Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2016/09/13 22:30

“No hay que ser uribista para votar No en el plebiscito”: Jaime Castro

Un grupo independiente lidera la campaña “Mejor No”. El exalcalde de Bogotá explica las razones para oponerse a los acuerdos de La Habana.

El constitucionalista Jaime Castro. Foto: Juan Carlos Sierra / SEMANA

Las campañas del plebiscito se siguen moviendo. Hace pocos días un nuevo peso pesado entró a liderar el No: Jaime Castro. Hasta ahora las voces más visibles por esa opción estaban en el uribismo. Sin embargo, la llegada al debate del jurista y exalcalde de Bogotá parece darles a los opositores del proceso un nuevo aire. Castro asegura que no hay que ser del Centro Democrático para estar en desacuerdo con lo que se ha pactado en La Habana.

“Mejor No” fue inscrito hace pocos días ante el Consejo Nacional Electoral como grupo ciudadano independiente porque no tiene vínculos con ningún partido ni tiene planes de participar en las elecciones del 2018. Semana.com habló con su animador y vocero, el constitucionalista Jaime Castro.

Semana.com.: ¿Por qué organizar un grupo para votar No?

Jaime Castro: Analizamos en detalle el Acuerdo Final y nos preocuparon tanto las conclusiones a las que llegamos, que decidimos hacerlas públicas divulgándolas. Consideramos positivo que las FARC dejen de ser organización narcoterrorista y se conviertan en partido político. Si cumplen, será el mayor logro del proceso. Pero no debemos pagar el precio tan alto que quieren ponernos a pagar para que ello suceda.

Semana.com.: ¿Quiénes conforman este grupo?

J. C.: El grupo lo conformamos, entre otros, Hugo Palacios Mejía, Carlos Esteban Jaramillo, Hernando Yepes Arcila, Pedro Medellín, Jaime Castro, Andrés Vernaza y destacados dirigentes regionales como Julio Bahamon (Huila) y Nubia Stella Martínez y Juan Lacouture (Atlántico).

Semana.com.: ¿Por qué votar No?

J. C.: El Gobierno dice que los Acuerdos no cambian el modelo económico. Para no entrar en discusión mayor, digamos que es cierto, aunque hay quienes consideran que lo pactado sobre reforma agraria integral produciría ese cambio. Los grandes e inconvenientes cambios tendrían lugar en la organización judicial, el modelo social y el ordenamiento político institucional del país.

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Semana.com.: Explíquese…

J. C.: La jurisdicción especializada para la paz, extranjerizada porque la nombran instancias extranjeras y algunos de sus magistrados no serán nacionales nuestros, agrava y profundiza los problemas de la administración de justicia que tenemos. Nuestras altas cortes, todos los tribunales y juzgados del país, la Fiscalía, la Procuraduría y la Contraloría pierden parte importante de sus atribuciones penales, disciplinarias y fiscales, y sus decisiones de cualquier época podrán ser revisadas y anuladas por la Super Corte o Megatribunal que crean, cuyos fallos sólo serán apelables ante la Corte Celestial!

Semana.com.: Continúe. Al parecer esto es tan solo el inicio...

J. C.: Otro reparo que tenemos es que el Acuerdo Final organiza un modelo de populismo asistencialista porque considera que los problemas sociales se solucionan con subsidios, pero no desarrolla el tema porque no dice, por ejemplo, quién ni cómo se financiarían. De este modo, multiplica tanto los mecanismos de participación en la vida política, social y administrativa que crea una especie de “Estado Comunitario”, paralelo al que tenemos, que por su tamaño y su complejidad terminará generando serios problemas de gobernabilidad. Aunque dice que la paz debe ser territorial, por la razón que se acaba de anotar, paraliza la gestión de los alcaldes y la acción misma de los municipios.

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Semana.com.: ¿Hay un quinto reparo?

J. C.: El último, pero no el menos importante. Pretende que nuestra Constitución no sea la que decidamos los colombianos, sino la que negociaron en La Habana. El Acuerdo Final es la plataforma política del partido que creen las FARC desmovilizadas. Hasta ahí, muchos podemos estar de acuerdo, pero ¡no podemos convertirlo en la Constitución de Colombia!

Semana.com: ¿Y el plebiscito en sí mismo por qué le molesta tanto?

J. C.: En buen romance, este  plebiscito es apenas las más grande encuesta de opinión que se haya hecho entre nosotros, la pagamos todos los colombianos (280.000 millones), pero sus efectos son meramente políticos porque, aunque el Sí gane ampliamente, no refrenda los Acuerdos ni los valida jurídicamente. Cualquiera que sea el resultado de las urnas, habrá que convertir esos Acuerdos en proyectos de ley y de reforma constitucional y llevarlos al Congreso, que bien puede aprobarlos, con o sin modificaciones, o archivarlos. Dicen que el Gobierno ya tiene preparados 49 proyectos.

Semana.com.: ¿Y si gana el No?

J. C.: La Corte Constitucional tenía la obligación jurídica de desarrollar esa hipótesis. Lo hizo diciendo que en ese caso el presidente conserva su obligación de conservar el orden público y de buscar la paz, inclusive mediante fórmulas de negociación política, por lo cual debe renegociar el Acuerdo o firmar uno nuevo, pues el que había hecho, agrego yo, no cuenta con el respaldo de la opinión y es necesario encontrar uno que tenga ese apoyo popular. Las FARC lo tienen más claro que el Gobierno. Mientras el ministro Cristo, que tan partidario era de la negociación, dice que ellos abandonarían el proceso y volvería la guerra, Carlos Lozada, comandante de las FARC y uno de sus negociadores en Cuba, dijo que "si llegare a producirse la victoria del No, pues no consideramos que eso tenga que dar al traste con el proceso". Lo repitió un calificado asesor de las FARC, el jurista español Enrique Santiago.
 
Semana.com.: Esta claro que no le gusta el plebiscito como fue planteado. Pero ¿cómo lo habría hecho usted entonces?

Jaime Castro.: El mecanismo jurídicamente válido y políticamente correcto para refrendar los Acuerdos era el referendo. Así lo pensó el Gobierno inicialmente. Para eso le pidió al Congreso que expidiera la Ley 1454 de 2915, pero cambió de idea y se pasó al plebiscito, que sólo le servirá, si lo gana ampliamente, como champú popular, pero que tendrá que ir al Congreso, como lo dije antes. El referendo le habría evitado esto último.
 
Semana:com.: ¿Cómo cambiará el país político después del plebiscito ?

J. C.: En forma inmediata no habrá ningún cambio. Seguirá la misma coalición de Gobierno. Los partidos cobrarán el aporte que hicieron para el Sí. Parte de la reforma tributaria se volverá mermelada. El gran coletazo político-electoral de todo esto se producirá dentro de un año cuando la opinión empiece a hacer el balance de lo que ofrecieron: el Acuerdo es la paz y el fin de la guerra abrirá las puertas a un nuevo país; el PIB, la inversión extranjera y el empleo crecerán; el Estado hará presencia redentora en la Colombia profunda, la más golpeada por el conflicto, y el narcotráfico y la corrupción habrán sido reducidos a sus justas proporciones. El grado de cumplimiento de lo anotado se medirá en plena campaña para el Congreso y la Presidencia. ¿Cómo reaccionará la ciudadanía? Los candidatos tendrán que resolver sus inquietudes. ¿Le pasará cuenta de cobro a alguien? No será al presidente Santos porque su período estará terminando.

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