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| 12/3/2016 12:00:00 AM

El posconflicto depende de un mercado sólido

La Macrorrueda para la Reconciliación realizada en Cali dio el primer gran paso en esa dirección.

Esta guerra de medio siglo dejó a Colombia con una inmensa brecha entre campo y ciudad, entre el país moderno y el olvidado, entre el centro y la periferia. La paz tendrá que ser, por el contrario, el tiempo de la integración de esas dos realidades. Una vez alcanzado un acuerdo de paz refrendado, el Estado tendrá que llegar a estos territorios. Pero no solo él. Igual de importante es que se activen la economía y el mercado, porque solo con economías lícitas y fuertes, que generen empleo y bienestar, es posible cerrar la puerta a una nueva violencia.

Esta lógica ha orientado desde hace tres años a la Fundación Reconciliación Colombia, la que subyace en su proyecto bandera, la macrorrueda, realizada esta semana en Cali. “Para incluir a los territorios se necesita abrir mercados y para incluir a los colombianos en la democracia hace falta fortalecer la ciudadanía. Esta macrorrueda cumple esos dos propósitos”, dice Alejandro Santos, director de SEMANA y uno de los animadores de esta iniciativa.

Se trataba de ofrecer a proyectos productivos y sociales exitosos, creados a pulso en las zonas de conflicto por víctimas directas o indirectas de la guerra o incluso por personas que participaron en ella, una plataforma de intercambio con quienes les pueden abrir las puertas del mercado. Es decir, con empresarios, cooperantes y fondos de inversión. Ese encuentro estaba orientado no solo para hacer negocios, sino para intercambiar conocimientos con el fin de consolidar o incluso replicar los emprendimientos e iniciativas.

En segundo lugar, buscaba crear un diálogo entre iguales, sin paternalismo, en el que las comunidades exhibieran sus potencialidades en una relación donde importa el trabajo, el producto, el concepto de desarrollo social sostenible, la creación de oportunidades y, sobre todo, el factor R: la reconciliación.

Como estrategia, la macrorrueda es algo novedoso, ya que en sí misma potencia el diálogo social entre sectores que posiblemente nunca antes se habrían congregado, que tienen prejuicios y para quienes el encuentro significó romper paradigmas.

Es el caso, por ejemplo, de Amaury Ortiz y Milton Guerrero. El primero cultiva plátano en Moñitos, un pequeño pueblo de Córdoba a orillas del mar Caribe. El segundo compra las frutas y verduras del Grupo Éxito en el suroccidente colombiano. Durante 15 minutos hablaron en una de las 220 mesas dispuestas para estos diálogos cortos pero fructíferos. Ortiz le contó a Guerrero que desde hace cuatro años fundó junto a otros seis campesinos la Asociación de Productores de Frutas y Hortalizas de Moñitos (Aprofrumo), y que hoy esa asociación tiene 67 miembros que producen al año 1.072 toneladas de plátano en 134 hectáreas. Actualmente, las venden en Barranquilla y Cartagena. “Necesitamos producir y vender mucho más y queremos hacerlo con ustedes, pero no sé si la calidad de nuestro producto les sirva”, dijo Ortiz. Entonces Guerrero tomó el teléfono y se puso en contacto con su par del Grupo Éxito en el Caribe. También le explicó que dicha cadena comercial cuenta con tres categorías de almacenes que le permiten ofrecer productos de diferente calidad. En últimas, que su plátano sí tiene oportunidad y que solo debe precisar detalles de precios y fletes. Luego de terminada la charla, cada uno salió a cumplir nuevas citas. En total se dieron 2.443 conversaciones como estas durante los dos días.

Los 316 proyectos que participaron en la macrorrueda fueron seleccionados cuidadosamente con el criterio de que fueran productivos o tuvieran un fuerte impacto social. En ambos casos, debían ser iniciativas exitosas en proceso de consolidarse, cuya experiencia también dejara un saldo pedagógico para las comunidades. Los productivos tuvieron mayor audiencia entre los 100 empresarios que asistieron, y entre los 17 fondos de inversión que también se hicieron presentes. Los de carácter social fueron presentados, sobre todo, a las 15 entidades de cooperación internacional presentes, así como a fundaciones y entidades del gobierno.

Un rasgo común es que en esos proyectos participan víctimas de la violencia, reincorporados o, cuando menos, personas que trabajan con un enfoque de construcción de paz en los territorios. Son los casos de las 420 familias que cultivan coco en el Pacífico y lo comercializan por medio de la firma Pacificoco; de las 93 familias aglutinadas en una asociación de Arauquita, Arauca, que crían y engordan tilapia roja; de las 500 familias de Chocó que proveen la materia prima de Selvacéutica, una empresa especializada en belleza natural que transforma frutos y semillas de plantas nativas, para producir cremas y jabones; y de la asociación de lecheros artesanales de Sotará, Cauca, que reúne a 200 familias.

Ricardo Santamaría, director de Reconciliación Colombia, dice que “se movieron 6 millones de dólares para 16 proyectos en una tarde y hubo negocios pactados por 18.000 millones en 2.443 citas en otra tarde. un éxito total”. Pero más allá del dinero, destaca la gran cooperación que se produjo en materia de conocimiento. En una serie de paneles se escuchó a líderes y expertos en el tema de las ayudas multilaterales tanto de Colombia como del mundo. Empezando por el líder espiritual Sri Sri Ravi Shankar, quien pronunció la conferencia inaugural sobre el valor del perdón en países que buscan superar la guerra y elevar sus estándares de desarrollo humano. Y terminando por el presidente Juan Manuel Santos quien agradeció, entre otras cosas, tanto a los empresarios por contribuir en la causa de la paz, como a las comunidades por mantener vivo el tejido social y la esperanza.

Todos coincidieron en que los proyectos tienen garantizado el éxito cuando en ellos se involucra trabajo conjunto del sector público, la empresa privada y las organizaciones sociales. Alejandro Gamboa, director de la Agencia Presidencial de Cooperación Internacional de Colombia (APC-Colombia), recordó que el promedio de inversión de cooperantes en el país ha sido de 550 millones de dólares y que esa cifra puede crecer un 30 por ciento durante el posconflicto.

Así mismo, la embajadora de la Unión Europea en Colombia, Ana Paula Zacarías, precisó que los 100 millones de dólares que donarán para el Fondo Fiduciario para la Paz tienen como objetivo primordial apoyar grandes iniciativas “que permitan el desarrollo integral del campo colombiano”, especialmente en Cauca, Valle, Chocó y Meta. Zacarías recordó que en los últimos 15 años la cooperación europea para la paz alcanzó 2.000 millones de euros. También confirmó que está aprobado un crédito por 400 millones de euros que será desembolsado por el Banco Europeo de Inversiones.

Las perspectivas de una Colombia en paz también atraen como imanes a los fondos de inversión. Larry Sampler es el CEO de One Earth Future, una fundación asentada en Colorado, Estados Unidos, y con experiencia en África, que aterrizó en Colombia para ayudar a impulsar proyectos productivos de la mano de otra fundación llamada Paz Sostenible para Colombia, Paso Colombia. Cuando se le pregunta por qué eligieron este país dice que “es el único de la región que está poniendo fin a un conflicto armado que lleva más de 50 años”.

En últimas, la macrorrueda resultó ser un aporte concreto para llevar a la práctica el concepto de paz territorial y de reconciliación, que, aunque están plasmados en el papel, apenas se empiezan a poner a prueba en la práctica, en contextos difíciles, pero con un gran capital humano empujando hacia el futuro.

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