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| 3/22/2011 12:00:00 AM

Wikileaks: La posición ambigua de Correa frente a EE.UU.

Las comunicaciones enviadas por la embajada estadounidense en Quito revelan que durante la crisis por el bombardeo a 'Reyes', Correa criticaba en público a Washington, pero daba explicaciones en privado.

La incursión armada del Ejército colombiano en territorio ecuatoriano el primero de marzo de 2008, que terminó en la muerte de alias ‘Raúl Reyes’, no solo causó sorpresa en el Gobierno de Rafael Correa, sino que lo enfrentó a un dilema: atacar públicamente a Estados Unidos o tratar de mantener una posición amigable con ese país.
 
Así lo revelan algunos cables diplomáticos de la época que dan cuenta de varios encuentros entre el presidente de Ecuador y la entonces embajadora de Estados Unidos en Quito, Linda Jewell.
 
Desde el comienzo de la crisis (que derivó en la ruptura de las relaciones diplomáticas entre Colombia y Ecuador por más de dos años), Correa se reunió con la embajadora Jewell para contarle sus propósitos.
 
En un cable de la embajada de Estados Unidos en Quito, que data del 3 de marzo, el día en que Correa decidió formalmente llamar a consultas al cuerpo diplomático de ese país en Colombia, el presidente ecuatoriano le contó a la embajadora sobre su intención de visitar a otros países de la región para conquistar su solidaridad.
 
Además de criticar enérgicamente al Gobierno de Álvaro Uribe y de acusarlo de "mentiroso y traidor", en esas reuniones con la embajadora, Correa reiteró que su Gobierno no tenía ningún lazo con las Farc. Pero también aprovechó para reclamarle a Estados Unidos una posición de apoyo más decidido.
 
“Correa expresó su descontento con las declaraciones del portavoz agregado de prensa del departamento calificándolas de "tibias". Dijo que esperaba que declarara que EE.UU. y la comunidad apoyaran la legislación internacional y condenaran la agresión no provocada”, dice la comunicación diplomática.
 
Los cables conocidos por Semana.com dan cuenta de que el Gobierno de Perú, el primero con el que se reunió Correa tras el bombardeo, reportó los pormenores de la reunión a la embajada de Estados Unidos en ese país.
 
En un cable diplomático enviado por la representación de Washington en Lima, el 5 de marzo de 2008, aparece un título que dice “Perú simpatiza con Colombia”. La interpretación de Washington sobre lo ocurrido era que el presidente Alan García intentaría junto con Brasil una solución “equilibrada” al diferendo diplomático, pues Perú era consciente de lo que significaba la amenaza “terrorista” en su territorio. En otras palabras, Estados Unidos se sintió complacido con la posición moderada, en su criterio, de Perú.
 
Los cables también arrojan luces sobre la preocupación de un sector del estamento militar ecuatoriano que creía que Correa lo podía remover de su cargo. En un cable del 7 de marzo de 2008, la embajada de Estados Unidos en Quito reportó una reunión que sostuvo con Fabián Edmundo Narváez, Comandante de la Cuarta División del Ejército ecuatoriano, en la que este expresó sus temores.
 
Washington calificó a Narváez como un hombre duro contra las Farc, cuya remoción sería “injusta en su caso”. El cable también anota que “muchos creen que él es uno de los oficiales cuya sustitución parece ser parte de la negociación que Larrea realizó con 'Reyes', según los documentos incautados”.
 
El cable hace referencia al encuentro del entonces ministro ecuatoriano de Seguridad, Gustavo Larrea, con el jefe abatido de las Farc, ‘Raúl Reyes’, reunión que el  mismo Larrea reconoció, pero, que dijo, fue autorizada por el gobierno ecuatoriano y que tenía, según él, fines humanitarios.
 
No obstante, Narváez aduce que los operativos militares contra las Farc en la frontera con Colombia se incrementaron. Desde el 3 de marzo, Correa había ordenado la movilización de tropas que se estimaban entre 3.000 y 4.500 hombres.
 
Poco a poco, con la revelación a cuenta gotas del contenido de los computadores de ‘Reyes’ incautados por el Ejército colombiano, la posición de Correa hacia Colombia se fue endureciendo. No obstante, su dilema frente a la relación con Estados Unidos seguía.
 
El 13 de marzo, la embajada estadounidense en Quito envió un correo a Washington sobre una reunión entre Correa y la embajadora Jewell.
 
En este encuentro Correa “dejó claro que quiere seguir trabajando con los Estados Unidos”. La embajada, por su parte, le aseguró que los militares estadounidenses de la Base de Manta (Ecuador) no tuvieron nada que ver con el operativo colombiano, y le explicó que un avión Super Tucano acondicionado podía llevar a cabo una operación como la que dio con la muerte de ‘Reyes’. Lo último, lo dijo la embajada para desmentir los rumores sobre la participación de Estados Unidos en el operativo.

Correa explicó “que no era que su Gobierno estuviera tolerando a las FARC o las dejara permanecer en Ecuador” y que “él nunca había pensado en invitar al Secretariado de las FARC a Quito”. Antes bien, se quejó de las limitaciones de los recursos y de personal ecuatoriano para responder a los retos que suponía la frontera.
 
“Citó el hecho patético, incluso humillante, de que el ejército ecuatoriano no tenía un helicóptero de trabajo para movilizarse rápidamente a la escena, y que el sistema de radar para la zona era inoperable”, escribe la embajada de Washington en Quito.
 
Otro de los datos que revelan los cables es que Correa por momentos pareció tomar distancia del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien porr esos días no solo cerró la frontera con Colombia sino que rindió un homenaje público a ‘Reyes’.
 
Dice el cable que Correa “expresó su reconocimiento a la solidaridad de Chávez, pero destacó que nosotros (los ecuatorianos) somos diferentes”.
 
Al final, la embajada hizo un comentario: “La negación de Correa de una relación inapropiada con las FARC pareció sincera. No está claro si Correa sabía todo lo que el Ministro Larrea puso sobre la mesa en sus conversaciones con las FARC, o si Larrea pudo haber seguido, al menos en parte, una agenda personal”.
 
La indignación de Correa llegó a su punto más alto una vez se enteró por fuentes de prensa que en el campamento de Luis Édgar Devia, alias ‘Raúl Reyes’, había un ecuatoriano: Franklin Aisallia. Su molestia, según lo expresó públicamente, se debió a que inteligencia militar de su país no hubiera sido la fuente por la cual se enteró de lo sucedido. Por esta razón, Correa acusó a sus organismos de inteligencia de estar infiltrados por la CIA.
 
Incluso, advirtió sobre la posibilidad de que él fuera asesinado. “No creo en los accidentes aéreos, helicópteros cayendo, o aviones estrellándose... no quiero morir todavía. Ya basta de servicios de inteligencia financiados por la Embajada de los Estados Unidos... Vamos a acabar con eso, los servicios de inteligencia nos pertenecen, son de los ecuatorianos y para ecuatorianos, no para servir a potencias extranjeras”, dijo.

La embajadora dejó saber su molestia con las declaraciones de Correa. Habló por separado con el Director de la Policía, Fernando Bustamante, y en persona, con el ministro de Defensa Wellington Sandoval, y con el subsecretario de Defensa, Miguel Carvajal. Jewell les preguntó por qué no habían tramitado las dudas por los canales diplomáticos en lugar de salir a hablar en los medios de comunicación.
 
Correa, dice un cable publicado el 8 de abril, “regresó la llamada a la embajadora rápidamente y fue muy cordial”. En la llamada, dice la comunicación, “él admitió que sabía que el gobierno de Estados Unidos no actuaba en su contra, pero insistió en que sus servicios de inteligencia no cumplían bien su tarea y podrían ser investigados”.
 
Casi un año después, el 14 de enero de 2009, esta vez durante la gestión de la embajadora estadounidense Heather Hodges en Quito, Washington hizo un balance del estado de las relaciones entre Ecuador y Estados Unidos. La respuesta sobre la posición de Correa frente a ese gobierno siguió siendo incierta.
 
Para ese momento, el presidente ecuatoriano se había reunido con Fidel Castro en Cuba y con Mahmud Ahmadineyad en Irán; había acusado a EE.UU. por la crisis económica mundial, y había tomado decisiones que, en criterio de la embajada, estaban más cerca de Chávez.

No obstante, anota el cable diplomático: “sólo el tiempo dirá si el comportamiento de Correa en los últimos meses muestra sus colores verdaderos. Algunos analistas sugieren que no lo sabremos con certeza hasta después de las elecciones del 26 de abril, pues la composición de la Asamblea Nacional podría empujarlo en una u otra dirección”.
 
Vea en información relacionada los cables sin editar
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