OPINIÓN

Camilo Noguera Pardo

Adoctrinamiento de género en colegios: invalidando la narrativa

Las narrativas y enfoques de género se promueven y enquistan en los colegios y en las universidades a través de las políticas DEI.
4 de mayo de 2026 a las 10:52 a. m.

Concebí y dirigí la investigación académica titulada Adoctrinamiento en género en colegios. Invalidando la narrativa, con el propósito de que los padres de familia comprendan las narrativas y enfoques de género, sepan identificarlas en los currículos, planes de lectura y actividades extracurriculares de los colegios de sus hijos, y cuenten con herramientas y conocimientos conceptuales y jurídicos suficientes para actuar cuando sus hijos sean expuestos, sin su consentimiento, a tales climas ideológicos.

La investigación se publicó en septiembre de 2025. Tuvo un primer lanzamiento en la Convención Nacional Provida, que hace parte de las acciones de la Bancada Provida del Congreso de la República de Colombia y de diversas organizaciones de la sociedad civil para defender la vida desde la concepción. Recientemente, se hizo un relanzamiento en la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2026.

El texto fue resultado de un trabajo académico colectivo de profesionales de las humanidades y las ciencias sociales, en un esfuerzo por articular perspectivas interdisciplinarias y, así, fortalecer el diálogo entre distintas tradiciones académicas. Además, tiene avales académicos nacionales e internacionales de instituciones afines en sus idearios.

Lo que sucede es que, en los últimos tiempos, las narrativas y enfoques de género han contaminado la educación escolar. ¿Cómo? Por medio de la cooptación de los currículos, del plan lector, de las actividades extracurriculares, de las políticas de admisión y, por supuesto, del “lenguaje inclusivo”, que insiste en normalizarse e imponerse en todos los espacios escolares.

Las narrativas y enfoques de género se promueven y enquistan en los colegios (y las universidades) a través de las políticas DEI (Diversidad, Equidad e Inclusión); políticas, vale subrayarlo, que son cada vez más desacreditadas, cuestionadas e invalidadas en todo el mundo, a pesar del lobby internacional y los enormes recursos que reciben para su difusión.

Así, los currículos que informan asignaturas de las humanidades y de las ciencias sociales están permeados por las narrativas y enfoques de género, sin excepción. Historia, literatura, ética, filosofía, español, inglés (y, en algunos colegios, incluso religión, por contradictorio que resulte) utilizan las narrativas y enfoques de género como eje de análisis y aproximación para el estudio de ciertos temas. Este fenómeno se profundiza en los currículos, talleres, materiales de estudio y cualquier otra actividad de educación sexual integral (ESI), que los niños cursan desde la temprana infancia.

El plan lector tampoco escapa de esta tendencia. Tanto los libros que se asignan como los escritores que se invitan a presentar sus textos o experiencias literarias a los niños promueven la cuestión de género, de uno u otro modo. La selección de obras literarias enfatiza representaciones de género, con el fin de desafiar roles tradicionales, cuestionar la familia tradicional y promover la identidad sexual de los personajes como tema central de reflexión. En este sentido, se eligen historias cuyos argumentos centrales giren en torno a la transición de género de algún personaje o que destaquen relaciones no normativas. Igualmente, la selección de conferencistas invitados es un repertorio intercalado de feministas radicales y activistas de la diversidad sexual.

La política de admisiones adopta narrativas y enfoques de género como criterio superior de admisión. Por ende, algunos colegios, cada vez más, priorizan la admisión de familias con estructuras diversas, incluyendo parejas de padres del mismo sexo o de población trans. Y, aunque la intención declarada es reflejar la pluralidad de la sociedad actual y promover la inclusión, esta tendencia plantea interrogantes sobre si la composición familiar debe ser un factor determinante por encima de otros aspectos en el proceso de selección de estudiantes. Al respecto, es importante considerar si esta priorización pudiera interpretarse como un trato preferencial basado en la orientación sexual de los padres, en lugar de centrarse en las capacidades, el potencial y el interés de los niños por la propuesta educativa del colegio.

Pues bien, todos estos hechos, verificados y verificables, exigen que la academia cristiana, en particular, y la academia no progresista, en general, hagan un esfuerzo informativo efectivo por desvelar las verdaderas ideas y agendas de las narrativas y enfoques de género, y por explicitar las consecuentes implicaciones que tiene exponer a los niños a tales ideologías desde la temprana infancia.

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