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| 4/5/2014 12:45:00 AM

El 'boom' de las ciudadades intermedias

Las ciudades medianas de Colombia viven un momento de auge. Los retos para estas urbes se discuten en el Séptimo Foro Urbano Mundial en Medellín.

En diciembre pasado los monterianos estrenaron un nuevo centro comercial. Se trata del Bellavista con 61.000 metros cuadrados, con cinco salas de cine y una tienda por departamentos. Esta escena ya se convirtió en algo común para la mayoría de las ciudades de tamaño mediano en Colombia. Según cifras de la Asociación de Centros Comerciales, 43 urbes en el país tienen hoy esas moles de comercio así como una treintena de nuevos proyectos que se están desarrollando en 20 intermedias. 

Hoy existen 15 centros comerciales por todo el territorio nacional con el nombre del pionero de estas estructuras, Unicentro. A finales del año pasado abrieron Unicentros en Yopal y Palmira. Este año se inaugurará Valledupar, el año entrante Neiva y el siguiente Bello(Antioquia), de acuerdo con anuncios de la constructora. Con estas inversiones inmobiliarias llegan a las ciudades intermedias grandes marcas de ropa, cadenas nacionales y franquicias internacionales de comidas, cines y supermercados. También han crecido la venta de automóviles y motocicletas. En una década el paisaje de esas urbes medianas cambió, tanto el económico como el arquitectónico y social. ¿Cuáles son las tendencias más descollantes de este fenómeno urbano de la última década y qué desafíos trae para Colombia?

De acuerdo con el censo de población de 1973 en Colombia había 18 ciudades con más de 100.000 habitantes y solo dos superaban el millón de personas. Cuarenta años más tarde, se contabilizan más del doble: cuatro grandes urbes con más de 1 millón y 37 municipios con una población entre 100.000 y 1 millón. Por estándares internacionales estas últimas clasificarían como ciudades intermedias. Proyecciones no oficiales preparadas para Planeación Nacional (DNP) calculan en 69 las metrópolis de tamaño mediano que tendría el país en 2050. En otras palabras, Colombia es y seguirá siendo un territorio de ciudades.

Con esto en mente el DNP desarrolló la Misión de Ciudades bajo la coordinación de la excanciller Carolina Barco entre 2012 y 2013. Seis áreas de estudio urbano –conectividad, calidad de vida, productividad, planeación, coordinación y financiamiento– fueron analizadas por 17 expertos. Incluso en la presentación de los resultados el viernes pasado, Tatyana Orozco, directora del DNP, reiteró que la Misión “desde las ciudades reconoce la interrelación con lo rural”.

Al dinamismo demográfico que se refleja en el crecimiento poblacional se ha sumado el crecimiento de la actividad económica. El estudio de Fedesarrollo para la Misión de Planeación refleja que si bien Bogotá es la ciudad con el PIB per cápita más alto del país, en cuanto a dinámica, varias ciudades intermedias no se quedan atrás. Entre 2002 y 2010, las áreas metropolitanas de Pereira y Bucaramanga encabezaron el listado de urbes colombianas con mayor porcentaje de crecimiento del PIB per cápita. Otro miembro de este club  ocupa  el tercer lugar: Cartagena.

Esa vitalidad económica se refleja así mismo en los recaudos de los impuestos Predial e Industria y Comercio, dos de las fuentes tributarias urbanas más importantes. De acuerdo con el Banco de la República y cálculos de Adolfo Meisel y Gerson Pérez, dentro de las ciudades de mayor recaudo predial per cápita en 2009 se cuentan ciudades medianas como Envigado, Itagüí, Pereira y Palmira. Esos mismos cálculos para Industria y Comercio incluyen a Barrancabermeja. 

Esas dinámicas, que incluyen conectividad, mercado laboral y productividad, condujeron al DNP a un cambio conceptual: el paso de estudiar ciudades individuales o áreas metropolitanas a la conformación de un “sistema de ciudades”. La Misión definió 18 “aglomeraciones urbanas” con base en la conmutación laboral, es decir, el porcentaje de trabajadores que van de un municipio a la ciudad central (ver mapa). Bajo ese criterio mientras Duitama y Sogamoso clasifican como aglomeraciones que atraen población a su alrededor, capitales departamentales con mayor población como Montería, Neiva, Popayán e Ibagué no construyen atracciones tan poderosas en sus áreas de influencia. 

No obstante, ese mismo dinamismo no está exento de crecientes problemas. Los retos para las ciudades intermedias en Colombia no son sencillos. Para la muestra un botón: Valledupar. Para el alcalde de la capital cesarense, Fredys Socarrás, considerado uno de los mejores burgomaestres del país, su mayor desafío es  “dejar una ciudad planificada en sus próximos 30 años, que tenga un norte en su desarrollo y crecimiento ordenado”. Y para eso identifica tres problemas: 
desempleo, seguridad y movilidad.

En materia de empleo y productividad la Misión encontró que las ciudades medianas colombianas tienen un bajo nivel de especialización y que la fuerza de trabajo calificada se concentra en una mayor proporción en las cuatro grandes capitales: Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla. La movilidad es una de las áreas donde el crecimiento de estas urbes está generando mayores traumas. La actividad económica produce más viajes y la entrada de motocicletas y autos sobrecarga las vías y calles. Es decir, un paso del transporte público al privado a mayor velocidad. 

En este tema Eduardo Behrentz, decano de Ingeniería de la Universidad de los Andes, tiene una fuerte recomendación a las intermedias: “No seguir el mismo camino de las ciudades principales.  Es clave que descubran su propia senda y no acepten como ciertos paradigmas de desarrollo urbano que pueden resultar equivocados en su propio contexto”. Para Behrentz los desafíos en movilidad se centran en una mejor planificación: “Es esencial que las ciudades intermedias eliminen el transporte colectivo e implementen sistemas de transporte masivo e integrado”. Por su tamaño, estas urbes pueden hacer las inversiones y el ordenamiento territorial necesarios para el crecimiento de las siguientes décadas. 

A pesar de estas muestras de bonanza económica y poblacional queda la pregunta sobre la fuerza de atracción de las ciudades intermedias sobre sus habitantes y los de otras localidades. ¿Podrán algún día estas urbes medianas invitar a sus fronteras no solo más turistas sino familias y nuevos hogares y empresas? Uno de los estudios de la Misión de Ciudades, a cargo de Adolfo Meisel, actual codirector de la Junta Directiva del Banco de la República, y Gerson Pérez, se enfocó en el tema de los atractivos de las ciudades colombianas. 

Uno de los resultados más llamativos está en la oferta cultural. En términos absolutos, por ejemplo, en 2009 Bogotá registraba 27 bibliotecas y 53 museos, superando de forma contundente al resto de capitales del país. No obstante, cuando se calculan esos mismos indicadores teniendo en cuenta la población, las ciudades con mayor oferta en relación con su tamaño son Tunja, Popayán, Palmira, Pasto y Santa Marta. En cuanto a bibliotecas lideran Manizales, Riohacha y Florencia. Bogotá se desploma al puesto 19. Por más museos y bibliotecas que tenga la capital de la República, son pocos en proporción con sus habitantes. 

Meisel y Pérez identifican la oferta cultural, recreativa, la cultura ciudadana y el espacio público como oportunidades para que las ciudades mejoren su calidad de vida. Son varios los ejemplos por replicar en otras urbes: la ronda del río Sinú en Montería, los parques biblioteca en Medellín, el Museo del Caribe en Barranquilla y el Parque Nacional del Café en Montenegro(Quindío).  

La apuesta de Planeación Nacional de abordar las ciudades colombianas como un sistema de aglomeraciones apenas comienza. Cómo conectarlas, cómo producir mejor y cómo proveer mejores servicios públicos siguen en la agenda de prioridades junto a nuevos temas como la movilidad, la sostenibilidad, el espacio público y las atracciones urbanas. A pesar de ello, las cuestiones básicas continúan en el radar de las urbes medianas. Si tuviera que escoger un problema por resolver, el alcalde Fredys Socarrás no duda un segundo: “Las inversiones que requiere el acueducto de Valledupar para garantizar agua potable en los próximos 30 años”. 

El secreto de Bucaramanga

A pesar de estar aislada, la capital de Santander es pujante e inclusiva. Un ejemplo para las ciudades intermedias de Colombia.

Bucaramanga  trabaja por cumplir los Objetivos del Milenio. 

Al ver un mapa de Colombia, Bucaramanga es una ciudad apartada de los ejes que mueven el país, trepada a casi 1.000 metros de altura sobre la escarpada cordillera Oriental. Pero eso no ha sido un obstáculo para que muestre impresionantes índices de desarrollo, que hacen sonrojar a las grandes capitales que lo han tenido todo para salir adelante. La Ciudad Bonita tiene el segundo mejor ingreso per cápita de Colombia, con 1,8 millones de pesos al mes; un índice de pobreza extrema de 1,2 por ciento cuando el promedio nacional alcanza el 10,4 por ciento; un Coeficiente Gini (que mide la desigualdad) de 0,432 frente al 0,539 nacional; una tasa de desempleo de 7,7, 2 puntos por debajo del resto del país y que creció 3,6 por ciento en 2012.

Cuando miles de personas se reúnen en el Foro Urbano Mundial de Medellín para discutir sobre ciudades inclusivas, que se esfuerzan para cumplir con los Objetivos del Milenio, Bucaramanga puede ser un ejemplo.  Su estrategia es haber convertido sus debilidades en fortalezas. Al ser una capital apartada, forjó un mercado regional robusto, diversificado y democrático. En toda el Área Metropolitana, que reúne los municipios de Bucaramanga, Piedecuesta, Floridablanca y Girón, hay más de 43.000 microempresas de calzado, joyería, metalmecánica y confección. La economía cuenta con un vivero de 15 universidades y más de 60.000 estudiantes.

Eso sí, detrás de las cifras del Dane se esconde una ciudad con una informalidad laboral brutal, que alcanza el 56 por ciento de la población y para los bumangueses los avances logrados no son suficientes. En la encuesta del programa  Bucaramanga ,¿Cómo Vamos?, que permite comparar la satisfacción de vivir en cada una de las 11  principales ciudades del país, la capital santandereana ocupa un deprimente octavo lugar. Solo 15 por ciento de los bumangueses están satisfechos con Metrolínea, su sistema masivo de transporte, y también hay quejas por la inseguridad y la mala gestión administrativa.

Y tal vez uno de los mayores retos de la ciudad: enchufarse al país. Esta semana se entregó la remodelación del aeropuerto de Palonegro con una inversión de 43.000 millones. Pero todavía les falta demasiado a megaproyectos como la doble calzada Bucaramanga-Pamplona que conectaría la ciudad con Cúcuta y Venezuela, la Alianza Público Privada para comunicar a Bucaramanga con la Ruta del Sol y la doble calzada Barrancabermeja – Bucaramanga. De realizarse estas obras, ¿qué tan lejos llegaría la capital santandereana?

La ‘supremacía’ de Melbourne

Australia es el país con mayor número de ciudades dentro de los primeros lugares 
en los listados de mejores sitios para vivir.

Melbourne encabeza las listas de ciudades con mejor calidad de vida, infraestructura de transporte y conectividad. 

Si tocara escoger el mejor vividero urbano del mundo, la respuesta estaría en un solo país-continente: Australia. Las principales ciudades  de esa nación oceánica encabezan los listados de las metrópolis con mejor calidad de vida en el planeta. En el ranking de ciudades más ‘vivibles’  de 2013 de la revista Monocle, que incluye variables como seguridad, clima, conectividad, arquitectura y transporte, dos urbes australianas, Melbourne y Sydney, están dentro de las diez primeras. 

Otro listado, el de la Unidad de Inteligencia de The Economist, ubica cuatro ciudades de la tierra de los canguros dentro de su top ten: además de las dos arriba mencionadas están Adelaide y Perth. Esta revista británica analiza 140 urbes del mundo en 30 aspectos que van desde la calidad de la infraestructura de salud hasta los riesgos de ataques terroristas pasando por la oferta educativa y cultural. Por tres años consecutivos Melbourne lidera el listado seguida muy de cerca por Viena, la capital austriaca, y Vancouver, el principal  puerto canadiense sobre el Pacífico. 

Otro país que le compite a Australia con el mayor número de ciudades en estos listados es Canadá. Vancouver, Toronto y Calgary ocupan con frecuencia los primeros lugares dentro de las mejores urbes para habitar. El otro polo de buen vivir es la Escandinavia: Copenhague, la capital danesa, Estocolmo, la sueca, y Helsinki, la finlandesa, son reconocidas globalmente por el uso de bicicletas, diseño urbano y medioambiente, aunque también por su alto costo de vida. Si bien Bogotá está muy lejos en los distintos indicadores de Melbourne, ha subido 15 escalones en los últimos cinco años y ocupó en 2013 la casilla 111 sobre las 140 ciudades analizadas. 

“Trabajadores pobres son hoy fuerza en las ciudades ”: Saskia Sassen

Para la socióloga las urbes del mundo en desarrollo pertenecen cada vez más a los capitales extranjeros y sus instrumentos financieros. 

La socióloga urbana Saskia Sassen ha realizado grandes aportes a la sociología urbana y al análisis de los efectos de la globalización en las ciudades. 

Una de las conferencistas invitadas al Séptimo Foro Urbano Mundial de Medellín es la socióloga urbana Saskia Sassen. Holandesa que creció en Buenos Aires, Sassen es conocida por sus investigaciones sobre el impacto de la globalización en las ciudades y recibió en 2013 el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales. El jurado de ese galardón reconoció la contribución de Sassen a “la sociología urbana y al análisis de las dimensiones social, económica y política de la globalización”.

SEMANA: Hace más de 20 años publicó ‘La ciudad global’ y acuñó el término. ¿Podría explicarlo?

Saskia Sassen: La ciudad global es un espacio de producción de capacidades avanzadas para la organización y el manejo de la economía global.  Tiene dos funciones: una es la de ser espacio productivo económico. La economía global no existe simplemente en un espacio global electrónico que funciona más allá de los países. Nace y se hace en gran parte en esas urbes. La red de 40 ciudades globales que surgió en los años noventa, que ahora llega a más de 100,  en parte genera economía global, no responde solo a una decisión de los jefes urbanos. La segunda función es política en dos sentidos: desestabiliza viejos regímenes de clase y genera nuevas modalidades políticas.

SEMANA: En estas dos décadas, ¿cómo ha cambiado el impacto de la globalización en las ciudades?

S. S.: Exagerando un poco, yo veo dos tipos  de actores que surgen en este proceso. Por un lado, la ciudad global representa un momento en la trayectoria del capital globalizado donde se personifica en hombres y mujeres que lo quieren todo: sus estilos de vida, sus casas, etcétera. Ello se materializa en el espacio urbano y se vuelve una energía social muy distinta de la vieja burguesía. El segundo actor es el plantel de trabajadores con baja remuneración que incluye migrantes o inmigrantes, minorías ciudadanas y otros grupos discriminados. En el espacio de la ciudad global se convierten en una fuerza social importante y visible.

SEMANA: ¿Cómo se están globalizando las ciudades de los países en desarrollo?

S. S.: El auge de las altas finanzas mundializadas implica una creciente capacidad de volver líquidos valores económicos que en el pasado pensábamos que eran sólidos o inamovibles. Por ejemplo, ser propietario de un edificio hoy día puede significar poseer solo el edificio, un valor financiero o ambos. Este valor financiero se puede vender y comprar repetidamente en un mismo día y en cualquier mercado global. A eso me refiero con volver líquidos los valores económicos nacionales. Las metrópolis del sur global cumplen una doble función en los circuitos financieros dominantes: una es enormemente sofisticada en ese trabajo de licuar, que se da tanto a través de profesionales y empresas nacionales como de filiales de compañías extranjeras. La otra es que una vez líquido gran parte de lo nacional puede circular globalmente. Uno puede preguntarse: ¿a quién le pertenece esta ciudad? Y la respuesta es que más y más le va perteneciendo a inversores privados nacionales y extranjeros, sea a través de casas y edificios de oficinas,  que se vuelven una manera de ‘comprar’ tierra urbana, o sea a través de instrumentos financieros que representan esos edificios. 

SEMANA: Usted ha escrito que la ciudad tiene una voz que responde. ¿A qué se refiere?

S.S.: Este es un tema que me viene interesando. Básicamente el argumento que hago es que si pudiéramos entender el lenguaje de la ciudad, veríamos esta capacidad de voz que tiene. Existen acontecimientos y condiciones que nos dicen algo sobre la capacidad de las ciudades para responder sistémicamente, para indicarnos que algo no les gusta, no funciona. Permítanme un ejemplo simple: un auto, construido para altas velocidades, deja la carretera y entra a la ciudad. Llega a una zona con tráfico, compuesta no solo de autos sino de gente que desborda por todas partes. De pronto, el auto está paralizado. Construido para la velocidad, su movilidad se ha detenido. La ciudad habló. Las ciudades son sistemas complejos. Pero siempre son sistemas incompletos. En esa condición reposa la posibilidad de hacer lo urbano, lo político, lo cívico. 
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