Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2001/06/25 00:00

De independientes, serpistas y confundidos

El asunto de una vida pública es qué se ha hecho desde el poder y cuáles intereses se representan. Y todo el mundo sabe lo que Serpa ha hecho

De independientes, serpistas y confundidos

Quedamos en que Serpa va a ser el presidente y en que eso será muy malo para el país. También quedamos en que un independiente no podrá ganar ni podría tampoco gobernar. Así que Noemí, Uribe, Ingrid, Garzón, Serrano y quizás Peñalosa deben unirse y asegurarnos un futuro mejor.

Sabía que la propuesta iba a sonar “rara, inaceptable o prematura”. Y en efecto le han caído las críticas previsibles delserpismo y las más sofisticadas del antiserpismo.

Así que comienzo por estas últimas:

—Un independiente sí podrá ganar, porque los votos de todos confluirán en segunda vuelta. ¡Ojalá! Pero aterricemos. Primero, la polarización no será igual que en el 90: no está Samper, “el país no tiene memoria”, Serpa se ha dulcificado y la dispersión de los independientes le está ayudando a pasar de agache. Segundo, si no hay preacuerdo es bien probable que Uribe (o Peñalosa) acabe apoyando a Serpa en segunda vuelta (a cambio de la candidatura liberal en 2006). Tercero, los independientes tienen que pelear entre sí más que con Serpa, o sea que van a polarizar a sus votantes. Y cuarto, podría no haber segunda vuelta.

—Un independiente sí podrá gobernar, porque cerraría el Congreso o llamaría a nuevas elecciones. Pero cuidado. Primero, porque ni el país ni los gringos le jalarían a una dictadura. Segundo, porque ese referendo es inconstitucional y desataría una crisis formidable. Tercero, porque serían reelegidos los señores de siempre. Y cuarto porque, si se trata de poner caras limpias, lo limpio es hacer que el frente independiente que propongo lleve sus propias listas al Congreso.

—Los independientes no se pueden unir porque hay palomas y halcones. Socialdemócratas y neoliberales. Y en efecto hay cuestiones complejas y sutiles que podrían discutirse en muchos tomos. Pero en esta modesta columna yo quisiera abreviar seis reflexiones. Una que las ideologías presuponen lo público y el clientelismo es la negación de lo público: con Serpa pierden todas las ideas. Otra, que el dilema entre halcones y palomas es un falso dilema: necesitamos zanahoria y garrote, más eficacia militar y más compromiso en las negociaciones. Otra, que aquello de neoliberales y socialdemócratas es más tilín que paletas: ¿o alguien notó diferencias reales entre la política económica de Gaviria y la de Samper, o luego entre la de Samper y la de Pastrana? Otra que, en fin, si de revueltos se trata, no hay más que mirar las toldas del serpismo. Y otra que —por contraste— esta sería la ocasión de un diálogo sin dogmas y en la sencilla busca del bien público.

Pasando al otro toldo, debo admitir que me encantó la réplica de Horacio Serpa en su columna de Cambio. No sólo por la caballerosidad, que le agradezco, sino porque retrata de cuerpo entero a mi viejo amigo. Retrata las virtudes que más le enorgullecen y que los colombianos en él reconocemos: su origen popular, su amor por el terruño, su ser “franco, frentero, polémico, austero, leal y laborioso”. Virtudes estas, todas, de carácter privado, que en poco o nada afectan la gestión de lo público. Y es porque Serpa entiende y ejerce la política de un modo premoderno —vale decir de un modo “provinciano”—.

—Pero el asunto no es de virtudes o de afectos privados. El asunto de una vida pública es qué se ha hecho desde el poder y cuáles intereses se están representando. E infortunadamente para Colombia, para Horacio y para quienes apreciamos sus virtudes privadas, todo mundo sabe lo que él ha hecho desde el poder y cuáles intereses están detrás de su candidatura.

Lo cual me trae al punto algo confuso de la columna en El Tiempo de Pedro Medellín: que necesitamos partidos y que yo debería unirme a Serpa para modernizar el Partido Liberal. Pero querido Pedro, para tristezas, el Partido Liberal es el partido del atraso y ni tú ni yo, ni nadie lo ha podido o lo podrá modernizar. O sea que necesitamos el partido del país moderno, el que sólo puede nacer de los independientes y que este frente amplio que propongo es la manera de dar a luz. ¡Ah, si los egos, que mencionas, por una vez, por una sola vez, pensaran en Colombia!

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