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| 7/24/2005 12:00:00 AM

Granjas de máxima seguridad

El académico y lector de SEMANA.COM, Diego Rengifo, duda del modelo penitenciario al que quieren acceder los paramilitares.

Una suerte de menú penitenciario se ha abierto en los últimos años en Colombia. Casa fiscal, casa por cárcel (o finca si la tiene), hasta exilio en Costa Rica son términos bastante utilizados por aquellos personajes reticentes al sometimiento a la justicia por medios tradicionales, es decir, vía guandoca.

La última adición al menú está a cargo de las granjas agrícolas que se venían cocinando en Ralito y que hoy, luego de la aprobación de la Ley de justicia y paz, se perfila como el espacio de redención más afín con los requerimientos de sus "usuarios".

La historia es elocuente: cuando la administración Gaviria se dio a la tarea de construir un "espacio de sometimiento" para Pablo Escobar, la opinión pública creyó estar asistiendo al inicio de una nueva era en el sistema penitenciario colombiano. Allí tuvieron cabida las más elementales aspiraciones de la población carcelaria, desde el derecho a la intimidad y el trato respetuoso hasta el "derecho al trabajo" que en últimas fue el modelo que se quiso imponer desde La Catedral para ejemplo de Colombia y el mundo.

Sin embargo, el aullido decorativo de este modelo desató las más acaloradas reacciones, no tanto en las cárceles de otras latitudes como en las principales plazas turísticas del mundo: la competencia desleal. Gracias a los "subsidios" del sistema penitenciario, ofrecía más esparcimiento una cárcel de máxima seguridad en Colombia que el mismísimo carnaval de Río.

De otro lado, se sabe que mientras las cárceles de máxima seguridad se llevan un abultado presupuesto y les alcanza para medir su capacidad por celdas, en las demás el sistema se obstina en demostrar que los reclusos deben ser enderezados a como de lugar, así sea poniéndolos a dormir de pie, por lo que la medida parece ser la baldosa. Y eso en el mejor de los casos porque en ocasiones los internos reincidiendo en contrariar la ley (la gravitacional) recurren a hamacas para acceder a su propio régimen de propiedad horizontal.

Y ni hablar de construir "alas nuevas" en los penales, posiblemente con la justificación de que la frase puede inducir al inconsciente penitenciario a ingeniar recursos con miras a salir volando.

Como si fuera poco, gracias a imágenes de allanamientos carcelarios en busca de armas y drogas, los colombianos no dejaremos de sorprendernos de las cosas que allí circulan. Aunque el Inpec se jacte del decomiso de armas blancas, entre otros géneros más preocupantes, en la ciudadanía quedará siempre la sensación de que en alguna parte del penal quedó un lanza-cohetes en proceso de ensamble.

En términos logísticos, la experiencia muestra que el sistema penitenciario viene fallando en lo que respecta a problemas de seguridad y hacinamiento. Por tanto, y para marcar diferencia con las tradicionales dolencias del sistema, sería bueno conocer las condiciones de seguridad que se manejarán al interior y exterior de las granjas, cuando menos para anticiparse a conjurar el posible tráfico de azadones. Así como saber si para evitar el posible hacinamiento se van a legitimar los espacios de reclusión mediante la respectiva titulación de predios (incluidos los ya legalizados a sangre y fuego).

Pero pese a la urgencia de su solución, estos problemas no son lo que más preocupa, al fin y al cabo en el país existe ingeniería y arquitectura suficiente para adecuar las instalaciones carcelarias a estándares capaces de conjugar seguridad y derechos humanos. El verdadero problema está en los linderos del sometimiento a la justicia y por tanto se halla por fuera de las posibilidades de la albañilería nacional.

Nadie sabe si el diseño de este modelo alternativo de las granjas de máxima seguridad tendrá la titulación colectiva del desaparecido koljoz soviético o la estructura de seguridad de un kibbutz israelí. Lo que sí es posible anticipar es que en caso de necesitarse un modelo que satisfaga algún propósito de enmienda, el único modelo conocido por estos lares (y lo más seguro es que le echen el guante) son las Granjas Infantiles del Padre Luna.

*Profesor de la Universidad Externado de Colombia
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