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| 4/8/2017 10:30:00 PM

La odisea de los médicos cubanos en Bogotá

Decenas de médicos que huyen de Venezuela llegan a Bogotá para buscar una visa. Pero Estados Unidos eliminó el programa que los amparaba, y ahora están varados sin poder trabajar, salir de Colombia ni regresar a Cuba.

Yordan Salgado Betancourt tiene 30 años y es anestesiólogo con posgrado en cuidados intensivos de la Universidad de La Habana. Era uno de los pocos en su país que practicaba neurocirugías para remediar la epilepsia en niños y adultos. Por su talento, regularmente recibía invitaciones de instituciones y universidades de Canadá y Estados Unidos, que le ofrecían continuar formándose en sus campus. La propia Sociedad Cubana de Anestesiología puso a disposición una bolsa de 3 millones de dólares para financiar sus estudios en el exterior. Pero el régimen cubano una y otra vez le negó la posibilidad de viajar. La razón: su trabajo era crucial para la vida de muchos en la isla.

Aun así, en octubre del año pasado sus superiores le informaron que debía sumarse a una misión médica en Venezuela. Yordan se negó. Le dijeron entonces que solo sería por tres meses y que de regreso considerarían autorizarle algún posgrado afuera. “Fue como un chantaje”, dice. El primero de noviembre pasado llegó a Caracas y tan pronto se puso la bata le informaron que trabajarían por seis meses, y, más tarde, cuando pudo revisar la carpeta oficial de su misión, encontró que esta realmente duraría entre uno y dos años.

Entonces decidió que su mejor opción era seguir los pasos de centenares de médicos cubanos que abandonan las misiones médicas en el vecino país y pasan en secreto hacia Colombia para presentarse, en Bogotá, ante la Embajada de Estados Unidos. Allí solicitan acogerse al programa Parole, que desde 2006 les otorga visa a los médicos cubanos para que puedan ir al ‘país de la libertad’. Pero justamente el día en que Yordan aplicó –el 12 de enero– el gobierno de Barack Obama, tras normalizar las relaciones diplomáticas con la isla, abolió el programa Parole, con lo que canceló la emisión de nuevas visas de ese tipo. La resolución dejó al joven médico en un limbo: no puede regresar a Venezuela ni a Cuba donde se le considera desertor, mientras permanece en Colombia con un permiso temporal que no le permite trabajar.

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El suyo es apenas uno de múltiples casos. En Bogotá hay, según sus propios cálculos, cerca de 200 galenos cubanos que desertaron de Venezuela y ahora están atrapados en una sinsalida legal. Se hacen llamar los Médicos Cubanos Varados en Bogotá y de cuando en cuando se encuentran en el Monumento a las Banderas, en Kennedy, al occidente de la ciudad, para discutir y planear una acción conjunta que les permita salir del atolladero.

Se trata de profesionales entre los 26 y los 45 años. A través de las redes sociales se citan y a cada encuentro llegan caras nuevas. Todos portan, doblado en algún bolsillo, el salvoconducto temporal expedido por Migración Colombia, que les sirve de única identificación. Ninguno se atreve a llevar por la calle el pasaporte por temor a perderlo y complicar el problema. Se dividen en tres grupos: quienes se presentaron ante la embajada antes del 12 de enero y siguen a la espera de una respuesta; los que se encontraron con la negación de la visa y confían en poder apelar para que su caso sea revisado; y quienes se presentaron después de la fecha final del programa.

Los médicos huyeron de Venezuela con dinero para sostenerse por tres meses en Bogotá, el tiempo máximo que podría tardar el trámite ante la embajada según los parámetros del Programa Parole. Pero algunos llegaron a Colombia hace siete y hasta ocho meses sin poder resolver su situación. Y no pocos de ellos perdieron la plata que traían en el viaje subrepticio de Venezuela a Bogotá.

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La doctora Ordelys Suárez desertó desde Carabobo con otra profesional cubana. “Nos pararon y dijimos que íbamos trasladadas a prestar servicio a Maicao. Y ya ahí tuvimos que pasar la frontera en motos, pero nos quitaron toda la plata que llevábamos, nos extorsionaron”, cuenta. El doctor Erasmo Feliu Alonso también tuvo su propia odisea. Tras un año y dos meses de servicio en Venezuela decidió huir con su esposa, una médica endoscopista, pero la persona que contrataron para llevarlos de Maracaibo a Bogotá los robó y los abandonó en La Guajira. Allí no tuvieron mejor opción que simular ser indigentes para pasar la frontera sin llamar la atención. Bajo la ropa raída llevaban ocultos sus diplomas y pasaportes. Y una vez en territorio colombiano tuvieron que viajar hasta la capital a punta de caridad. “Logramos llegar acá el 6 de diciembre y de inmediato nos presentamos en la embajada. Mi mujer ahora está embarazada y no tenemos seguro médico, necesitamos una respuesta urgente”.

SEMANA acudió a la Embajada de Estados Unidos para indagar cuántos médicos cubanos seguían solicitando la visa que otorgaba el programa Parole y qué salida puede haber, pero Estados Unidos tiene por política no comentar casos de visas con nadie diferente al propio solicitante. Por su parte, desde la Cancillería colombiana se dice que no es posible determinar cuántos doctores cubanos hay en el país pues ingresan ilegalmente. Solo en 2016 Migración Colombia expidió un total de 8.167 salvoconductos a cubanos infractores de la normatividad migratoria. Pero es imposible discriminar mediante el sistema cuántos de esos salvoconductos amparan a médicos que estarían tramitando la visa Parole.

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Los galenos se las ingenian para sobrevivir en Bogotá. Dado que no pueden trabajar legalmente, algunos, a cambio de hospedaje, se han convertido en el médico de confianza de las familias con las que conviven. Otros sirven de sobanderos, tenderos en farmacias y hasta cargan bultos en Corabastos. Desde Miami, la organización Solidaridad sin Fronteras de vez en cuando les envía algún auxilio. Y muchos simplemente se mantienen al debe con la promesa de que una vez logren partir a Estados Unidos enviarán el dinero para pagar la deuda acumulada.

Óscar Alonso Oduardo tiene 26 años y es médico intensivista. Llegó a Bogotá en diciembre y desde entonces ha tomado la vocería del grupo. “Una vez que uno deserta de la misión médica comienza un viaje sin retorno porque la primera sanción es que no podemos volver a Cuba en los próximos ocho años. Calculamos que somos cerca de 200 médicos cubanos varados en Bogotá, y aunque algunas personas nos colaboran otras simplemente nos echan a la calle”, asegura.

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En marzo pasado una treintena de los médicos desesperados se tomaron el parque Caldas, en la localidad de Kennedy, y durmieron allí varias noches a la intemperie para llamar la atención y presionar por alguna salida. A pesar de las penurias, no viven mucho peor que en Venezuela. Allí devengaban 27.000 bolívares al mes, es decir, unos 20.000 pesos colombianos, con los que debían sobrevivir pues la misión solo les proveía la vivienda y ellos debían cubrir lo demás. “Todo el sacrificio habrá valido la pena siempre y cuando pronto acabe la zozobra en que estamos”, concluye el doctor Alonso.

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