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| 3/8/2014 12:00:00 AM

El examen de la Unidad Nacional

La coalición santista apuesta a obtener más del 51%, pero su poder ya no es el mismo de hace cuatro años.

En la historia reciente, al menos en los últimos 50 años, ningún presidente había tenido poder casi que absoluto del Congreso como Juan Manuel Santos. La coalición de la Unidad Nacional, que conformó desde el 2010, correspondía a casi el 87 % del Senado y el 82% de la Cámara, lo cual le dio un poder de gobernabilidad tan amplio que le permitió aprobar sus principales reformas y neutralizar a la oposición que se redujo al Polo Democrático.

El Partido de La U, con 28 curules en el Senado; el Conservador con 22; los liberales con 17, y Cambio Radical con ocho, le garantizaban el éxito a Santos, que logró además sumar las cinco de los Verdes, quienes lo habían confrontado en la elección presidencial, en tan solo en su primer año de gobierno.

Además tenía las nueve curules del polémico PIN, el partido de los herederos de Juan Carlos Martínez, el tuerto Gil, Hugo Aguilar y otros condenados y cuestionados por la parapolítica, al que utilizaban como comodín y nunca sin darle el reconocimiento público.

Hace cuatro años Santos logró unir bajo su gobierno no sólo a los principales socios de su antecesor Álvaro Uribe, sino a quienes hicieron oposición en sus ocho años de gobierno, los liberales y luego Cambio Radical que se opuso a la segunda reelección de Uribe.

Pero precisamente la confrontación Santos-Uribe cambio la situación. Uribe se declaró en oposición y en menos de ocho meses logró conformar una nueva organización política que amenaza el poder de la Unidad Nacional. Además, los conservadores que estuvieron alineados optaron por enfrentar a Santos en las presidenciales, aunque la mayoría de sus actuales parlamentarios apoyan al presidente.

La presencia de Uribe, de nuevo en las urnas, afectará a dos partidos principalmente. La U que de haber sido la mayor fuerza electoral con 28 senadores, podría perder 10 escaños en el parlamento. Sus mayores electores están fuera del juego. Juan Lozano, quien sacó 212.840 votos, defendió hasta el final las tesis uribistas y fue derrotado junto a Juan Carlos Vélez, no volverá al Congreso. Dilian Francisca Toro, con 102.000 votos, también quedó fuera del juego, por una investigación por presunto lavado de activos.

La U apostó por Jimmy Chamorro, de origen cristiano, por mantener los votos de Piedad Zuccardi, detenida por parapolítica, y por lo que hagan en la Costa Caribe dos candidatos cuestionados como Musa Besaile y Bernardo ‘Ñoño’ Elías, que fueron de los más beneficiados de la ‘mermelada oficial’ como han informado varios medios, y sobre los circulan versiones de la forma como han regado de dinero la campaña. En todo caso los más optimistas de este partido apuestan pescar 20 curules.

Por el lado de los liberales, la situación parece distinta. Han sido los más cómodos con el presidente Santos y su fidelidad se ha retribuido en la representación de los rojos en el gobierno. Esta será la primera vez en doce años que los liberales no afrontaban unas elecciones parlamentarias en el poder, y si cuando recorrieron el desierto de la oposición se mantuvieron en 17 curules, su apuesta es convertirse nuevamente en la primera fuerza electoral del país. Si no es ahora, entonces cuándo, se dice en los cuarteles rojos. Para estas elecciones la mayoría de su bancada aspira a ser reelecta y sumaron figuras con maquinaria y opinión, como Horacio Serpa o la exfiscal Viviane Morales.

Cambio Radical es el tercer partido que se mantiene en la Unidad Nacional. En el año 2006 alcanzó un poder muy significativo, con 17 senadores, liderados por Germán Vargas Lleras que aún se mantiene como el senador más votado en la historia del país, con 280.000 votos. Pero su partido se fue diezmando, fue uno de los más purgados por la parapolítica, hasta seis de sus senadores fueron detenidos, y hace cuatro años, ya sin la burocracia de Uribe, apenas alcanzaron ocho curules y más encima perdieron la de Javier Cáceres, su mayor elector con 86.000 votos, quien fue condenado por nexos con paramilitares.

Para estas elecciones, están obligados a elevar su votación de hace cuatro años que alcanzó los 800.000 votos. Apuestan por los de Carlos Fernando Galán que en las elecciones de Bogotá obtuvo cerca de 260.000, pero más aún en el arrastre de Vargas Lleras, quien habría fortalecido su poder electoral estando en el gobierno, más aún como responsable de la política de 100.000 casas gratis. A tal punto que fue criticado por estar, desde la Fundación Buen Gobierno de fortalecer con votos a su partido, por la vía de muchos alcaldes de municipios beneficiados que le revertir en votos para sus candidatos. Germán Varón, que dará el salto de la Cámara a al Senado es el llamado a heredar las maquinarias vargaslleristas. La apuesta es o mantener las ocho curules, o llegar a 10.

El dilema del Partido Conservador no es menor. Se fortalecieron durante los ocho años de Uribe que en el 2010 sacaron más de dos millones de votos y se hicieron a 22 escaños. En su interior también se produjo la discusión entre uribismo y santismo, la cual ganaron 18 parlamentarios que se alinearon con Santos. Sin embargo las bases del partido decidieron salirse de la Unidad Nacional y tener candidata presidencial propia. Los conservadores, además, son otros de los que sufrirán el impacto del Centro Democrático. Al menos sectores tradicionales del uribismo, especialmente en Antioquia, están con Uribe. Un caso concreto es el de la exsenadora Liliana Rendón, quien hace cuatro años le puso 110.000 votos a la lista, y renunció para meterse de lleno en la campaña uribista. Los cálculos azules los podrían ubicar en 17 curules.

Ese es el panorama de la Unidad Nacional, que en estas elecciones enfrenta dos escenarios posibles: El primero, y la gran apuesta es que La U, liberal y Cambio Radical obtengan el 51 por ciento o más de las curules para tener tranquilidad de acción. De lo contrario tendrían hacer alianzas con partidos como el Conservador o los verdes o el Pin (Opción Ciudadana), partidos que han demostrado su facilidad de alienarse con quien está en el poder. Por eso la Unidad Nacional se juega la gobernabilidad del segundo tiempo de Juan Manuel Santos.
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