Colombia se ha convertido en un país inseguro por excelencia. Diariamente, los colombianos se ven abocados a sufrir en carne propia el accionar de delincuentes que, sin ningún temor, matan, hurtan, extorsionan, violan y secuestran, todo esto ante un gobierno que, cual espectador, parece justificar este accionar en “muchachos sin oportunidades”, al punto de subsidiarlos con un millón de pesos.
Ante esta realidad inexorable, miles de personas a lo largo y ancho de la geografía nacional han hecho lo básico: instalar en sus hogares y negocios cámaras de seguridad. Sistemas cerrados de televisión improvisados para intentar espantar el crimen o, al menos, dejarlo registrado.
Por eso, cuando el nueve de abril de este año empezó a circular la noticia de que en plena cárcel de Itagüí había habido una parranda vallenata con cantante famoso y servicio de catering tipo hotel de lujo, con abundancia de licor y droga, nos preguntamos lo obvio: ¿dónde quedaron los registros fílmicos del magno evento? Pues resultó que aquellos no existían, ya que desde 2023 el Gobierno no había tomado las acciones necesarias para que en dicho centro penitenciario hubiera un circuito cerrado de televisión.
Parece difícil de creer. Desde hace tres años, el instituto penitenciario en el que purgaban sus penas los criminales más temibles de Antioquia estaba sin cámaras. Sí, esos mismos criminales que están en un inexplicable proceso de negociación con el gobierno campeaban a sus anchas por su presidio, con un grado de privacidad que no tiene ningún ciudadano libre. Al fin y al cabo, a diferencia de la cárcel de Itagüí —se insiste—, las calles sí están repletas de cámaras.
Ante la indignación colectiva por la ausencia de cámaras, la respuesta del gobierno vino en cabeza del ministro de Justicia, Jorge Iván Cuervo. Cito textual el mensaje que publicó en la red social X:
“—No hay cámaras de seguridad en cárcel de Itagüí. - Escándalo nacional.
—Se instalan las cámaras. - A nadie le interesa.”
Yo también tuve que revisar varias veces que no fuera una noticia falsa. Dejo el enlace para quienes no den crédito: https://x.com/cuervoji/status/2050235986928382417?s=20.
Ni siquiera en este accidentado Gobierno, que ya completa 65 ministros y 134 viceministros, se había visto algo así: que un funcionario le exigiera a la opinión pública un reconocimiento por la elemental labor de gestionar un contrato para instalar unas cámaras en una cárcel. Y más si se tiene en cuenta que fueron los antecesores de ese ministro —Ángela Buitrago, Eduardo Montealegre y Andrés Idárraga— quienes no se percataron, esperemos que por incompetencia, de que en la cárcel en la que el Gobierno negociaba con las altas esferas de la criminalidad paisa no había ni una cámara.
Y aquí entonces viene el objetivo de esta columna: rendirle el homenaje que merece el doctor Jorge Iván Cuervo por tan encomiable labor, que pasará a los anales de la contratación pública por su complejidad técnica, jurídica y financiera. Obras del calado de la Línea 2 del Metro de Bogotá, el tren de cercanías del Valle del Cauca, el drenaje del Canal del Dique o el Regiotram de Occidente palidecen ante la envergadura de la instalación de unas cámaras, que ni los toderos de unidades residenciales —a estas alturas, doctos en la materia— podrían instalar tan bien.
Ahora bien, es cierto que el ánimo de protagonismo del doctor Cuervo se ve opacado por el nivel de sus compañeros de gobierno. Difícil sobrepasar en méritos a personas de la estatura intelectual y moral de Juliana Guerrero, imputada por presuntamente falsificar su título universitario; Daniel Rojas, ministro de Educación, que fracasó en la sustentación de su tesis de maestría por incapacidad argumentativa; o Guillermo Alfonso Jaramillo, ministro de Salud, que tiene a los colombianos mendigando por medicamentos. O el mismo Armando Benedetti, que, a pesar de haber salido en un audio diciendo que su jefe, el presidente Petro, tiene problemas de adicciones y recibió dineros espurios para su campaña, fue nombrado ministro del Interior. Duros contrincantes para sobresalir por gestión, pero el ministro Cuervo no se dejó echar tierra.
En todo caso, en cincuenta años, cuando volvamos la vista atrás al gobierno de Petro, la “megaobra” de las cámaras de Itagüí tendrá que aparecer en la cumbre de ejecuciones de esta administración. Se opacarán con esa gestión la paz total y su avanzada terrorista por todo el país, la crisis fiscal que ya hipotecó el futuro de millones de jóvenes colombianos, la crisis en la salud que destrozó un sistema que funcionaba con sus más y sus menos, o tantas otras ejecuciones que han hecho de este país un peor lugar desde que Petro llegó al poder.
Al final, espero que el doctor Cuervo reciba su reconocimiento: que el entramado de cámaras de la cárcel de Itagüí pase a llamarse, de ahora en adelante, “Sistema Cerrado de Televisión Jorge Iván Cuervo”. A ver si el ministro recibe el crédito que tanto echa de menos. Una recompensa a la altura de su labor.
