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Opinión

  • | 2015/01/29 17:15

    Je suis Reconciliación

    Las tragedias tienen una solidaridad paradójicamente mayor que las mismas fiestas. Lloramos juntos con más pena de lo que reímos, aunque sea un llanto interior.

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Pocas veces se reacciona tan rápido como se hizo en el tema de Charlie Hebdo. Una reacción que en comunicaciones mandó un mensaje claro, unificado e inequívoco. Yo soy Charlie. Todos somos Charlie.

Claro, las redes sociales, la inmediatez de vivir en tiempo real la tragedia y la solidaridad, hicieron que tanto el hecho como el repudio fueran virales y se gestara una solidaridad que se convirtió en movimiento. Nadie quería ser ajeno al tema, nadie podía ser ajeno.

Los movimientos ciudadanos transforman al mundo. Contagian. Impregnan. Suman. Suelen aparecer y venir en el momento menos esperado. Lluvia en medio del desierto. Basta una chispa para encender las almas, basta un segundo para que aquello que estaba escondido salga de la trinchera y lo que le importaba a uno, ahora sea de interés de millones.

Las tragedias tienen una solidaridad paradójicamente mayor que las mismas fiestas. Lloramos juntos con más pena de lo que reímos, aunque sea un llanto interior.

Escribo esto mientras pienso que hay un movimiento que aún no es ciudadano, pero sí liderado por empresas, organizaciones y fundaciones, y que quiere encontrar su caldo de cultivo. Un movimiento que no quiere ni necesita de una tragedia (porque lleva en ella décadas) para que el ciudadano del común reaccione; para que las empresas se comprometan y asignen recursos; para que las organizaciones dejen la teoría y pasen a la práctica;  y sobre todo, para que entre todos, se busque la corresponsabilidad y se asuman soluciones.

Je suis reconciliación debería ser un grito silencioso en medio de los intentos del proceso de paz, pero debería ir más allá, no debería depender del mismo, ni necesitar la tragedia para reaccionar.

Colombia requiere que su movimiento de reconciliación contagie a todos. Es necesario que el mismo confronte a los que ven el silencio desde una trinchera segura, pero sobre todo, anime a muchos actores y audiencias a sumarse y a dejar la indiferencia. Esto también es conmigo.

Cuando uno ve lo que pasó luego del ataque a Charlie Hebdo, cuando uno dimensiona en comunicaciones lo que significó para un país como Francia el mensaje que envió, cuando uno entiende que unir en una marcha a dirigentes, medios de comunicación, empresas, izquierda y derecha, es más importante que lo que se diga, es cuando uno entiende la fuerza de los movimientos.

Hay en la solidaridad silenciosa, más mensajes que en la retórica populista.

Pensar que Colombia debe seguir el mismo camino, es pensar con el deseo. El profesor Mockus lo intenta llamando por ejemplo a todos los actores en pro de la vida. Ojalá el Uribismo, el Santismo, la Izquierda, el centro, los grupos y los movimientos emergentes, el Polo, los Progresistas, en fin, todos, se unan en la marcha. Hay un mensaje implícito que da vida.

Sé que pensar igual en el tema de la reconciliación es pensar con el deseo. Pero también es desear con la necesidad.

Es esencial entender que hay un camino y una reconciliación. Y ese camino no pasa por el otro. Cada ciudadano y luego cada empresa, cada organización, y viceversa, son en sí mismos los objetos de la reconciliación.

Cada uno de nosotros es reconciliación. Yo soy reconciliación. Je suis reconciliación.

Para ver más columnistas y debates de Reconciliación Colombia: http://www.reconciliacioncolombia.com/blog

*Managing Director, FTI Consulting, Columnista de Reconciliación Colombia
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