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| 12/10/2016 12:00:00 AM

Yuliana: el sueño que terminó en pesadilla

La familia de la pequeña llegó desde una vereda en el Cauca a Bogotá huyendo de la pobreza y la violencia en busca de un mejor futuro en la capital. El arquitecto asesino les arrebató esa esperanza.

Acomienzos de 2012 Juvencio Samboní tomó una de las decisiones más difíciles de su vida: dejar a su esposa Nelly y a su pequeña hija Yuliana, que entonces tenía 3 años de edad. Vivían de trabajar la tierra, y habitaban una sencilla casa del corregimiento Los Milagros, municipio de Bolívar, Cauca.

Por la falta de recursos no tenía cómo cultivar, y el hambre empezó a aparecer. A veces hombres armados se presentaban en el poblado y amenazaban a sus habitantes. Desesperado por la situación y preocupado por su familia, Juvencio empacó tres mudas de ropa en un morral. Abordó una chiva que lo llevó hasta la cabecera municipal, y de allí tomó un bus hasta Popayán y otro hasta Bogotá. Un primo suyo que había llegado a la capital a trabajar de obrero en construcciones lo recibió en un cuarto donde vivía y le ayudó a encontrar empleo en una obra.

Con el paso del tiempo, Juvencio se fue acostumbrando al frío y las duras jornadas de más de 12 horas. Ganaba un poco menos del salario mínimo y cuando logró ahorrar lo suficiente le envió dinero a su esposa para que viajara a Bogotá. Yuliana se quedó con unos familiares mientras sus padres trataban de probar suerte y ganarse la vida en la capital.  

Ya con Nelly a su lado, Juvencio alquiló un cuarto en una precaria casa en el barrio Bosque Calderón, un lugar en los cerros orientales que hace 50 años era una antigua cantera y con el paso de los años se transformó en el sitio en donde muchos obreros empezaron a construir humildes viviendas. Los Samboní pagaban 100.000 pesos mensuales por esa pieza de escasamente tres metros cuadrados y piso de cemento. 

En el cuarto del lado vive una hermana de Juvencio y su esposo, y en la tercera habitación otro hermano con su hijo de 7 años, primo de Yuliana, con quien estaba jugando cuando llegó el arquitecto Rafael Uribe Noguera a secuestrarla. Las tres familias comparten el único baño.

Le sugerimos ver: “Jamás defendería a Rafael Uribe Noguera”

Allí nació hace dos años la hermana menor de Yuliana. Con un trabajo más estable en el que ganaba al menos el sueldo mínimo, Juvencio logró llevar a vivir con ellos a la pequeña, quien llegó a Bogotá hace un año. Le consiguieron cupo en un colegio público cerca del lugar.

Todos dormían en su única cama. La familia iba a crecer pues Nelly tiene cinco meses de embarazo. A pesar de la evidente estrechez y las necesidades, los Samboní eran unidos, alegres y apreciados por todos sus vecinos. Juvencio esperaba construir con sus propias manos una casa para estar un poco más cómodos en alguna parte del cerro.

El arquitecto Uribe les arrebató de tajo, con violencia, ese y otros sueños. Obsesionado con Yuliana, la subió a la fuerza a su camioneta y la secuestró. Ya lo había intentado dos veces en menos de un mes. Juvencio corrió desesperado tras el carro en el que el arquitecto se llevó a su hija, pero no logró alcanzarlo.

Durante gran parte del domingo Juvencio, sus vecinos y la Policía buscaron a Yuliana cuadra a cuadra por el barrio y sus alrededores. Nelly, angustiada, no quiso salir de su cuarto confiada en que su hija mayor aparecería de un momento a otro. La esperanza se convirtió en pesadilla cuando los Samboní se enteraron de que su niña de 7 años estaba muerta. Nelly entró en shock y acompañada por mujeres de la Policía y psicólogos de esa institución y el Distrito tuvo que ser atendida y sedada por los médicos. 

El miércoles llegaron decenas de espontáneos con flores y velas para acompañar a los Samboní a velar el cuerpo de la niña en una funeraria en Bogotá. El jueves, un avión de la Policía transportó a la familia y el cuerpo de Yuliana hasta Popayán. En la pista del aeropuerto una calle de honor de mujeres de la Policía vio pasar a la devastada familia.

Un multitudinario cortejo llenó las calles de la capital del Cauca hasta la iglesia donde se celebró una ceremonia. De allí, el cuerpo de la menor y su familia partieron en una nutrida caravana hasta el municipio de Bolívar, donde todo el pueblo salió a recibirlos y a solidarizarse. El viernes, lo enterraron en la vereda en donde nació hace 7 años Yuliana, la niña a la que un asesino sádico le quitó la vida.

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