Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2016/05/12 19:14

La venta de la ETB

Una decisión tan importante no puede reducirse a cuarenta concejales y el alcalde. Que hable la ciudadanía.

Diego Otero Prada. Foto: justiciatributaria.co

El alcalde Enrique Peñalosa vuelve a sus andanzas privatizadoras. Como en su primera administración de 1998-2000 falló en la idea de privatizar la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá –ETB-, ahora vuelve a insistir neuróticamente en llevar a la realidad ese deseo reprimido.

El alcalde es un empedernido privatizador. Fue famoso por iniciar las  descapitalizaciones de las empresas de energía del distrito  -Emgesa (generadora) y Codensa (distribuidora)-, que consistieron en regalarles a los españoles, chilenos y colombianos  dueños de estas compañías, más de 1.000 millones de dólares con el argumento de que estaban sobrecapitalizadas, que tenían una caja entrampada, de unos dineros sobrantes que no podían utilizarse sino repartiéndose esa plata en partes iguales entre la multinacional Endesa y  la Corporación Financiera del Valle, por una parte , y el distrito por la otra. El argumento era que esa plata era mejor utilizarla para invertir en Bogotá, no importando el regalo navideño para la multinacional extranjera.

Nunca pensaron que esos recursos podían quedarse en Bogotá,  invirtiéndolos en generación de energía eléctrica y en fuentes nuevas y renovables de energía. Si esto se hubiera hecho hoy tendríamos una situación eléctrica diferente, con un porcentaje alto en energías eólica y solar y mayores utilidades para distribuir.

Hoy se habla de nuevo de privatizar la ETB, a  ver si esta vez le apunta bien Peñalosa, con el mismo argumento del gobierno nacional para privatizar Isagén: que los recursos que se obtengan con la venta son para invertir en Bogotá. E, igualmente, los argumentos para oponerse a esta venta de la joya de la corona en Bogotá son los mismos que hicimos para oponernos a la privatización de la generadora Isagén.

La ETB  es una empresa estratégica en el sector de telecomunicaciones de Colombia que atiende uno de los mayores mercados del país, se ha modernizado y está en el momento de aprovechar las inversiones realizadas en los últimos años para crecer y obtener buenas utilidades

Como con Isagén, existen otras fuentes de financiación para el plan de inversiones de Bogotá: 1) Endeudamiento pagando el préstamo con las utilidades futuras de la ETB y 2) Venta un 35 por ciento de la ETB, de tal manera que el Distrito siga mayoritario, y para el resto hacer un préstamo.

En el caso de la ETB se observa una política de criticar a la empresa por el actual gerente para justificar su venta, es decir, buscan el típico argumento para  deshacerse de una empresa pública: denigrar de ella y mostrar que es ineficiente.

En realidad lo que falta es una buena política de mercadeo ya que la empresa se modernizó y tiene una tecnología avanzada. Pero como en el caso de Isagen, no valen los argumentos cuando hay una decisión de vieja data del nuevo alcalde de deshacerse de todo lo público en Bogotá. Seguramente no le va a alcanzar el tiempo,  puesto que por él vendería también la Empresa de Acueducto y Alcantarilla de Bogotá-EAAB, la empresa transportadora de gas natural y cualquier otra empresa pública distrital. Pero no va a tener el tiempo para ello y se concentrará en deshacerse de la ETB, su idea fija, como las del Transmilenio por la séptima, el metro elevado y la utilización de la reserva de Thomas van der  Hammen para construir vivienda.

La ETB en los últimos años invirtió más de 1,9 billones de pesos en nuevas tecnologías de telecomunicaciones que la ha hecho una empresa moderna, inversiones que no dan resultado inmediato sino que es una cuestión de tiempo que no entienden los privatizadores. En efecto, los ingresos crecieron solamente 2,25 por ciento al pasar de 1.483 a 1.516 miles de millones de pesos. Por supuesto, se trata de tener una correcta estrategia comercial pero lo que hay que resaltar es que la empresa ya tiene las bases tecnológicas adecuadas para poder competir en el mercado. Igualmente, tener una política  de eficiencia organizativa y de buena atención al usuario como corresponde a  una empresa de servicios públicos.

Otro punto: una empresa pública en este negocio de telecomunicaciones sirve para controlar a las empresas multinacionales y evitar que se aprovechen de los usuarios al ofrecerse otra  alternativa.

Igualmente se está jugando con los estados financieros estimados con la nueva metodología de las Normas  Internacionales de Información Financiera -Niif- que hace ver pérdidas en 2014 y 2015 de 37 y 38 millones respectivamente. Pero esto se aplica para todas las empresas del país. Es decir, con las nuevas normas de contabilidad la situación financiera de las empresas cambia totalmente y muchas aparecen dando pérdidas cuando antes daban utilidades con la antigua metodología. Habría que ver qué pasaba con la anterior metodología para tener una base correcta  de comparación. Pero al no hacer esta distinción se sacan conclusiones incorrectas. También hay que señalar que en los costos operativos aparecen costos correspondientes al desarrollo de las nuevas tecnologías que no se han reflejado aún por mayores ingresos, lo que afecta el estado de resultados.

Como con Isagén, hay que discutir la conveniencia de deshacerse de la ETB. Es una decisión que debe ser objeto de la participación de toda la ciudadanía, no solamente de los concejales. Hay que oír  al sindicato, a los técnicos, a los partidos políticos, a las organizaciones sociales y a la ciudadanía. Una decisión tan importante como esta no  puede reducirse a cuarenta concejales y el alcalde.

*Exministro de Minas y Energía

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