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Opinión

  • | 2015/07/18 22:00

    La urbanidad de Carreño

    Para complacer al jefe, la doctora María Eugenia Carreño se ha vuelto tan fanática en materia religiosa como él. Se acercó a la fraternidad San PÍo X, en cuyo nombre Ordóñez quemaba libros en su juventud.

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El procurador Alejandro Ordóñez estuvo a punto de poner una ficha suya como magistrada del Consejo de Estado. En medio del festín burocrático de favores cruzados con las altas cortes, esto no habría pasado de ser una anécdota. Lo más grave es que el Consejo de Estado tiene que decidir en los próximos días si anula la reelección del procurador Ordóñez por los vicios en el proceso o si la mantiene. Es decir, el procurador estaba tratando de imponer una subalterna como juez de su propia causa.

La elegida para semejante mandado es una persona de la que hablamos en la columna anterior ‘Las manitas del procurador’. Se llama María Eugenia Carreño y ha dedicado su vida entera a complacer a Ordóñez y a prosperar bajo su amparo.

María Eugenia Carreño, procuradora delegada por la gracia de Ordóñez, conoció a su mentor en la Universidad Santo Tomás de Bucaramanga y desde entonces se ha mantenido cerca de él. El portal kienyke cuenta en un perfil de la hoy poderosa funcionaria, que el profesor Ordóñez nunca se aprendió su nombre y que ella no era una estudiante brillante. Apenas una del montón.

Como la constancia vence lo que la dicha no alcanza, la discreta alumna consiguió hacer sus prácticas de judicatura en el despacho del magistrado José Padilla del Tribunal Administrativo de Santander. El doctor Padilla falleció y en su lugar fue nombrado el antiguo profesor de María Eugenia, Alejandro Ordóñez.

Él no recordaba siquiera que había sido su discípula. Pero poco a poco esa muchacha que contestaba el teléfono y le llevaba papeles para firmar, se fue ganando su atención.

Así pasaron siete años hasta cuando Alejandro Ordóñez –en un golpe de suerte y porque el turno era para un conservador– terminó nombrado como consejero de Estado y decidió traérsela a Bogotá a trabajar con él.

La doctora María Eugenia ha dedicado su vida a ser la sombra de Ordóñez. Ha presenciado sus conferencias en donde sostenía que “el liberalismo es pecado” parafraseando a uno de los santos de su devoción: San Ezequiel Moreno Díaz, quien alentaba la violencia desde los púlpitos promoviendo la “sana y recta aversión al liberalismo”.

Para complacer al jefe, la doctora María Eugenia se ha vuelto tan fanática en materia religiosa como él. Se acercó a la fraternidad San Pio X, en cuyo nombre Ordóñez quemaba libros en su juventud.

Empezó a asistir puntualmente a la misa lefebvrista con su jefe, con la poderosa esposa Beatriz Hernández, el procurador Carlos Augusto Mesa y la otra manita de Ordóñez llamada Juan Carlos Novoa Buendía.

La doctora María Eugenia, siempre fiel y obediente, le ha servido al procurador para condenar y para salvar. Ya les había contado que destituyó e inhabilitó al alcalde de Medellín Alonso Salazar sin pruebas, y absolvió al hoy candidato a la Gobernación de Santander Holger Díaz, quien le pedía plata a Saludcoop, a pesar de todos las pruebas que existen contra él.

Desde luego tanta sumisión le ha traído también sus recompensas. La confesa estudiante mediocre de Bucaramanga se ha vuelto una de las figuras más poderosas del Ministerio Público. Todo asunto que sea de interés para el procurador pasa por su escritorio.

El jefe ha sabido usar su poder para que la doctora María Eugenia y su familia puedan progresar. Por ejemplo, dos familiares de ella trabajan en la Procuraduría. Parece que el nepotismo no es un problema en la entidad encargada de controlarlo.

Carmenza Carreño Gómez, hermana de la doctora María Eugenia, fue nombrada jefe de la División Administrativa y Financiera del Instituto de Estudios del Ministerio Público.

Entre los requisitos para ocupar ese cargo estaba el de tener título profesional en administración. Doña Carmenza no es administradora sino contadora. La solución fue sencilla: el procurador Ordóñez de un plumazo cambió el manual de funciones de la entidad.

Por la misma conducta el procurador ha destituido a unos funcionarios en unos casos y se ha hecho el de las gafas en otros.

También en la nómina de la Procuraduría está Ángela Patricia Tapias Arenas, la cuñada de la doctora María Eugenia, quien trabaja en la oficina de control interno.

Esa ilustre dependiente y obediente ejecutora de la voluntad de Ordóñez, casi se convierte en consejera de Estado.

El procurador no logró esta vez ampliar su cuota en la corte que decidirá si sigue en el cargo, pero lo seguirá intentando..
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