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| 5/20/2017 8:30:00 PM

Los nuevos retos de Urabá, la potencia agroindustrial que despertó

La región bananera empieza a mostrar su potencial como polo de desarrollo portuario. Oportunidad histórica para su población, azotada por la violencia.

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Semana Rural

Urabá, fértil esquina agroindustrial del noroccidente de Antioquia y del Chocó, ha vuelto a los titulares de prensa por cuenta del Clan del Golfo, que tiene a esta zona como uno de los principales centros de su actividad criminal. Hoy la opinión pública se pregunta si Urabá está cerca de volverse a ‘encender’, dado que el narcotráfico no da tregua. Sin duda, su posición geográfica, con salidas a los océanos Atlántico y Pacífico, y la selvática frontera con Panamá la convierte en un borde atractivo para las mafias que trafican drogas, armas y personas.

Pese a los esfuerzos de la fuerza pública, que ha desplegado operaciones de las proporciones de Agamenón para lograr la captura de alias Otoniel y de sus principales hombres, el Clan del Golfo deja la impresión de ser un enemigo al que el Estado no podrá doblegar tan fácil.
A pesar de esa cruda realidad, Urabá vive uno de sus mejores momentos en materia de desarrollo portuario. El pasado 12 de mayo se puso la primera piedra del puerto privado Pisis€i que será construido por la multinacional coreana Hyundai con una inversión que supera los 475 millones de dólares.

Este terminal portuario multipropósito será instalado en el municipio de Turbo, a 373 kilómetros de Medellín. Allí se generarán cerca de 700 empleos directos y pondrá a Urabá en el circuito del transporte de carga marítimo. “Empieza una gran era de industrialización, para dejar atrás el subdesarrollo y la violencia que han marcado nuestras vidas. Tenemos la capacidad de salir adelante”, comenta sobre esta obra de infraestructura Alejandro Abuchear, alcalde de Turbo.

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Otros dos muelles que se construirán en el Urabá son Puerto Antioquia, también en Turbo, y el Puerto Internacional Darién, en Necoclí. El primero tendrá una inversión estimada de 350 millones de dólares y el segundo de más de 1.000 millones de dólares, de acuerdo con información del convenio Unión Europea- Gobernación de Antioquia.

En cuanto al desarrollo vial que requieren estos puertos, Urabá espera estar mucho más cerca de Medellín y del interior del país, gracias a la construcción del túnel del Toyo y las vías Mar 1 y Mar 2 (autopistas de cuarta generación); mientras que la transversal de las Américas se encargará de conectar a esta región con el Caribe colombiano. La megaobra del Toyo tendrá más de 9,8 kilómetros y será el túnel más largo de América Latina, solo comparable con el de Agua Negra que conectará en 2025 a Argentina y a Chile con una longitud de 13,9 kilómetros.
Por su parte, la vía Mar 1 empezará en el túnel de Occidente hasta el municipio de Cañasgordas, y desde allí arrancará la vía Mar 2 hasta el municipio de Chigorodó, en el Eje Bananero. En este punto se conectará con la transversal de las Américas que concluirá en el municipio de Tamalameque, en el Cesar.

“El desarrollo vial representa para Urabá la posibilidad de que la región ya no esté tan desconectada del país como lo estuvo hasta hace ocho o diez años”, asegura Carlos Mario Montoya, director de Planeación de Antioquia.

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Uno de los principales retos que tiene la región en medio de este desarrollo portuario es el crecimiento industrial asociado. De esta manera la nueva vocación de comercio internacional en la zona no se perderá, y Urabá podrá superar la visión generalizada de región extractiva, aquella cuya riqueza explotada migra a otros lugares.

Además de toda la perspectiva de comercio a gran escala que tiene Urabá, también espera convertirse en una de las más importantes despensas del país, gracias a la construcción de un distrito de riego en Mutatá. “Esto nos permitirá habilitar más de 30.000 hectáreas para cultivo múltiple, lo que potenciará mucho más esa zona norte de Urabá”, agrega Montoya.

Si algo está claro es que en Colombia son pocas las regiones con tanto potencial. Las vías, los puertos, el desarrollo agroindustrial que se planea para la zona en los próximos años, sin duda, la convertirá en una de las más estratégicas para el país. Ese efecto redundará en 18 municipios que pertenecen a los departamentos de Antioquia, Córdoba y Chocó. Siempre y cuando se logre aclimatar la paz, y se le gane la batalla al crimen organizado que hoy se cierne como la peor amenaza para los planes estratégicos de la región.

¿Habrá paz?

La violencia política ha sido una constante en la vida de Urabá casi desde sus orígenes como enclave económico. En los años setenta las guerrillas, principalmente el EPL y las Farc, tuvieron una fuerte influencia en la zona que apenas empezaba a colonizarse y cuyas industrias eran incipientes. En la primera mitad de la década del ochenta, en medio de la tregua con el mandato de Belisario Betancur, el EPL consolidó en el Eje Bananero una fuerza sindical de importantes proporciones, mientras las Farc y el ELN intentaban hacer lo mismo mediante el apoyo de otras asociaciones de trabajadores. En un contexto de huelgas y protestas sociales se empezaron a dar las primeras masacres de asalariados a nombre de los grupos paramilitares.

A principios de los noventa, las Autodefensas de Córdoba y Urabá, comandadas por los hermanos Fidel, Carlos y Vicente Castaño Gil, llegaron a disputarles el territorio y la influencia política a las guerrillas. Se expandieron en poco tiempo desde los límites entre Córdoba y Antioquia, hasta el Eje Bananero y luego al Chocó. Ese enfrentamiento fue sangriento y ha dejado profundas heridas, aún abiertas, en sus habitantes.

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Hoy los hombres de Otoniel, jefe del clan, quieren ser la nueva saga de los grupos armados ilegales. De su derrota depende en buena parte que se mantenga el clima de tranquilidad que la región comienza a vivir. El comandante de la Policía de Urabá, coronel Luis Eduardo Soler, es optimista. Asegura que tanto las rutas aéreas como marítimas utilizadas por el clan para el tráfico de droga son cada vez menores y la captura de más de 1.000 integrantes de esa banda criminal (y golpes como la muerte de alias Pablito) forman parte de la otra cara de lo que vive Urabá, esa de la que poco se habla y se conoce.

En esta región son grandes las oportunidades para el futuro, que es impensable que no puedan doblegar las amenazas actuales. Pero se necesitan dos condiciones. La primera, que el Estado cumpla sus obligaciones con la región. Doblegar al Clan del Golfo por la vía de la acción policial o por la del sometimiento a la justicia. La segunda, que se active una verdadera concertación entre sector privado, el gobierno, las organizaciones sociales y las comunidades, que permita construir un proyecto de desarrollo en el que quepan todos: víctimas, campesinos, inversionistas, excombatientes. La tarea de la reconciliación es la asignatura pendiente.

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Empleo, asunto pendiente

Grandes oportunidades para el futuro e inmensos retos del presente:

• Los megaproyectos que se desarrollan en la región aspiran a satisfacer gran parte de la demanda laboral. Sin embargo, en el último informe socioeconómico de la Cámara de Comercio de Urabá, la tasa de ocupación es relativamente baja, con un porcentaje de 41,69 por ciento, mientras la tasa de desempleo se ubica en un preocupante 27,63 por ciento.

• El desempleo en Urabá es algo paradójico, como lo señala el Estudio de Tendencias Ocupacionales de Corto y Mediano Plazo para esta región. En algunos sectores de la economía como el tradicional bananero, hacen falta trabajadores; el gremio se queja por las dificultades que observa para el relevo generacional y la apatía juvenil que empieza a advertirse para sumarse a este renglón histórico de su economía.

• En los últimos cinco años, la oferta educativa en Urabá abarca otros renglones de la economía previendo el polo de desarrollo que será. Sedes de diez universidades están ya en la región buscando capacitar la mano de obra para que los habitantes se queden en la zona y no migren para ciudades capitales.

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