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Opinión

  • | 2017/11/27 07:56

    Aves de mal agüero

    Se envalentonan porque la mesa del debate político la han convertido en un cuadrilátero (¿en un polígono?). Y porque ahí, a un ladito o a la sombra, se les ha abierto un lugar para amenazar a las mujeres. Por eso mandan panfletos. Envalentonados.

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Se envalentonan. Y no por malos tragos o porque consideren que la mujer es de su propiedad. No por inseguros y controladores. No. La cosa es peor: se envalentonan, amenazan y con fatal frecuencia cumplen sus macabras promesas porque sienten que el espacio está abierto y saben que se pueden mover a sus anchas.

Se envalentonan porque la mesa del debate político la han convertido en un cuadrilátero (¿en un polígono?). Y porque ahí, a un ladito o a la sombra, se les ha abierto un lugar para amenazar a las mujeres. Por eso mandan panfletos. Envalentonados.

Es irónico: el viernes llegó la amenaza y justo en ese día y al día siguiente el tema en medios, redes, entidades, ONG, iglesias y grupos de activistas fue el llamado urgente a detener la violencia contra las colombianas, como parte de las actividades en el Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer, que se extienden mundialmente por 15 días, hasta el 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos.

Esta vez el violento mensaje fue para la Representante Ángela Robledo, la senadora Claudia López, las periodistas Jineth Bedoya y Salud Hernández-Mora, las líderes sociales y activistas de DDHH Luz Marina Díaz, Ángela Anzola, y para la dirigente política Imelda Daza. Envalentonados porque si este país no fuera tan tolerante con la violencia en todas sus formas y tan campante en la que se ejerce contra las mujeres, esto no estaría sucediendo.

El viernes y durante el fin de semana hubo muchas declaraciones y condenas en contra de la violencia de género, días en que los candidatos y precandidatos con sus campañas políticas maquillaron el tema interesados en los 18.461.828 potenciales votos que aportan las mujeres, es decir, para coquetearle y ojalá quedarse con una tajada de ese 51,6 por ciento del censo electoral. Pero ayer lunes, después de que la Representante Robledo difundiera la amenaza recibida, muy pocas voces salieron a condenar esa violencia anunciada. ¿Luego el viernes y sábado no estaban todos tan de acuerdo?

Revisé las redes y noticias de Sergio Fajardo, Humberto de la Calle, Germán Vargas, Marta Lucía Ramírez, Carlos Holmes Trujillo, Iván Duque y los otricos precandidatos y precandidatas del Centro Democràtico, Jorge Robledo y nada de nada. Todos andan en otras cosas ya, no hay tiempo para detenerse a rechazar la infamia.

Algunos pueden discrepar profundamente con la congresista Robledo, pueden estar diametralmente opuestos a la senadora López o cuestionar la calidad del trabajo que realizan las periodistas y líderes sociales. El problema está en quienes confunden su disgusto personal con la no defensa de los derechos y la vida de todas, ya sean las congresistas Paloma Valencia, María Fernanda Cabal, Viviane Morales, Sofía Gaviria, Sandra Villadiego o Ángela Robledo.

Una cosa son las discrepancias políticas y otra muy diferente -muy diciente cuando hay tanto silencio- es que a estas alturas en la violenta historia de este país, con un 79 por ciento de impunidad en los casos reportados de violencia contra las mujeres, además del aumento de asesinatos (una cada tres días) y de denuncias por agresión sexual contra las colombianas (50 casos de abuso diarios) no exista un claro y vocal consenso, una verdadera coalición política y social que condene toda forma de violencia. Pero toda.

Es evidente, una vez más, que aquí la defensa de los derechos y de la vida de los ciudadanos se entiende más como un asunto de gusto o preferencia política o personal, que como un principio básico de convivencia y construcción democrática de la sociedad. Por eso las aves de mal agüero se envalentonan.

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PD. Recomiendo el estudio ‘Así piensan las colombianas‘ (Barómetro de las Américas, Colombia), realizado por el Observatorio de la Democracia del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes. Una mirada más cercana a cómo pensamos y actuamos las mujeres de este país.

@Polymarti

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