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Opinión

  • | 2017/07/29 22:15

    Señor Norberto: ¡Salve usted la patria!

    Quiero que se ocupe de los congresistas de Odebrecht: tras las declaraciones del fiscal, se quedaron con los crespos hechos.

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El mismo día en que el fiscal Martínez vincu-laba al expediente de Odebrecht a Ñoño Elías, Musa Besaile y Ciro Rodríguez, entre otros congresistas, la senadora de Cambio Radical Rosemary Martínez condecoró con la orden de caballero al estilista Norberto, por sus 50 años de carrera: cinco décadas en que, según la congresista, el célebre peluquero se ha actualizado constantemente “en cuanto a tendencias internacionales” (diferentes a la de Odebrecht), y en los que ha ofrecido “sus servicios con los más altos estándares de belleza y calidad”. Hay que ver lo que hace una cliente por obtener un turno en D´Norberto. Y más si, como la senadora, milita en un partido que parece una orden al peluquero:

–¿Y qué look queremos para hoy, doña Rosemary?

–Un cambio radical.

Muchos creyeron que se trataba de una tomadura de pelo, si se me autoriza la expresión: que el doctor Norberto no tenía las credenciales intelectuales para ser condecorado por una entidad estatal, a diferencia de Maluma y demás precedentes. Inclusive escuché a un personaje radial que, preso de la indignación, se preguntaba por qué no condecoraban, mejor, a Rigoberto Urán, como si lo mereciera: ¿qué mal ha hecho Rigoberto Urán como para desearle que vaya al Congreso? ¿De esa manera paga este país las gestas heroicas? ¿Quieren que el subcampeón del Tour de Francia repita la suerte que tuvo Carlos Vives con su bicicleta?

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Muchos, digo, se rasgaron las vestiduras ante la noticia, pero yo estuve de acuerdo: puestos a escoger, la carrera de Norberto es verdaderamente destacable, a diferencia de la carrera de la misma senadora, que la tiene del lado derecho: ella se peina así. Requiere de un Cambio Radical.

Me relamía imaginando al senador Gerlein obligado a aplaudir al estilista y a su marido; a Viviane Morales revelando que tuvo una iluminación divina (como las que hace el mismo Norberto) por culpa de la cual debían convertirse en pareja idónea; al subsecretario Saúl Cruz simulando que le cortaron una oreja.
Pero, sobre todo, celebraba la iniciativa porque la presencia en el Capitolio del máximo estilista de Colombia agregaba majestad al Congreso: ¿quién dijo que los únicos que podían echar cepillo en el recinto eran los abyectos miembros de la bancada del Centro Democrático? ¿A cuenta de qué los únicos rayitos del recinto son los que se tiran los congresistas? ¿Dónde advierten que ‘la permanente’ debe ser la presencia eterna del mismo Gerlein: tres décadas ofreciendo al país, y a su hermano contratista, “sus servicios con los más altos estándares de belleza y calidad”?

No resulta justo que las únicas extensiones del salón elíptico sean las de Álvaro Uribe: aquellas extensiones presidenciales, por culpa de las cuales podrían llamarlo con el alias de la Mechuda, y gracias a las que se convirtió en el blower nacional, o secador, para decirlo en español: porque nos tiene secos.

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Por eso, celebro la condecoración a Norberto. Y pido humildemente que esté a la altura de su nueva responsabilidad patriótica, y pase bancada por bancada trabajando por un mejor país: que arregle el frizz de Paloma Valencia; que repase el bikini de Roy Barreras; que intente un corte de totuma para Mauricio Lizcano; que tinture al senador Robledo, y de paso le haga la manicure, para que le siga sacando las uñas al fiscal; que le ofrezca truquitos al senador Lara, a quien también le gusta agarrarse de las mechas; y, ya en esas, que se detenga especialmente en la bancada del Polo, donde hay una gran labor por hacer: que promueva el uso de champú en Iván Cepeda, por ejemplo. Porque los políticos del Polo no están familiarizados con el aseo, hay que decirlo todo. A diferencia de los de la extrema derecha, que saben mucho de limpieza. Aun de limpieza social.

Pero especialmente quiero que se ocupe de los congresistas vinculados a Odebrecht: de Ñoño y de Musa, de Antonio Guerra y de Plinio Olano. Tras las declaraciones del fiscal, todos ellos quedaron con los crespos hechos, asunto que Norberto podría perfeccionar.

Me duele que la cosa se ponga peluda, si se me aprueba la frase, para Ñoño y para Musa: toda una vida trabajando, tamal tras tamal, teja por teja, por el sistema democrático de Colombia, para que de buenas a primeras quieran cortar sus carreras políticas de un tajo, como el propio Norberto cuando acomete la chúler.

Pero, ya puestos en esas, me gustaría entonces que el caballero del cabello, el cabellero, los juague, por si están untados; les enseñe a desmaquillar balances. Y les quite la mascarilla de una vez por todas.

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Sería, pues, la forma de inaugurar en el Capitolio la era de Nordebrecht: una era en que los lavados no son de activos; existen cortes diferentes a la Corte Suprema y la compra de bótox no resulta tan vergonzosa.

Votaré, pues, por el que diga Norberto. Celebro su condecoración. Reconozco que en el Congreso todavía existe gente templada, como Claudia López, pero nunca tan templada como él. Y me alegra que su presencia garantice unos mínimos de aseo y estética para los senadores: asuntos que abundan en este caballero, experto en los asuntos del New Look. O del Cambio Radical, para decirlo en español.

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