Lunes, 5 de diciembre de 2016

| 2016/08/22 09:46

Piedad: ¡eso es lo que necesita este país!

¡Un niño de nueve años debía pagar vacuna para que no lo golpearan los más grandes del colegio! ... ¿Estos son los “valores” que enseñan algunos colegios...?

Alonso Sánchez Baute. Foto: Semana.com

La frase con que abre la nota parece cosa de ingenuos: “El Gobierno italiano ha decidido disolver el Ayuntamiento de Corleone por infiltraciones mafiosas”. ¿Acaso desconocía el periodista que la escribió que en este pueblo de once mil habitantes han nacido los jefes más feroces de la mafia, entre ellos Vito Andolini Corleone; o acaso, tan sólo, hasta cuando la escribió se negó a ver la realidad? El hecho cierto: es la primera vez que existen pruebas de infiltración de la mafia en la política en este pueblo de mafiosos. Como sucedió con Capone, el hilo se rompió por donde menos se esperaba: una reunión sostenida entre varios mafiosos y la alcaldesa, Leoluchina Savona, para discutir el alquiler de una empresa láctea. Ella era reconocida en Italia por su política antimafia. “Podré pecar de inexperta, pero no puedo ser considerada cercana a los círculos de la Mafia”. Resultó muy cercana: uno de los mafiosos en aquella reunión es su hermano. ¿Acaso la historia de El padrino no es también un manual de familia?

Domingo en la mañana: leo la columna de Piedad Bonnett, Historia de un oprobio. No cuenta allí una anécdota personal. Es el testimonio de la crueldad del hombre. La rabia, la tristeza y el dolor que me producen la columna no apuntan tanto al profesor como al estudiante. Al final de la tarde el profesor que ella menciona, Lucas Ospina, pone la cara y ofrece disculpas públicas a través de una carta en la que contextualiza los hechos.

Ospina cuenta en esta carta que, como parte del análisis de una película, uno de sus alumnos escribió un texto donde detalló la crueldad con la que, años atrás, él y sus compañeros de colegio matonearon a un profesor (el hijo de Piedad, quien luego se suicidó) por la simple razón de que “sufrió la mala fortuna de enseñar en un colegio masculino teniendo una voz algo afeminada”. Escribe Lucas Ospina: “Por supuesto, no compartía el tono del texto, ni la posición del que escribía”, una línea de la que podría deducirse que, en lugar de pedir perdón o mostrarse conciliador, el matoneador se ufana de su barbarie.

Leo también este domingo la entrevista a la viuda de un famoso juez asesinado en Italia en la que dice sobre su marido: “Falcone nos animaba a analizar el mal y a comparar al hombre común con el mafioso, subrayando que solo para este último es fundamental la cultura de pertenencia y la fidelidad a valores fundamentales como dignidad, respeto, honor, solidaridad. Valores por los cuales los mafiosos están dispuestos a morir”. Como la del matoneador de marras, esta es también la típica historia de “cuando los malos muestran más valores que los buenos”.

La semana pasada, mientras Colombia debatía si a los niños se les debe educar o no en el respeto (así de surreal el asunto. Ni Dalí), una señora contó en mi Facebook que, para evitar seguir siendo matoneado en un colegio en Valledupar, su hijo tenía que pagarle diariamente a sus victimarios. ¡Un niño de nueve años debía pagar vacuna para que no lo golpearan los más grandes del colegio! Eso, cuando lo hacen los adultos, ¿no es lo mismo que paramilitarismo? ¿Estos son los “valores” que enseñan algunos colegios: el irrespeto y el matoneo con tal de que al estudiante no se le doble la manito ni se le afemine la voz? ¿Lo que se aprende en el colegio se sigue practicando de adulto o de tanto verlo en los mayores los niños siguen el “buen” ejemplo? En últimas, ¿acaso, como aquel periodista italiano, todo esto no es más que el Estado mafioso y paramilitar que nos negamos a ver, que nos negamos a aceptar?

Piedad: eso es lo que necesita este país!

@sanchezbaute

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