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Opinión

  • | 2017/04/10 09:05

    Norte de Santander : Afanes para su acceso al mar y al Magdalena

    El acceso de Norte de Santander al mar y al río Magdalena y el de los Llanos Orientales al Atlántico por el Orinoco fue durante muchos años un propósito nacional.

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Desde 1830, cuando Colombia y Venezuela surgieron como naciones independientes, iniciaron un dilatado proceso para la fijación de sus límites, que concluyó con el tratado de 1941, que se refirió a algunos sectores de la frontera e incluyó la libertad de navegación de los ríos comunes, que atraviesan o dividen a los dos países, por la que Colombia había luchado durante 50 años.

Para los Llanos Orientales era fundamental acceder al Orinoco y por éste al Atlántico, mientras que, para Norte de Santander, aislado por la cordillera oriental del resto de Colombia, resultaba vital la libertad de navegar en la parte baja de los ríos Catatumbo y del Zulia.  

El Catatumbo desemboca en el Lago de Maracaibo en Venezuela y el Zulia vierte sus aguas en el mismo Catatumbo en la población venezolana de “Encontrados”, a donde llegaba el Gran Ferrocarril del Táchira. Por estos ríos y por el ferrocarril, que empalmaba con el de Cúcuta, no solamente salían el café, el tabaco y el cacao, los principales productos del noreste colombiano, sino que ingresaba la totalidad del comercio cucuteño y de la región.     

Cuando el Laudo Arbitral Español fijó en 1891 los límites colombo-venezolanos, Venezuela consideró que el fallo le había sido altamente desfavorable e inició una estrategia para modificarlo a toda costa, utilizando como palanca la libertad de navegación que condicionó a que Colombia la compensara con la cesión de territorios.

Aunque nuestro país demostró que la libre navegación era un principio universal consagrado en el derecho de gentes que se aplicaba a todos los ríos comunes sin necesidad de acuerdo especial, Venezuela se negó a reconocerlo.

Era tan importante el tema para Colombia que, durante 25 años, todos los gobiernos, atendiendo al requerimiento venezolano, estuvieron dispuestos a entregarle territorios que nos habían sido adjudicados en el Laudo. Afortunadamente, finalmente los acuerdos no se concretaron. 

Años después, cuando en 1932 comisiones mixtas trabajaban en la determinación del Río de Oro, afluente del Catatumbo y frontera común desde la serranía de Perijá, surgió una controversia sobre el nacimiento del río. Mientras que Colombia consideraba que su origen era un brazo que se dirigía al noroeste, Venezuela sostenía que era otro que seguía hacia suroeste hasta cerca de una depresión de la serranía, denominada “Bobalí”, que era la ruta lógica de acceso de Norte de Santander al río Magdalena, que con esa tesis quedaría en territorio venezolano.

La diferencia fue zanjada por el tratado de 1941, en el que los dos países adoptaron como origen del Rio de Oro, una corriente que partía las diferencias, que se denominó “río Intermedio”. La decisión colombiana de optar por esa fórmula se basó en que la depresión de Bobalí quedaba así en territorio de nuestro país. En el tratado, los dos países se reconocieron igualmente la libre navegación de los ríos comunes

Las severas críticas que en Venezuela se hicieron contra el tratado de 1941, radicaron fundamentalmente en la decisión sobre las fuentes del Río de Oro y que se había aceptado la libre navegación de los ríos comunes sin compensación territorial alguna.

Tan fundamental era la comunicación entre Norte de Santander y el río Magdalena, que en 1929 se inauguró una extraordinaria obra de ingeniería: el cable aéreo Gamarra-Ocaña que tenía una extensión de 50 kilómetros y 204 torres, que funcionó hasta 1947.

No obstante que el tiempo ha pasado, el acceso rápido y expedito al río Magdalena, sigue siendo fundamental para Norte de Santander, ojalá no se “envolate”…

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