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Opinión

  • | 2001/02/05 00:00

    25 años no es nada… ¿o sí?

    <i>Sinfonías para adolescentes</i>, el nuevo álbum de Sui Generis, revive una de las historias más fascinantes del rock de América Latina.

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En la historia de la música rock son comunes los reencuentros y los ha habido por por nostalgia, por plata… Se han reunido Velvet Underground, Jefferson Airplane, Crosby Stills Nash and Young, y hasta los mismísimos Sex Pistols. Pero el de Nito Mestre y Charly García después de 25 años de la separación de Sui Generis es uno muy especial. Es un reencuentro que, además, comparten dos y hasta tres generaciones de seguidores de la música de Charly García, pues si algo ha sobrevivido en el tiempo de su muy amplio repertorio musical es precisamente ese material que grabó con Mestre bajo el hoy mágico y legendario nombre de Sui Generis. Temas como Canción para mi muerte y Rasguña las piedras son himnos generacionales que comparten decenas de miles de latinoamericanos que fueron jóvenes en 1973 con otros millones más que lo fueron en 1981, en 1993 y que comienzan a serlo en 2001. Por ese motivo el título de este nuevo álbum de los dos viejos amigos y tocayos (ambos se llaman Carlos Alberto) es más que oportuno. Sinfonías para adolescentes revive una historia que comenzó cuando García y Mestre, compañeros de colegio, trataban de surgir como músicos en el naciente ambiente del rock argerntino de finales de los años 60 y comienzos de los 70. En aquel momento la esnena estaba dominado por agrupaciones muy orientadas al blues y al rock pesado como Manal y Vox Dei, a la búsqueda de las raíces folclóricas (León Gieco, Litto Nebbia) o sencillamente surrealistas (en especial los proyectos de Luis Alberto Spinetta después de la separación del grupo Aslmendra en 1970). Era un “rock adulto”, que pretendía ser trascendental, serio, poesía, Arte-con-mayúsculas. Por ese motivo, al principio Sui Generis fue visto como un asunto sin importancia de dos jovencitos de buena familia que tocaban una música ascústica para adolescentes. Sin embargo, la fórmula resultó ser mucho más exitosa e importante de lo que imaginaban aquellos críticos que los miraban por debajo del hombro y, entre 1972 y 1975, Sui Generis construyó su leyenda a partir de tres álbumes en estudio (Vida, Confesiones de invierno y Pequeñas anécdotas sobre las instituciones) y dos en vivo, (Adiós Sui Generis I y II), grabados en 1975 en el estadio Luna Park durante el concierto de despedida del grupo. Una leyenda que se podría explicar precisamente por esas características de “adolescencia”. Desde una perspéctiva individual, las canciones de Sui Generis plantean problemas muy comunes a los jóvenes de todas las épocas: el rechazo de la sociedad, la jartera infinita de tener que volverse serio e ir a trabajar y, por supuesto, el amor. A veces las letras de Sui Generis (en especial las del álbum Vida) resultan demasiado obvias y panfletarias. Pero casi siempre siempre aparece un verso ingenioso que saca el asunto del territorio Mercedes Sosa. Por ese motivo, de aquellos discos (como de todos los de Charly García) es muy fácil rescatar versos memorables. Por ejemplo, “Dios es empleado en un mostrador/da para recibir” (Confesiones de invierno). Iconoclasta, irreverente, ingenuo, sencillo, todo eso al mismo tiempo en apenas dos versos. Los discos de Sui Generis, además, coincidieron cono una de las etapas más complejas y fascinantes de la historia argentina: la utopía de una patria socialista, solidaria y comunitaria encarnada en el triunfo del candidato peronista Héctor Cámpora (si se quiere hacer una analogíoa un tanto simplista, podrían compararse los tres meses del gobierno de Cámpora con el ‘verano del amor’ de 1967 en Londres y San Francisco), que se desplomó cuando el propio Perón asumió el poder y las fuerzas oscuras del fascismo, representado en el ministro José López Rega, junto con los errores de los grupos armados revolucionarios, convirtieron aquel sueño en una pesadilla de sangre y terror que recién vino a terminar en 1983. Vida fue publicado cuando terminaba la dictadura (en realidad era una dictablanda) de Alejandro Lanusse. Confesiones de invierno coincidió con el ascenso de Cámpora y el regreso de Perón, y Pequeñas anécdotas sobre las instituciones se grabó cuando, muerto Perón, su esposa María Estela Martínez (Isabeliita) asumió la presidencia de Argentina y comenzaba a salirse de madre la guerra sucia y la represión. De hecho, Pequeñas anécdotas sobre las instituciones, un álbum conceptual mucho más complejo que los anteriores y con sufrió gran cantidad de cambios de última hora por miedo a las represalias del gobierno. Se cancelaron las canciones Juan represión (que reinterpretaron Charlie y Nito en Sinfonías para adolescentes) y Botas locas. Se cambiaron versos enteros de diversas canciones y también el título original del álbum, que iba a ser Instituciones, a secas, sin el artificio de ‘pequeñas anécdotas’, cuya finalidad era suavizar el tono del disco. Un año después, cuando Argentina estaba sumida en el caos, la ineficiencia y la corrupción de la ‘patria peronista’ de Isabelita y López Rega y un golpe militar era inminente, Sui Generis se despidió tal como lo hizo el legendario trío británico Cream a finales de 1968: vestidos con frac blanco y editando un disco titulado Adiós, Sui Generis (como el Goodbye de Cream), testimonio de aquel concierto que marcó el final de una época muy especial en la historia de Argentina. Ahora las cosas son muy distintas. Nito y Chartlie son dos veteranos de la escena del rock argentino, han aprendido muchas cosas buenas y malas en este cuarto de siglo, de hecho ellos son dos instituciones dignas más de un homenaje en el Hall de la Fama del Rock ‘n Roll que de una aventura musical destinada a los adolescentes de la era del internet. ¿Podrá este nuevo Sui Generis recrear la magia? Sin duda es una aventura arriesgada y sólo el tiempo se encargará de decidir si valía la pena despertar al fantasma de Canterville o si hubiera sido mejor dejar las cosas tal como estaban.
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