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Opinión

  • | 2016/04/22 18:22

    La legalización comienza en casa

    Álvaro Gómez Hurtado escribió en 1976 que la guerra contra las drogas era “una batalla perdida de antemano”. La precisión profética de estas palabras es digna de Casandra.

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La meta de la guerra contra las drogas era incrementar los costos de producción para reducir el consumo en los países ricos. Pero el caso fue el opuesto. Pese al enorme crecimiento del aparato represivo de los estados, el precio de la cocaína se redujo en un 80% entre 1982 y 2012. 

Los narcotraficantes formaron economías de escala y adoptaron métodos de producción cada vez más sofisticados. Como anota el periodista Brian Palmer, Pablo Escobar y los Ochoa inicialmente exportaban cocaína en su equipaje personal y hoy, los narcotraficantes usan sus propias flotas de submarinos.

La página web Silk Road, una especie de Amazon.com para la venta de drogas, produjo ganancias de 1.2 mil millones de dólares antes de que el FBI la cerrara. No por esto cesó el narcotráfico digital. Ni cesará en la era de monedas virtuales como Bitcoin.

La cantidad de sangre derramada innecesariamente es abrumadora. En México, la lucha contra “el narco” dejó 164 mil homicidios entre 2007 y 2014, un número de víctimas mayor al de Iraq y Afganistán durante los mismos años.

En Colombia, las Farc decidieron participar directamente en el narcotráfico en los años 80. Gracias a ello, acumularon una fortuna de 10.5 mil millones de dólares según The Economist. Superando todo ejemplo previo del “socialismo de champaña”, el “ejército del pueblo” dispone de una fortuna que duplica la de Alejandro Santo Domingo según la revista Forbes.

También sabemos que el dinero del narcotráfico llegó hasta la cúpula del Estado colombiano. Pero, como dice Eclesiastés, no hay nada nuevo bajo el sol. Durante la era de la Prohibición del alcohol en Estados Unidos (1920-1933), el gangster Al Capone tuvo al alcalde de Chicago bajo su nómina.

Milton Friedman lo explicó bien: cuando el Estado prohíbe sustancias de consumo personal que son deseadas, promueve el crimen organizado, y “la corrupción del establecimiento legal” es inevitable.

Así que es bienvenida la Sesión Especial de la Asamblea General de Naciones Unidas sobre drogas. Colombia, sin embargo, no debería confiar en una organización burocrática, ineficiente y, en no pocas ocasiones, indiscutiblemente corrupta como la ONU.

Los grandes avances frente al problema de las drogas se han logrado a nivel nacional o local. Portugal despenalizó del todo el consumo de drogas en el 2001. Hoy se sabe que no aumentó el consumo, y el país tiene la tasa de muertes por uso de drogas más baja de Europa occidental.

Desde el 2014, Colorado legalizó no solo el consumo, sino también la producción y la venta de la marihuana. El resultado: menos crimen, menos encarcelamiento, miles de empleos legales creados, más recaudo para el estado y – quizá la mejor noticia – el debilitamiento de los carteles mexicanos al otro lado de la frontera.  

Colombia debería seguir estos ejemplos y legalizar unilateralmente. Sin legalización, el acuerdo con las Farc no traerá una paz real.

*Editor del PanAm Post y miembro fundador de libertario.co.

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