cartas explosivas en el caso del Andino

El 24 de octubre la Fiscalía General produjo el escrito de acusación contra los 10 integrantes del autodenominado Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP). En el extenso documento, presentó 267 pruebas contra ese grupo de personas señaladas de participar en 15 ataques terroristas en Pereira y Bogotá entre 2015 y 2017, el último de ellos en el centro comercial Andino, el 17 de junio, que dejó 3 muertos y una docena de heridos.

Ese mismo día, mientras se conocía el arsenal de pruebas del ente acusador contra esas personas, nueve de ellas capturadas hace cinco meses, algo grave ocurría en el sur de la capital del país. En la sede de una empresa de transporte ubicada en el barrio Madelena, en la autopista Sur, las autoridades hallaron un artefacto explosivo compuesto con pólvora negra, que no había estallado por una falla en el sistema de activación por temporizador. El aparato tenía varios panfletos del MRP iguales a los que ese grupo usó en más de una docena de atentados.

El asunto, que no trascendió a la opinión pública, no era el primero con el que el MRP intentaba nuevas acciones terroristas desde la captura de diez de sus integrantes. De hecho, el pasado 27 de septiembre, también al sur de la capital, otros de ellos instalaron un artefacto explosivo similar en la avenida Villavicencio con autopista Sur, que falló por causas similares. También tenía panfletos y una bandera del MRP (ver fotos).

Después de estos incidentes, las autoridades se preguntaron quién estaba detrás de estos nuevos intentos de ataques terroristas, considerando que los principales responsables estaban tras las rejas. Irónicamente, gran parte de la respuesta las esperaba en la misma cárcel.

En contexto: Las comprometedoras pruebas del atentado al Centro Andino

Las cuatro mujeres detenidas por la bomba del Andino fueron enviadas al Buen Pastor, y los cinco hombres a la cárcel La Modelo. Estos se encuentran en el segundo y tercer piso del mismo patio, el quinto. Por eso, se reúnen constantemente en los corredores y en el espacio central. Alias Boris, señalado de comandar esa célula, comparte celda con alias Barbas, Andrés y Juan Camilo. En  celdas individuales están alias Talibán y Cristian. Alias Mateo comparte su lugar con un guerrillero de las Farc.

 

Te escribo desde la prisión

 Hace pocas semanas, durante una revisión rutinaria, en la celda de este último, estudiante de Sociología, apareció un teléfono celular. Pero llamaron aún más la atención varios cuadernos en los que había dibujado banderas, el símbolo del MRP y lo que parece ser una nueva frase de ‘lucha’ de ese grupo: “Por la paz de Colombia, vamos por una Nueva Democracia” (ver imágenes). Eso resulta incongruente con la versión que desde su arresto han sostenido el joven, sus abogados, familia y amigos, quienes han negado consistentemente que él tenga algo que ver con ese movimiento y con los graves hechos de los que la Justicia lo sindica. 

Si bien es posible que esos dibujos no representen mayor cosa, otros escritos sí generan una mayor inquietud. Se trata de una gran cantidad de cartas que el joven tenía escondidas. Una de ellas está dirigida al líder indígena. “Le enviamos un fraterno saludo y nos alegramos por su salida de prisión”, dice la misiva, que finaliza “nos solidarizamos con ud las luchas y resistencias que desarrollan sus comunidades. Esperamos encontrarnos en ese camino”.

Otra, fechada el 26 de junio de 2007 sin destinatario específico, comienza con “no estoy desesperado, no estoy derrotado, Simón Trinidad”. En ella menciona los incumplimientos del gobierno en no liberar a los guerrilleros de las Farc detenidos en las cárceles como parte de los acuerdos de La Habana, razón por la cual anuncia una huelga de hambre. “De mi parte, la huelga irá hasta que el Estado cumpla con el compromiso de liberar los prisioneros y prisioneras de las FARC-EP”.

Para algunos, estas comunicaciones pueden contener simplemente arengas políticas antigubernamentales. Pero otras de las cartas pondrían en evidencia que esas personas desde la cárcel siguen en contacto con otros miembros del MRP en libertad. “Soy estudiante de primer semestre y estoy dispuesto a seguir la lucha de ustedes”, dice un aparte de una de las misivas encontradas.

Otro de los preocupantes documentos hallados habla de lo que denominan “trabajo abierto en la universidad”. Allí, una persona que evidentemente pertenece al MRP deja en evidencia algunas inquietudes que tiene, pero deja en claro que siguen en actividades non sanctas. “Estoy en disposición de desempeñar cualquier tarea que me sea asignada con mi mayor esmero”, dice el primer punto del documento. “Aun así veo varias condiciones que hay que valorar”, advierte poco después. “Debido a la persecución, acoso y seguimiento a la cual nos enfrentamos, no considera (sic) prudente donde los militantes se conozcan públicamente”, dice uno de los apartes.

“(...) Estoy completamente quemado y es claro que quien se me acerque será ligado al movimiento. Plantear un nuevo esquema de trabajo implica renunciar a las tres c’s cada día más necesarias para nuestra supervivencia. Las personas que ingresen a trabajar abiertamente quedarían imposibilitadas para accionar y estaríamos desaprovechando gente. En lo personal no me gustaría desvincularme de la discusión nacional. No quisiera quedar trabajando únicamente con la intelectualidad, mientras otros arriesgan su vida”, dice el documento que estaba en la celda de Mateo.

 

Cartas a La Habana

Otra de las más llamativas y enigmáticas cartas tiene tres páginas dirigidas a alguien llamado Tony. “Sé que durante mi estadía en Cuba me aconsejaste no volver a Colombia, los riesgos que eso me traería eran previsibles (…) El recuerdo de Cuba y Fidel me ha acompañado en los momentos de más miedo y soledad (…) Sé que eso no me abandonará nunca, muchas gracias por permitirme conocerte a ti, tu hogar y a tu país”, afirma en algunos de los apartes de la misiva, que en la parte posterior tiene escrito “grupo siempre rebeldes” y los números celulares de cuatro personas identificadas como Omar, Sofi, Cata y Anderson.

Esta carta resulta particularmente interesante por varias razones. En un comunicado de febrero de este año, los padres de Mateo reconocieron que él realizó varios viajes al exterior, entre ellos, dos a Cuba en 2013 y 2017. La Fiscalía ha señalado que en uno de esos viajes pudo recibir instrucción en uso de explosivos, lo cual su familia calificó de “estupidez”. No obstante, la carta a Tony abre un interrogante, especialmente por el destinatario.

Según las autoridades se trata de un antiguo e importante exfuncionario del gobierno de Cuba. Aunque desde hace un par de años se retiró, en los noventa y durante algún tiempo formó parte de la representación diplomática de la isla en Colombia. Entre sus funciones tenía la de establecer enlaces con todo tipo de movimientos políticos y sociales en el país. Durante muchos años las agencias de inteligencia nacionales y extranjeras lo estuvieron vigilando porque aseguraban que pertenecía al G2, la inteligencia cubana.

En círculos periodísticos, diplomáticos y sociales era bien conocida su cercanía y los diálogos que mantenía con algunos integrantes del antiguo secretariado de las Farc, pero especialmente con los miembros del Coce, el comando central del ELN. Con el paso del tiempo, Tony, que tiene un poco más de 60 años de edad, regresó a Cuba.

Puede leer: “Nadie debe ser condenado por el lugar donde estudia”: Wasserman

 Por todo eso, las autoridades se preguntan cómo un estudiante de quinto semestre de Sociología de 21 años de edad termina por entablar una amistad con un personaje del perfil político de Tony. Y por qué, según la carta, Tony le sugirió a Mateo no regresar a Colombia cuando este lo visitó en Cuba. En cuanto a esto último, podría explicarlo que para el momento del último viaje del joven a la isla, el MRP ya había cometido al menos una docena de atentados y las autoridades ya habían avanzado en el trabajo de identificar a muchos de los integrantes de esa célula terrorista.

 A la vieja cercanía de Tony con los elenos y a la recién descubierta amistad de Mateo con el exfuncionario cubano se suma otro elemento, hasta ahora desconocido, que permitiría afirmar que el MRP tiene una conexión mucho más directa con el ELN de los que hasta ahora se conocía.

 

La conexión elena

A mediados de julio pasado las autoridades capturaron en Rionegro, Antioquia, a José Antonio Núñez. Conocido con el alias de Diego, tenía más de 15 años de pertenencia en el ELN. Desarrolló la mayor parte de su vida en esa guerrilla como jefe de milicias y reclutamiento en el frente Bolcheviques, que actuaba en Tolima. Cuando esa estructura quedó desarticulada en 2010, Diego se movió hacia el centro del país para seguir reclutando estudiantes universitarios con el fin de conformar estructuras para desarrollar acciones de terrorismo urbano.

 Al momento de su captura Diego tenía varias armas en su poder. Pero lo más importante estaba en los computadores y dispositivos encontrados en su poder. Allí había gran cantidad de documentos que iban desde manuales de armas y explosivos hasta hojas de vida de oficiales de las Fuerzas Armadas y de Policía, fotos de campamentos, entre muchos otros. El análisis de ese material arrojó un dato impactante.

La información que tenía este jefe de milicias era exactamente igual a la encontrada un mes antes en las USB y computadores de dos de los detenidos del MRP. En efecto,  en los dispositivos de alias Boris, jefe de la célula terrorista, y alias la Japo aparecieron los mismos manuales, listas de sitios y nombres de posibles blancos. Los análisis forenses demostraron que se trataba de los mismos documentos, lo que evidenciaría una relación entre el MRP y el ELN (ver documentos).

Hasta ahora, las autoridades sabían que al menos dos de los detenidos del MRP habrían recibido instrucción en manejo de explosivos en campamentos elenos en Arauca y Venezuela. Se trataría de alias Visaje y Calvo, a quienes en marzo de este año detuvieron en flagrancia cuando iban a activar una bomba en el sur de la ciudad. Aunque cayeron con las manos en la masa y quedaron grabados incluso en video, en esa oportunidad un juez los dejó en libertad con el argumento de que la bomba no estalló (ver fotos). Las autoridades los tuvieron que buscar de nuevo y los arrestaron otra vez tras el ataque al Andino.

El peligro sigue

Los documentos encontrados no dejan duda de la relación entre el MRP y los elenos. Sin embargo, es grave que desde prisión los contactos siguen.“Los pelaos continúan con la actitud”, afirma uno de los fragmentos de una carta encontrada en la celda de Boris, en la que desde el exterior le informan que hay otros integrantes dispuestos a continuar con las acciones terroristas. Ese papel llegó pocos días después de los dos ataques fallidos en los últimos dos meses.

Talibán, otro de los detenidos, tenía en su celda una extensa lista con gran cantidad de números celulares y contactos. También una relación de números de cuentas y nombres de personas que consignan diferentes montos de dinero.

En todo caso, resulta increíble que las autoridades penitenciarias hayan incurrido en la ingenuidad de dejar en el mismo lugar a todos los integrantes de la célula señalada de sembrar el terror con más de una docena de ataques en la capital, para seguir en contacto con sus redes externas y planear nuevas acciones. Gran parte de los colaboradores que están en la calle del MRP ya están identificados. Las autoridades tienen el reto no solo de impedir nuevos ataques, sino de llevar con prontitud ante la justicia a esta organización terrorista. 

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