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Opinión

  • | 2013/11/01 00:00

    El periodismo “en cueros”

    Cuando el periodismo no está al servicio de la comunidad y cuando hay gobiernos, empresas y personas que manipulan la información se destruye la cultura democrática.

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Más allá del desencanto producido por la desmitificación de un ídolo engrandecido a punta de “carreta”, el caso del Dr. Cuero dejó en evidencia cosas peores: la ignorancia del periodismo para tratar ciertos temas, la ligereza de las salas de redacción con la verificación de datos y la falta de rigurosidad en los procesos de construcción de la información. 

Los bajos estándares de calidad periodística en el país ya han sido señalados por los académicos desde hace varios años, pero vale la pena aprovechar la coyuntura para refrescar la memoria. Un estudio realizado en el 2010 por el Centro de Investigación en Comunicación Política de la Universidad Externado de Colombia, en el cual se analizaron contenidos de los principales medios del país en radio, televisión e internet determinó que la información en Colombia sólo contiene 1,3 fuentes por noticia; que en el 87 % de las notas informativas no hay contraste de posiciones entre fuentes citadas y por si fuera poco, que la mayoría de las fuentes usadas son oficiales. 

El análisis también reveló que el 91 % de las notas no muestra las consecuencias sociales de los hechos que informa y el 74 % de ellas no presenta el contexto sociopolítico.  Una reflexión más fina de estos datos debe llevarnos a pensar en la precariedad de la información en Colombia, la cual no permite a los ciudadanos hacer una valoración adecuada de los hechos, ni mucho menos de los personajes públicos, como quedó demostrado con el Dr. Cuero.

El problema es que vivimos en una sociedad que además desconoce que la información es un derecho humano y no un fortín de los periodistas y los medios de comunicación. Así las cosas, nos parece muy grave la crisis de la educación o la salud, pero ¿quién en este país ha salido a marchar exigiendo información de calidad? 

Las democracias necesitan de públicos interconectados por flujos de información en los que las personas puedan tomar decisiones libres y responsables. Como lo afirman Tom Rosenstiel y Bill Kovach en un libro clásico del periodismo “el oficio debería estar destinado a ofrecer algo único a la sociedad: información independiente, veraz y exacta para que los ciudadanos puedan ser libres”. 

Cuando el periodismo no está al servicio de la comunidad y cuando hay gobiernos, empresas y personas que manipulan la información se destruye la cultura democrática. Lo realmente triste es que los colombianos en lugar de exigir mejores estándares de información, nos hemos ido acostumbrando a noticieros de televisión que parecen más magazines de farándula y a periódicos construidos con reportería hecha a punta de teléfono, sin uso de géneros periodísticos y con noticias escuetas en las que se escapan errores básicos como la sutil diferencia entre trabajar para la Nasa o haber desarrollado un proyecto con dinero de esa institución. 

Y así, mientras los ciudadanos resignados consumen “lo que hay” de información y se quedan sin entender lo que pasa en el país, los periodistas trabajan 24/7 para que todo el mundo los critique, por un salario que está muy por debajo del de los demás profesionales (salvo las famosas excepciones que todos conocemos). 

El nuevo mundo de la convergencia los obliga a aplaudir, mamar y silbar a la vez, lo que se traduce en hacer videos, textos y audios para múltiples plataformas, pero eso sí, bien a la colombiana, porque las funciones se aumentaron y la velocidad de producción se duplicó, pero no así la planta de profesionales, cada vez más jóvenes y sin experiencia porque salen más baratos.

Cada vez hay menos correctores estilo, menos editores experimentados (porque cuestan mucho), menos tiempo de reportear porque hay que producir más contenidos y rellenar las páginas o hacer las notas de los fines de semana. Hay menos experticia en las áreas, porque aquellos que van avanzando en su carrera prefieren irse a buscar un mejor salario, un mejor horario y por supuesto, una menor exposición a la crítica.  Así las cosas, ¿quién reflexiona sobre la importancia del periodismo para la democracia? ¿A quién le importa si se verificó o no una información?

Debería importarnos, la información de calidad es un derecho, es un acto de justicia de los medios y los periodistas con la sociedad. Es la prensa la que debe vigilar a los poderosos y quitar velo de la ignorancia a los ciudadanos. Cuando sucede lo contrario retrocedemos democráticamente y se cumple lo estipulado por Pulitzer: “Una prensa cínica, mercenaria y demagógica producirá un pueblo cínico, mercenario y demagógico”.  

* Docente – Investigadora 
Centro de Investigación en Comunicación Política (CICP)
Facultad de Comunicación Social – Periodismo 
Universidad Externado de Colombia
En Twitter: @morozcoa
margaraorozco@yahoo.es
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