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| 2/17/2014 12:00:00 AM

El desarrollo en Colombia no puede ser “a cualquier precio”

Luz H. Sarmiento, ministra de Ambiente, lidera una dura lucha por el progreso, pero también para que la ley se cumpla.

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DW
La agencia alemana Deutsche Welle entrevistó a Luz Helena Sarmiento, ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible, quien recibió recientemente, de manos del embajador alemán en Colombia, Gunter Kniess, la Orden al mérito ambiental Barón Alexander von Humboldt, por los logros en su gestión.

D.W.: ¿Qué tanta importancia le da Colombia a su Ministerio del Medio Ambiente?
Luz Helena Sarmiento: Teniendo en cuenta la realidad del país, el Ministerio no solamente es de ambiente, sino de Desarrollo Sostenible. Colombia es un país con una alta riqueza de biodiversidad. Somos el país con mayor biodiversidad por metro cuadrado del mundo, pero también tenemos otros recursos naturales y tenemos que hacer compatibles nuestras dos riquezas. El Gobierno del presidente Juan Manuel Santos creó la Autoridad Nacional de Licencias con la que se ha fortalecido la gestión de la política ambiental. En los dos últimos años, el presupuesto para el ambiente ha aumentado en 4 o 5 % y su planta de personal en un 500 %.

D.W.: La gestión ambiental en Colombia se menciona como “ejemplar”. ¿Por qué?

L.H.S.: El fortalecimiento del sector hace mucho énfasis en los efectos del cambio climático. En efecto, Colombia ha liderado los comités técnicos de la Conferencia Internacional de Cambio Climático (COP). Por otra parte, con la consecución de cooperaciones internacionales, como con Alemania, concursamos en el mundo demostrando que no somos los conservacionistas extremos que impiden el desarrollo de un país pobre sino que tenemos, aplicamos y exigimos reglas claras en el manejo del medio ambiente.

Nosotros decimos: sí al desarrollo, pero no a cualquier precio. No puede ser que haya pan hoy y hambre mañana. Como ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia, tengo que garantizar que todos nuestros hijos tengan agua del grifo; que no se intoxiquen con el aire. Tenemos también una responsabilidad con los que no han nacido. Con la negociación de la paz estamos, además, buscando crear una sociedad mucho más incluyente.

D.W.: ¿Por qué le interesa a Colombia el liderazgo en la adaptación y mitigación del cambio climático?

L.H.S.: Porque Colombia es uno de los 3 primeros países en el mundo que va sufrir las mayores consecuencias del cambio climático, debido a la zona geográfica en la que nos encontramos. Por eso es muy importante el fortalecimiento de las instituciones y políticas ambientales.

D.W.: En tiempos del cambio climático, ¿qué tantos dientes tiene el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible en Colombia?

L.H.S.: Una de las cosas importantes es que Colombia cuenta con una fuerte legislación ambiental. Ya antes de la Constitución de 1991, en 1974, el código de recursos naturales fue innovador para la reglamentación de desarrollo sostenible. Sí tenemos dientes; antes nos centrábamos mucho en la mitigación de daños; pero con las vastas inundaciones del 2010 y 2011 aprendimos a la fuerza que la prevención es prioritaria. Por eso se crean la unidad de Gestión del Riesgo, Colombia Humanitaria y el Fondo de Adaptación. Ya está listo el dossier sobre qué obras se necesitan para que no se inunden pueblos y ciudades y hacia cuáles lados no deben crecer por el alto riesgo y vulnerabilidad al cambio climático.

D.W.: En momentos en que el mundo busca desesperadamente recursos energéticos, en Colombia tiene lugar uno de los conflictos más duros por la naturaleza o su explotación, su conservación o el desarrollo, al que también tienen derecho los países emergentes. La pregunta es ¿a qué precio lo quiere Colombia?

L.H.S.: Colombia tiene el privilegio de contar con recursos naturales no renovables y una biodiversidad muy valiosos. Yo lo asemejo a un ser humano con dos piernas fuertes. Pero necesitamos dinero. Tenemos que reducir la pobreza y hemos avanzado: Colombia fue el segundo país en reducción de la pobreza en América Latina y el segundo entre 48 países de todo el mundo que más redujo el índice de Gini. Uno no puede decir 'yo crezco o no dejo crecer al país' cuando tengo tantos pobres. Usted no puede entrenar solo una pierna porque empezará a cojear.

D.W.: ¿Cómo busca Colombia ese equilibrio?

L.H.S.: No estamos dispuestos a que el desarrollo en Colombia sea a cualquier precio. Nosotros decimos 'desarrollo sí', pero con reglas claras. Hemos sacado términos de referencia, estamos delimitando las zonas que realmente no se pueden intervenir por el desarrollo. Muchas veces la gente cree que lo ambiental es de sentimiento, de idealismo. No. Aquí se trata de que las zonas que conservamos tienen una importancia para los servicios ecosistémicos como el agua, el aire y la misma biodiversidad. Colombia tiene el 70 % de los páramos del mundo que son las fábricas de agua. ¿Qué pasaría si los dejáramos destruir porque la montaña está llena de oro? Si los dejáramos tocar sería mucho más costoso.

D.W.: ¿Cómo contiene Colombia entonces la presión nacional e internacional por la búsqueda de hidrocarburos y metales?

L.H.S.: Estamos analizando la delimitación de los páramos que, por Constitución y por ley, son intocables; solamente prestan servicios ecosistémicos. No importa el precio de lo que haya en metales en esas montañas, porque esas pocas o muchas regalías que pague el mineral, si lo explotamos no compensaría en nada las pérdidas que sufriríamos.

Nosotros incentivamos la inversión extranjera en carbón, ferroníquel, petróleo e infraestructura, pero con quienes lo hacen bien y siguen las normas. Tenemos leyes bastante estrictas y claras en desarrollo sostenible. Por eso se fortaleció la institucionalidad en licencias que tenían, hasta hace tres años, un atraso del 90 %. No vamos a permitir que en Colombia se rompa la ley ambiental porque con ello se viola un derecho fundamental; el derecho a un medio ambiente sano.

D.W.: ¿Es esa la razón por la que Colombia detuvo la extracción de carbón por parte del consorcio canadiense Drummond?

L.H.S.: Así es. Por más poderosa que sea la empresa, nacional o extranjera, no se les iba a seguir permitiendo que rompieran la ley, y ya era una muerte anunciada porque ya se les había dicho: '¡Cumplan!' Sopesamos y le dije al presidente Santos: "Parar la explotación de carbón, por parte de Drummond, significa que Colombia deja de recibir diez mil millones de pesos diarios y muchos pierden sus empleos. Pero aquí priman la vida de los colombianos y las generaciones futuras".

D.W.: ¿Cómo ven Europa y Alemania la reorientación de la gestión ambiental en Colombia?

L.H.S.: El gobierno alemán es uno de los que más nos apoya en la conservación de la biodiversidad y el desarrollo sostenible. Este es un momento histórico en el que Colombia está siendo respaldada para parar la frontera agrícola en la Amazonia y estamos tomando medidas para cerrar esa brecha. Estamos lanzando 'Visión Amazonía', un proyecto cuyo objetivo principal es detener la deforestación neta hasta el 2020. Por primera vez, se está desarrollando una forma de apoyo no convencional en la cooperación internacional: primero mostramos los resultados y luego se paga por ellos.

D.W.: La cuestión es, ¿a quién se le va a pagar?

L.H.S.: El pago por resultados en la Amazonía se hará directamente a los campesinos, no al Estado. Los resultados se medirán sobre cuánta deforestación evitamos con proyectos silvopastoriles. En Colombia, la extensión de la ganadería tumba selva para potreros. Allí hay una res por una o tres hectáreas porque los suelos selváticos son demasiado ácidos y pobres. Con nuestra asesoría, los campesinos podrán tener hasta 10 reses por hectárea y así parar la tala de bosques. Los mismos campesinos serán los guardianes de la selva. La Amazonía tiene algo muy importante y es que pude ser una de las posibilidades para los desmovilizados del conflicto.

D.W.: La guerrilla y otros grupos criminales son depredadores de la misma naturaleza con sus cultivos de coca, el ganado robado y la minería ilegal…

L.H.S.: Sí. En uno de nuestros parques naturales las FARC tienen unas 44.000 hectáreas de ganadería y 1.200 de cultivos ilícitos. Para su reinserción a la sociedad, una vez terminado el conflicto, les diremos a los excombatientes: primero erradique su coca y eso le dará ingresos y, segundo, si quiere quedarse con su familia en la selva, en donde siempre ha vivido, le ofrecemos la oportunidad de convertirse en vigía de su conservación. Esa cooperación será un aporte a la paz.

¿Quién más se beneficiaría de esto?

L.H.S.: El apoyo financiero a Visión Amazonía no es un regalo. Es un gana-gana para todas las partes. Gana Alemania, líder mundial de la defensa del medio ambiente, así como Noruega y Reino Unido, los tres países europeos que más están respaldando la conservación del medio ambiente en América Latina.
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