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Opinión

  • | 2006/09/09 00:00

    Amenazas a la democracia

    EL CASO DE AMLO DEMUESTRA QUE LAS DEMOCRACIAS NECESITAN EL ACATAMIENTO DE SU REGLA FUNDAMENTAL: EL RESPETO A LOS RESULTADOS ELECTORALES

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En Argentina, Kirchner consiguió que sus mayorías le aprobaran una ley de 'superpoderes', en virtud de la cual puede modificar la distribución del presupuesto a su antojo, y que expidieran otra ley, conocida como el 'decretazo', que entrega al Ejecutivo todas las facultades del Congreso. Hoy bastaría un decreto del Presidente para, por ejemplo, disolver las Fuerzas Armadas o vender el banco central.

La jugada, que da más poder a Kirchner que a ningún otro mandatario en la historia de la democracia argentina, le valió ser acusado por Elisa Carrió, también reconocida dirigente de izquierda, de ser un "fascista moderno y mediático".

En Bolivia, el MAS, el grupo de Evo Morales, que no cuenta sino con el 50 por ciento más uno de los miembros, decidió modificar la regla según la cual las decisiones de la asamblea constituyente se tomaban por dos tercios de los votos para que, en adelante, baste una mayoría simple. En otras palabras, y sin importar lo que antes dijera la ley, Evo podrá diseñar la nueva Constitución a su antojo.

Como respuesta, la oposición ha amenazado dejar la constituyente y llama a la comunidad internacional para que denuncie el "autogolpe de Estado". Las provincias del este, las más ricas y en las que Morales es minoría, estudian convocar un referendo que les dé plena autonomía. La decisión de Evo pone en peligro la unidad boliviana. El diario El País, que definía lo ocurrido como "un preocupante desliz 'chavista' hacia el autoritarismo", advierte que de seguir en esa senda, el triunfo de Morales, un reconocimiento histórico a la mayoría indígena y marginada boliviana, se podría transformar en "una dictadura".

En México, López Obrador ha decidido "mandar al diablo las instituciones" y desconocer la decisión unánime del Tribunal Electoral (posiblemente la autoridad electoral más creíble e independiente de todo el continente) de proclamar Presidente a su oponente, Felipe Calderón. Ya antes sus partidarios habían presionado al Tribunal cercándolo y se habían tomado la plaza y la principal avenida de la capital.

Como si no bastara, y aunque su popularidad ha caído de manera que hoy perdería con Calderón por más de 24 puntos, Amlo ha anunciado que se autoproclamará "Presidente", constituirá un "gobierno paralelo de resistencia" y que asentará "su territorio" en los estados del sur y en ciudad de México. La joven democracia mexicana, que apenas hace seis años tuvo unas elecciones limpias y competitivas, está amenazada.

Amlo ha demostrado ser no sólo un pésimo perdedor, sino un verdadero subversivo que desea el poder a cualquier costo. La violencia, lo único que falta, podría aparecer a fines de esta semana, cuando se celebra el día de la independencia. Según Enrique Krause, uno de los más importantes intelectuales mexicanos, "López Obrador no es un demócrata. Es un revolucionario con mentalidad totalitaria y aspiraciones mesiánicas".

El caso de Amlo demuestra que las democracias necesitan el acatamiento cabal de su regla fundamental: el respeto de los resultados electorales y el reconocimiento del derecho a gobernar de la mayoría vencedora. Lo de Bolivia prueba que, al mismo tiempo, no basta con ello y es indispensable reconocer los derechos de las minorías. Y que no es posible la democracia sin sujeción absoluta del ejercicio del poder público a la ley vigente. Argentina resalta que también es necesario contar con un sistema de pesos y contrapesos y con ramas del poder autónomas y actuantes. Lo descrito, y sin hablar de Venezuela, indica que nuestras frágiles democracias no sólo no están consolidadas sino que, peor, se encuentran en franco peligro.


Puntilla: Algo muy grave está pasando en los cuerpos de seguridad del Estado. A punto de terminar esta columna me entero de que hay serias pruebas de que oficiales de la Brigada 13 del Ejército están comprometidos en planear y ejecutar falsos atentados terroristas, con el fin de mostrar éxitos aparentes en la lucha contra los violentos. Son ya muchos los hechos similares y varios incluyen asesinatos. La respuesta institucional de tratarlos como casos aislados no es suficiente. Hay ahí un serio problema estructural que debe ser abordado con transparencia, verticalidad absoluta y sin dilaciones.
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