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Opinión

  • | 2015/02/12 18:00

    Los niños gritan auxilio

    De qué sirve firmar la paz en La Habana si aquí se les sigue matando.

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Causa escalofrío un vistazo a los hechos ocurridos en los últimos días: un niño de seis años es degollado en una finca en Dagua (Valle) y otro de la misma edad es hallado desmembrado y con señales de tortura en La Vega (Cundinamarca). Cuatro niños son masacrados en una zona rural de Florencia (Caquetá). Un niño de cuatro años se debate entre la vida y la muerte en Barranquilla (Atlántico) tras haber sido inyectado, por su propia madre, con veneno para ratas.

Los lectores podrían concluir que una brutal epidemia de delitos contra los niños recorre el país. En realidad, hace tiempo que es así. Según un informe de la Agencia Pandi y del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, en el 2014 se registraron 940 asesinatos de niños entre cero y 17 años; es decir, más de tres casos por día. La propia casa es el primer escenario de la violencia, seguida de la vivienda del victimario.

Ante este panorama, la pregunta es: ¿Somos capaces de firmar la paz en La Habana con la guerrilla pero en nuestros propios hogares no podemos ponerle fin a la violencia? Es urgente que el Estado tome cartas en el asunto para acabar este drama. Se trata de una verdadera crisis que hay que resolver de manera inmediata y en la que participen a fondo todos los estamentos.

Este jueves las noticias relacionadas con los niños y la violencia han tenido escenarios distintos. De su desarrollo real depende en gran medida una mejoría sustancial para dejar atrás este triste panorama. Juan Manuel Santos se desplazó, por fin, hasta Florencia. “He venido a expresar nuestra solidaridad con ustedes, con los caqueteños, a nombre de toda Colombia. Decirles que los acompañamos de todo corazón porque vimos, sentimos el dolor de ustedes también en esa marcha que hicieron”, dijo el presidente.

Señaló que todos los colombianos sintieron el asesinato de Déiner Alfredo, Laura Jimena, Juliana y Samuel “como si hubieran sido nuestros propios hijos”. “Esto tocó una fibra moral en todo el país, una fibra sensible en todo el territorio, que nos hace reflexionar sobre qué es lo que hemos hecho para que sucedan este tipo de eventos macabros”. Y prometió aclarar lo sucedido. “Las órdenes que he dado esta mañana me las tienen que cumplir antes del domingo, o sea que antes del domingo ustedes tendrán a esos culpables ante la justicia”. Santos prometió fortalecer la comunicación interinstitucional y arrancar campañas en todo el país para blindar a los niños de cualquier tipo de agresión.

De manera casi simultánea, las FARC anunciaron que no volverán a reclutar en sus filas a menores de 17 años como una medida de “desescalamiento” del conflicto y para que “cada vez sean menos las generaciones y jóvenes involucrados en una confrontación militar”, en palabras de Iván Márquez. Según el jefe de las FARC, “contrario a lo que divulga la propaganda institucional y quienes buscan deslegitimarnos, bajo ninguna circunstancia hemos procedido a reclutar forzosamente ni a menores ni a ningún combatiente”.

La decisión de las FARC es trascendental y fue destacada por su contraparte. “De manera unilateral, las FARC han anunciado que han decidido “no incorporar” en adelante, menores de 17 años a las filas guerrilleras. Saludamos esta decisión de las FARC. Es un paso en la dirección correcta, aunque, a juicio del Gobierno, es todavía insuficiente. Seguiremos insistiendo en la necesidad de aplicar los criterios y normas internacionales hoy vigentes de manera casi universal que fijan en 18 años –repito, 18 años– la edad para la mayoría. De igual forma, insistimos en la necesidad de extender esta decisión a los menores que hoy hacen parte de las filas de las FARC. En todo caso, aunque es un gesto importante, no debemos olvidar que el propósito real y central es la terminación del conflicto”, señaló Humberto de la Calle, jefe del equipo negociador del Gobierno.

Aunque insuficiente, el paso dado por las FARC se acerca a uno de los asuntos en los que más ha insistido el Centro Democrático. El excandidato a la Vicepresidencia Carlos Holmes Trujillo lo reiteró en la noche del miércoles en Semana En Vivo, transmitido desde Bogotá. Según manifestó, una paz bien hecha debe pasar por brindarles todas las garantías de bienestar a los niños y sacar de manera urgente a los niños del conflicto armado. En el programa insistió en que su colectividad no se opone a la paz, pero que para firmarla puntos como este son innegociables.

En conclusión, de una u otra forma voces tan distintas parecen caminar en las últimas horas –al menos en los anuncios- en la misma dirección: esforzarse para sacar a los niños de la violencia. “Para construir la paz necesitamos que no haya ni un solo niño o niña cargando un fusil. Colombia entera clama porque aquellos que están en las filas de grupos al margen de la ley sean devueltos inmediatamente a sus hogares, puedan recuperar sus sueños y hacerlos realidad”, exigió Cristina Plazas, directora del Instituto Colombiano del Bienestar Familiar.

Aunque son distintas las violencias de los grupos armados a las de los hechos de baranda judicial y de maltrato familiar, también es verdad que ha contribuido con su espiral a deteriorar la vida cotidiana. Con su accionar han expandido la idea de que la violencia es lo habitual.

Hace tiempo que todos estos protagonistas de la agenda informativa del país debieron reaccionar en una línea más propositiva. Algunos dirán que es mejor tarde que nunca. Otros dirán que se necesitó que por toda la geografía resonara el eco de los niños que gritan auxilio.

*Director de Semana.com
Twitter: @armandoneira

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