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| 5/8/2010 12:00:00 AM

'Tsunami' antisantos

A pocos candidatos les han dado tanto palo en las columnas de opinión como el que está recibiendo el ex ministro. ¿Por qué la mala prensa?

Hace apenas dos meses la mayoría de los candidatos a la Presidencia de la República consideraban que no podían ser objeto de un tratamiento equitativo por parte de los medios de comunicación, pues estaban convencidos de que prácticamente todos ya se habían definido por Juan Manuel Santos. Y en realidad, si algo había caracterizado la carrera del ex ministro de Defensa era su destreza en el manejo de su imagen ante las cámaras de televisión y la prensa.

Santos, durante sus tres ministerios (Comercio Exterior, Hacienda y Defensa), lograba concentrar la atención mediática más que cualquier otro de sus colegas de gabinete. Y más gracia aún es que cuando no tenía cargo público mantenía una presencia en los periódicos y noticieros como si fuera un ministro en ejercicio.

Lo sorprendente es que ahora, quien haya leído la prensa de las últimas semanas podría llegar a la conclusión de que el hombre más impopular del país se llama Juan Manuel Santos. El garrote que ha recibido el candidato de la U en las columnas de opinión desde que llegó a encabezar las encuestas no tiene muchos antecedentes en la historia contemporánea. El 'Tocosán' (Todos contra Santos) que se anticipaba como consecuencia de su liderazgo, resultó de una ferocidad insospechada. El antisantismo que antes parecía ser solo un goteo, con el surgimiento de Mockus se transformó en un tsunami. Y el hombre que estaba destinado a garantizar la continuidad de la seguridad democrática empezó a ser percibido como el continuador no de las virtudes del uribismo sino de sus vicios.

Todo esto sucedió a pesar de que Santos no solo pertenece a la dinastía periodística más importante del país, sino que casi todos los dueños de los medios de comunicación son amigos personales. Por lo tanto, aunque la andanada está circunscrita a las columnas de opinión, el fenómeno es tan masivo que opaca cualquier neutralidad o santismo en el cubrimiento editorial.

¿Cómo se pudo llegar a esta situación en tan poco tiempo? Sobre todo si se tiene en cuenta que fue considerado un funcionario estrella en los tres ministerios que tuvo a su cargo. O por lo menos eso es lo que decían los medios.

Al parecer, a Santos le cayó una combinación de herencias negativas, animadversiones personales y cambios inesperados en la coyuntura y agenda política. En cuanto a herencias que le han hecho daño hay dos modalidades: la primera es que ha sido tanto el poder de El Tiempo en los últimos 100 años que se han pisado muchos callos y han quedado muchos resentidos en el camino. Mientras tuvo la sartén por el mango como periodista, Juan Manuel era casi intocable. Pero ya como uno más en la arena política es un blanco fácil. Y la otra herencia que inicialmente parecía buena era la del uribismo. Gracias a ella llegó a ser primero en las encuestas antes de ser candidato. El camino parecía un lecho de rosas pues la obsesión en ese momento era la seguridad democrática. Hasta que aparecieron las espinas.

Santos acabó heredando no solo los activos de la administración Uribe sino también los pasivos que en la última etapa del gobierno han sido considerables: 'falsos positivos', Agro Ingreso Seguro, espionaje del DAS, yidispolítica, corrupción, inseguridad en las ciudades, etcétera. Por esto la opinión pública empezó a pasarle cuentas de cobro que a Uribe no le pasó. En otras palabras, el efecto teflón tenía nombre propio y no era endosable.

Estas son algunas de las razones por las cuales la mayoría de los columnistas más destacados del país le han caído a mansalva al candidato de la U. Por lo general los críticos de Uribe se han convertido en los críticos de Santos. En esta categoría estarían Daniel Coronell, Daniel Samper Pizano, Alfredo Molano, María Jimena Duzán, Cecilia Orozco, Ramiro Bejarano y Felipe Zuleta, entre otros. Este grupo que en su mayoría está montado en la ola verde, se caracteriza más por su antisantismo que por su mockusismo.

Varios de ellos han tenido diferencias personales con el candidato. Samper Pizano lo tiene entre ceja y ceja desde que Santos se reunió con la guerrilla y los paramilitares para convocar una constituyente que implicaba el retiro de Ernesto Samper de la Presidencia. Lo que para Santos era un proceso de paz, para la familia Samper era un golpe de Estado. De ahí que Daniel lo ha descrito como un "doctor en traiciones" caracterizado por una "megalomanía conspiracional".

Con María Jimena Duzán y Cecilia Orozco también tuvo un encontrón. En relación con una denuncia de corrupción a un ex funcionario de la Fiscalía hecha por la primera, Santos, por considerarla injusta, le solicitó a Cecilia Orozco, entonces defensora del lector de El Tiempo, un pronunciamiento sobre el tema. Esta última encontró que las afirmaciones de María Jimena no eran infundadas y se abstuvo de rectificarla. Ante esto, Juan Manuel escribió una columna sobre el hecho haciendo referencia a que "los columnistas sin responsabilidad se vuelven prostitutas" del periodismo. Hoy las dos aclaran que su antisantismo no tiene que ver con ese episodio sino con la continuidad de un estilo de gobierno en el que todo vale y con un hastío de la era Uribe.

Todos los anteriores son moderados frente a Felipe Zuleta quien tiene tanta antipatía hacia Santos y El Tiempo, que lo tiene demandado por los 'falsos positivos' y quiere llevar a las madres de las víctimas a atestiguar ante la Corte Penal Internacional. Esas iniciativas probablemente no prosperarán, pero dejan perfectamente claro que la posición del columnista de El Espectador es la más agresiva de todo el bloque antijuanmanuelista.

El tsunami antisantista a veces se ve más grande no por el antisantismo en sí, sino por las simpatías hacia la ola verde. Columnistas como Rudolf Hommes, Héctor Abad, María Elvira Samper y Salud Hernández, sin irse con todos los fierros contra Santos, han exaltado las virtudes de Antanas Mockus y dejan claro que es una alternativa que les gusta frente a la continuidad del régimen actual. Abad resume este sentimiento en una frase de Lichtenberg: "No podría decir a ciencia cierta si la situación mejorará cuando las cosas cambien; lo que sí puedo decir es que tienen que cambiar para que la situación mejore".

Una tercera categoría es la franja humorista o nihilista, es decir, los que no creen en nadie y de quienes se podría afirmar que son equilibrados pues suelen tratar igual de mal a todo el mundo. Los reyes de esta franja son Antonio Caballero y Daniel Samper Ospina. Aun así, Caballero, después de darle palo en una columna al candidato de los verdes diciendo que "nunca he compartido los entusiasmos bobalicones que despierta el exhibicionismo autoritario de Mockus", afirma: "Pero Santos es peor". Por su parte Samper Ospina ha convertido a Santos en su caricatura semanal, en forma parecida a la que Jaime Bayly lo hace con Chávez. Lo que no deja de llamar la atención ante la dimensión de estas broncas es que tanto Caballero como Daniel Samper papá han sido los mejores amigos de Enrique Santos, el hermano mayor del candidato.

Paradójicamente no se sabe qué le hace más daño a Santos: si la ferocidad de sus contradictores o el fanatismo uribista de sus defensores, muchos de ellos asociados con la extrema derecha. Los integrantes de la guardia pretoriana del Presidente, José Obdulio Gaviria, Fernando Londoño, Plinio Apuleyo Mendoza, Alfredo Rangel y Ernesto Yamhure, son de los pocos que han tenido la osadía de resaltar las virtudes de Santos y de meterse con Mockus en una forma tan frontal como la que la contraparte utiliza con el candidato de la U. No abundan los uribistas o santistas críticos como María Isabel Rueda y Mauricio Vargas, quienes registran por igual los lunares y virtudes tanto del ex ministro como del ex alcalde.

En síntesis, pocas veces se había visto tanta simpatía por un candidato como por Mockus, como tanta crítica como la que se ha producido contra Juan Manuel Santos. Lo que queda por verse es cuál de estos dos extremos estará más sintonizado con la opinión pública el día de las elecciones.
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