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Opinión

  • | 1990/08/27 00:00

    DESIGNADO DESIGNADO

    EXISTE LA URGENTE NECESIDAD DE QUE RECIEN POSESIONADO, EL PRESIDENTE LE HAGA LA "SEÑITA"AL FUTURO DESIGNADO.

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Por respetable y correcto que sea el actual embajador de Colombia ante EEUU y Designado a la Presidencia de la República, Víctor Mosquera Chaux, su período en ambas dignidades cumplió su ciclo .

Urgentemente estamos requiriendo como embajador de Colombia a un hombre que, primero que todo, hable inglés. Que no le guste dormir siesta y que preferiblemente no sea político.
Para manejar los problemas con EEUU, que son antes que nada comerciales, el Presidente Gaviria deberá designar a un empresario privado que conozca a fondo los problemas del sector. Su misión: concretar las bases del acuerdo bilateral que el Presidente Gaviria ya dejó sentadas con el Presidente Bush. Y para el efecto, me atrevo a lanzar inocentemente tres buenos nombres: Fabio Echeverri Correa, Carlos Caballero Argaez o Juan Manuel Santos.

Pero También habrá necesidad de que el nuevo Presidente asuma pronto la función de hacerle la consabida "señita" al próximo Designado: la estabilidad política y de las instituciones así lo requiere. El problema es: ¿señita sí, pero hacia quién?
Un nombre que se menciona como posible futuro Designado es el de Mario Galán Gómez. Y no hay duda que merecería tal honor. Es suficiente ser el representante de la memoria de Luis Carlos Galán Sarmiento. Su padre sería la persona apropiada, siempre y cuando pudiera garantizarse que don Mario Galán no va ejercer el poder, y que sencillamente se tratará de un homenaje. Ese es el problema que no existe ninguna garantía de ello Don Mario no es una buena carta en caso de emergencia. Los antecedentes de su actividad ejecutiva y su hoja de realizaciones no son confiables en momentos en que la realidad del país nos impide andar en contemplaciones sentimentales a la hora de escoger el Designado.

La segunda posibilidad es el futuro canciller, Luis Fernando Jaramillo. Es obvio que quien mayor confianza le produzca al Presidente Gaviria, para que maneje el país en un momento de emergencia, sea uno de sus más cercanos amigos políticos y personales.
El único "pero" de Jaramillo es que la Designatura no puede convertirse por generosidad del Presidente en una estrella más para quien aspire a una futura campaña presidencial, de lo que el doctor Jaramillo ha dado pruebas suficientes de ambicionar. Luis Fernando Jaramillo de Designado le inspiraría una gran desconfianza a otros futuros aspirantes a la presidencia, y ese es un problema político que a lo mejor podría ahorrarse el Presidente Gaviria.
Bueno. ¿Y Hernando Durán Dussán, qué? Hay que aceptar que la Designatura para este ex-precandidato liberal también constituiría un justo reconocimiento a una trayectoria política que no logró culminar, y no por falta de méritos, en el honor de la Presidencia. Sin embargo, políticamente Durán está muy debilitado, por culpa de un proceso que se inició cuando precipitadamente renuncio a la actividad política, recién derrotado en la consulta, para contradecirse y asumir después el liderazgo de un movimiento al que, más que la persona de Durán, aglutinaba el deseo de trancar las candidaturas de Gavira y de Samper.
Lo curioso es que precisamente esta lebilidad política de Durán podría onvertirse en la mejor carta a su favor si se trata de elegir un Designado que o produzca celos políticos.

Personas de la idoneidad política de Ernesto Samper, tuturo min-desarollo, o del ex-precandidato Jaime castro, o del misterioso ex-contralor Rodolfo Gonzalez, tambien están descartadas de entrada. Representarían, como en el caso de L. F. Jaramillo, problemas políticos ahorrables.

Pero desde luego, habría también que considerar la posiblidad de nombres que el Partido Liberal siempre se saca del bolsillo de sus reservas morales. Alguien así como Otto Morales Benítez, amparado por ese tremendo halo de hombre intelectual, con tanto arraigo en su partido. Pero el doctor Otto no registra ninguna actividad administrativa reciente que lo habilite. Su última actividad pública fue como comisionado de paz en tiempos de Betancur, pero no podemos olvidar el hecho, cuatro años después, de que nunca hubiéramos sabido porqué renunció.

Y finalmente llegamos al nombre del ex-presidente Alfonso López. Su principal ventaja, frente a los demás, es que López no necesita ser Designado para ser más importante, ni para que su carrera política adquiera una estrella más, ni para que una inexistente ambición de lanzar una nueva candidatura presidencial consiga trampolín. Por encima de todo sería un homenaje merecido a una vida pública que todavía promete exquisitos sobresaltos. A él se le podría pedir, si hay unanimidad liberal para hacerlo, que le preste éste servicio al país, a cambio, claro, del poder que desde luego trae implícita la Designatura.

Es irónico. Pero cuatro años después de haber pronunciado su histórica frase en relación con el entonces pre-candidato Virgilio Barco, al expresidente liberal se le podría aplicar su propia fórmula frente a la Designatura: ¿Si no es López, quién?
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