Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2007/01/26 00:00

Continúa la fiesta de la cultura en el segundo día del Hay Festival

Más 60 escritores del mundo ya están en el encuentro cultural que reúne en Cartagena a la élite de las letras.

Continúa la fiesta de la cultura en el segundo día del Hay Festival

Hay-on-Wye es un pueblo de 1.300 habitantes en las montañas de Gales, Gran Bretaña, ubicado en el parque natural de Beacons Brecon. Allí, el director del festival, Peter Florence, junto con unos amigos, creó hace más de 20 años el Hay Festival, una especie de fiesta donde escritores y artistas de todo el mundo se reúnen para hablar sobre sus temas de manera descomplicada y abierta delante de más de 80.000 personas de todo el mundo que anualmente asisten hasta esta pequeña población para escucharlos.

Por este festival han pasado personajes como Bill Clinton, Martin Amis y Doris Lessing, entre cientos más. La idea fue tan exitosa, que este modelo de festival –que sigue realizándose cada año en esta población– se ha experimentado en otras ciudades del mundo, entre ellas Cartagena, donde el año pasado se realizó la primera versión.

Al principio fue un experimento, pero todo salió tan bien y el festival tuvo tanta acogida y difusión, que los organizadores decidieron que Cartagena continuara siendo una de sus sedes. Al fin y al cabo las calles estrechas de la ciudad amurallada y la informalidad son perfectas para que el ambiente de proximidad entre escritores y lectores que suele buscar el festival funcione a la perfección. Este no es un evento donde se trata a los escritores como grandes estrellas; por el contrario, la idea es que el público pueda tener acceso a ellos, conversar y tomarse una foto en su compañía.

La modalidad del festival consiste en realizar conversaciones entre un escritor y un interlocutor que le hace preguntas sobre su obra, o plantear discusiones grupales entre tres o cuatro artistas sobre una temática propuesta por el festival. Cada evento tiene una duración de una hora y, como buenos ingleses, los organizadores respetan el tiempo como si la vida se fuera en ello. Y lo más apasionante: un evento puntual en medio de la informalidad caribeña.

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