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Opinión

  • | 2014/07/24 00:00

    El duro camino de James en el Real Madrid

    En España, James, a pesar de sus pergaminos tiene un reto muy severo. El entorno del Real Madrid no ha sido nunca fácil para jugadores de su categoría.

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James Rodríguez, el virtuosísimo “10” colombiano, tiene todas las cualidades para triunfar en cualquier club del mundo. Posee talento, carisma y juventud. Pero para triunfar en un Club que, fue galardonado por la FIFA con el trofeo del mejor equipo del siglo veinte, se necesita más que eso. Demanda carácter y una voluntad de hierro para no estrellarse contra una piedra.  

En Clubes como el Barcelona y el Real Madrid los jugadores se encuentran al vaivén de las rivalidades entre los directivos, las rencillas dentro del vestuario, la implacable crítica deportiva y los altibajos de los aficionados. En estos equipos se puede pasar de héroe a villano de la noche a la mañana o viceversa. La complejidad de estos clubes hace que en un abrir y cerrar de ojos se deshagan de goleadores emblemáticos como Raúl González o Samuel Eto’o con la misma indiferencia con la que se tira un kleenex al cesto de la basura.  

El colombiano Fredy Rincón, considerado en su momento como uno de los mejores jugadores del mundo, fracasó en el Real Madrid y pasó por momentos difíciles cuando recibió inclementes ataques racistas por parte de los hinchas. Rincón salió de España por la puerta de atrás y recaló en Brasil donde se convirtió en el legendario capitán del Corinthians, club con el que ganó la primera Copa Mundial de Clubes de la FIFA. Mientras que en el Real Madrid fracasaba los brasileños, en cambio, barajaron la idea de nacionalizarlo para que vistiera la casaca que alguna vez lució Pelé.

El Real Madrid y el FC Barcelona guardan una rivalidad histórica que va más allá del futbol. Ambos clubes poseen unas chequeras que parecieran no tener techo. En ocasiones contratan a una promesa del futbol sólo para sacarlo de circulación y evitar que el adversario lo lleve a sus filas. Isco, el Golden boy 2012, fue ignorado por el entrenador Carlos Ancelotti a pesar de su refinada técnica y luego tuvo que reconocer ante el público la injusticia que estaba cometiendo al tenerlo en el banco. 

Entrenadores, como Ancelotti o José Mourinho, que han dirigido oncenos millonarios y ganado títulos con ellos, se dan el lujo de sentar a un crack simplemente porque les da la gana o no les cae bien. Mourinho, en contravía a lo que pedían los aficionados y la crítica deportiva, ignoró a Iker Casillas. El correcto Pep Guardiola se deshizo de Zlatan Ibrahimovic por razones distintas a su calidad futbolística. 

Por el Real Madrid pasaron sin pena ni gloria jugadores que lucieron y ganaron galardones en otros clubes y en otras ligas. Anelka, Eto’o, Baptista, Metzelder, Sneijder, Owen y un largo etcétera, son algunos de los casos en los que los “asuntos del Club” fueron superiores a ellos. El holandés Arjen Robben, la figura del Bayern de Múnich y uno de los jugadores más destacados del pasado mundial, se fue del Real Madrid porque el cuerpo técnico no le daba minutos en el césped del Bernabéu.

Hay que tener exquisita técnica y el carácter, léase bien, el carácter, de hombres como Hugo Sánchez, Valdano, Figo, Zidane, Mijatovic, Roberto Carlos, Ronaldo Nazario, Seedorf o Zamorano para mantener la titularidad y enfrentar la adversidad que unas veces llega por cuenta del técnico o el vestuario y en otras por cuenta de la despiadada crítica deportiva o la hinchada. En el Bernabéu o en el Camp Nou un jugador debe estar preparado para que coreen su nombre o lo rechiflen en un mismo partido. En la vida de estos clubes no hay término medio.

Una plantilla como la del Real Madrid que gastó más de 200 millones de euros en salarios en la pasada temporada (2013-2014) dice mucho. La mayoría de jugadores son tratados por los medios y sus seguidores como vedettes y por tanto el vestuario, a pesar del profesionalismo que se pregona, se vuelve una suma de egos. Celos de protagonismo entre los que son y los que llegan. Hay futbolistas que pueden sentirse ignorados. 

Los colombianos y colombianas en España se vuelven seguidores de los clubes de las ciudades en las que residen. James Rodríguez, la revelación del mundial de Brasil, es la carta colombiana más costosa que ha recalado en la liga española. Falcao, con 68 dianas convertidas en dos temporadas, dejó huella y ganó títulos con el Atlético de Madrid. Carlos Bacca alzó la Copa de la UEFA con el Sevilla y,  con 21 goles en su primera temporada, se vuelve indispensable en el equipo andaluz.

James Rodríguez es un triunfador. Levantó trofeos con el Porto y será recordado por la gente de Oporto como a uno de los suyos. En el Mónaco comenzó en la banca por decisión del técnico pero redondeó la temporada con un brillante desempeño. En España, James, a pesar de sus pergaminos tiene un reto muy severo. El entorno del Real Madrid no ha sido nunca fácil para jugadores de su categoría.

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