Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2007/10/27 00:00

Y después de Uribe ¿qué?

Rocío Pachón dice que cualquiera que sea el escenario 2010, con o sin Uribe, las consecuencias políticas del prematuro debate acerca de una posible reelección están afectando el tiempo presente

Y después de Uribe ¿qué?

Una semana en economía es largo plazo y una semana en política es un abrir y cerrar de ojos (John Dunn)

Todo en política y en economía es timing. Los tiempos electorales afectan los tiempos económicos. En Colombia esta dinámica se ha adelantado a las reglas de su calendario. Hoy los mundos de la política y de la economía ya se están preguntando: Y después de Uribe ¿qué? Aunque dicho interrogante merece respuesta, otra pregunta que debe orientar el análisis es: ¿De qué manera tal preocupación por el futuro está afectando los escenarios políticos y económicos del presente?

En plenas campañas para elecciones regionales el tema sobre si habrá o no un cuatrienio o más de Uribe está pisando fuerte. En términos políticos, es claro que las especulaciones y la posición del partido de La U acerca de un tercer mandato de Uribe ha elevado los ánimos –o la cólera entre gobierno y oposición–. Al lado de los cuestionamientos que despiertan los debates entre Peñalosa y Moreno por un lado, o entre los candidatos a gobernadores y alcaldías municipales por el otro, también han surgido nuevos interrogantes: ¿Cómo habría un cambio constitucional favorable a otra reelección?, ¿cuáles serían los costos para la democracia y el país de este paso?, ¿de qué manera Uribe lograría mantener el apoyo ciudadano para legitimar un nuevo período? o, ¿cuáles serían los límites de su mandato? Quizás un gobierno pro-tempore de cuatro años o uno ilimitado a la manera chavista.

Cualquiera sea el escenario 2010, uno con o sin Uribe, las consecuencias políticas del prematuro debate acerca de una posible reelección están afectando el tiempo presente. Se ha acelerado el cronograma político de la especulación y la incertidumbre. Se ha abierto la puerta de las apuestas, los cálculos, las alianzas y hasta los coqueteos. Es más, se ha empezado a jugar con la estrategia de cultivar en los subconscientes de los ciudadanos la idea de que los problemas de Colombia necesitan otros tiempos de mano dura y corazón grande. Como lo advirtió el semanario Semana hace un tiempo, se ha llegado a plantear la idea exagerada de que “si no Uribe, no hay con quien”.

Un escenario de reelección, adicionalmente, se podría traducir en que las metas trazadas para 2010 no serán alcanzadas. Que se necesita un tiempo extra para culminarlas. El problema de ello es que las segundas partes generalmente son problemáticas y las terceras son tragedia. Y frente a ello, el segundo período de Uribe no parece ser la excepción. El escándalo de la para-política, las reducciones al presupuesto en el monto asignado al Plan Colombia, los bloqueos y exigencias al TLC y más recientemente, el debate en torno al acuerdo humanitario son asuntos que han afectado la imagen y el ejercicio político del mandatario.

El quinto año de Uribe ha estado lleno de varios desaciertos Sin entrar en detalles, muchos de ellos se han ubicado en la esfera de la política exterior. Para la muestra, está la decisión de permitir que Chávez juegue un rol de mediador en el tema del acuerdo humanitario. Al respecto, muy pocos se han preguntado cuáles son las consecuencias de que el discurso de socialismo en el siglo XXI tenga espacios en el país. Éste ya logró el apoyo del casi 90 por ciento de los venezolanos, el de la mayoría de los ecuatorianos, los bolivianos y los nicaragüenses, y ahora tiene micrófonos en territorio nacional.

Sin embargo, paradójicamente, a pesar de estos desaciertos, en el panorama económico los inversionistas necesitan continuidad de Uribe, para seguir invirtiendo en Colombia.

Pasando al espacio económico, los buenos resultados del crecimiento nacional han dado al gobierno Uribe credibilidad. Un cambio de mandato a partir de 2010 genera, más bien, desconfianza en inversionistas nacionales y extranjeros. No hay mayor duda de que las políticas de Uribe para incrementar la inversión privada y extranjera han sido los principales sustentos del buen crecimiento económico que ha tenido el país en las últimas décadas. Otros indicadores también han sido las mejoras en la capacidad productiva y productividad, el consumo privado, y los términos de intercambio.

Con Uribe el rendimiento aceptado (rentabilidad) y el riesgo aceptado (incertidumbre) han mejorado. Como lo ha asegurado el mandatario, la inversión privada “lleva cinco años creciendo a tasas de dos dígitos” y la inversión extranjera “se ha multiplicado por cuatro” en los últimos años. De acuerdo con las cifras que señalan algunos estudios del Banco de la República, el aumento de la inversión privada en 2006 con respecto a 2005 fue de 18,5 por ciento, y en el primer semestre de 2007 estuvo 20 por ciento por encima del mismo período de 2006. Este dinamismo de la inversión privada ha sido estimulado por buenas perspectivas de crecimiento económico, mejoras en seguridad y confianza, estímulos tributarios, y por la combinación de tasas de financiamiento históricamente bajas con una apreciación real del peso. La pregunta a plantearse, por lo tanto, es si dichos factores dependen de las políticas del Presidente o de simples factores externos que se alinearon a favor de Uribe. Con la respuesta a esta pregunta en mano, sería interesante saber si existe la posibilidad de que el próximo Presidente se desvíe de las políticas de Uribe que han generado estos factores positivos para la economía nacional.

Desde un ángulo positivo, resulta complejo insinuar que algún desvío ocurra. El país cuenta con un Banco Central firme y autónomo, y una autoridad de supervisión financiera que mejora y hace más fuerte el marco regulatorio. Adicionalmente, desde una lógica racional, cabría pensar que las políticas exitosas de un gobierno tienden a permanecer con su sucesor. Más cuando de lo que se trata es de la recuperación económica, pilar esencial de todo gobierno.

En economía, a diferencia del escenario político, aún no es claro que la incertidumbre de quién será el próximo Presidente esté frenando su buen desempeño. Sí es claro, no obstante, que los agentes económicos se interroguen cada vez más por este tema. Ello podría empezar pronto a afectar el clima de los negocios. Por tanto, es importante que la baraja de posibles candidatos para 2010 empiece a esbozar sus propuestas para las elecciones.

Estas propuestas, sean del partido de gobierno o de la oposición, no se deberían desviar de temas tan críticos como el sostenimiento de las finanzas públicas, la independencia del Banco Central y su compromiso con el mantenimiento del poder de compra de los colombianos, la defensa del territorio nacional, la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico, las negociaciones de tratados de libre comercio, la disciplina fiscal y el apoyo al sector privado.

En conclusión, si bien para la economía son importantes los tiempos futuros, el presente, el punto móvil entre el pasado y el futuro, es el punto de referencia de la política democrática y de sus análisis. Es importante evaluar el tiempo en el que vivimos. Ver el aquí y ahora limitaría especular sobre el futuro y, por el contrario, permitiría prepararnos para enfrentarlo.

*Profesora de la Universidad del Rosario
MSc in latin American studies, Universidad de Oxford

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