Opinión

  • | 2015/12/23 18:20

    Nuestros 20.000

    Hermoso sentir que Colombia empieza a superar la indolencia. Sana a las familias y a la sociedad ver que la autoridad reconoce e identifica a su ser querido, al NN.

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Una pregunta que siempre ronda a los colombianos es por qué hemos vivido una situación tan compleja y larga de violencia, exclusión e inequidad y por qué la de Colombia es una situación tan distinta a la de nuestro vecindario.

Hay todo tipo de respuestas: largas, cortas, más ideológicas o menos, simples, complejas. Lo cierto es que cada vez que se da una u otra respuesta, la sensación que queda es la de no haber sido claro o suficiente en las respuestas. No dejan satisfechos a quienes nos escuchan y tampoco a uno mismo. Lo cierto es que poco o casi nunca ahondamos sobre la actitud más degradante que hemos tenido los colombianos: la indolencia.

No explica todo, pero una sociedad en donde al otro, al diferente, al contrario se le animaliza, se le arroja a un río, se le prende fuego, se le convierte en NN (ningún nombre) y se mete a una fosa común, es decir una sociedad así como la colombiana, que ha tolerado, aplaudido este tipo de actos, en la que nos hemos alegrado cuando eso le sucede al “otro” y llorado cuando es alguno de los que decimos “nuestros”, es una sociedad en la que la compasión, el respeto y amor entre los seres humanos está diluido.

Por ello es relevante y merece seguimiento el acto adelantado en Villavicencio el pasado 18 de diciembre. Allí 29 familias recibieron los restos de sus familiares muertos en combates con el ejército y que habían sido convertidos en nadie, NN en fosas comunes del Meta.

Carlos Valdés, el destacado director de Medicina Legal estima que son 20.000 los combatientes enterrados en fosas comunes en los últimos diez años. De estos, se han identificado 2.292 restos y 29 de ellos devueltos a sus familiares seis días antes de la Navidad. Bello regalo. Hermoso sentir que Colombia empieza a superar la indolencia. Sana a las familias y a la sociedad ver que la autoridad reconoce e identifica a su ser querido, al NN. Que lo reivindica no en su proceder, ni en su pensamiento, sino como ser humano, lo convierte en igual a usted, a mi, a ellos, a todos. Este gesto nos humaniza, nos  aproxima a la superación de las limitantes éticas, morales y económicas que marginan, que matan niños de sed en la Guajira y por desnutrición en el Chocó, esas limitantes que mantienen excluidos a millones en el país.

Por esa razón para ganar en dignidad, necesitamos que las familias de los 20.000 encuentren compasión y humanidad en  cada uno de nosotros. Tal vez esa es una buena manera de vivir la Navidad de este 2015, un año que nos ha estrujado convicciones, retando dogmas, moviendo eso que llamamos el alma nacional. Un alma diversa, vibrante, ansiosa y no un alma plana, envilecida por el odio y cercada por el miedo. Esta Navidad la compasión de colombiano a colombiano es el motor que podemos tener para enfrentar los retos que se nos vienen encima el siguiente año.

Feliz Navidad.

@alvarojimenezmi
ajimillan@gmail.com
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