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Opinión

  • | 1996/01/15 00:00

    EL NUEVO ESPECTADOR

    ¿En qué anda 'El Espectador', entonces? Esta pregunta es legítima si tenemos en cuenta la trayectoria del matutino.

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ENERVADOS ESPERAMOS ENLACE EL ESPECTADOR ENTRESIJOS ESTADO EJERZA EMPEQUEÑECIMIENTO EFECTO EJERCICIO EMANCIPACION EDITORIAL. PUNTO. ESPECTADORES.
Este podría ser el mensaje navideño de sus admiradores al matutino bogotano en estas navidades de enrarecido ambiente político y confusión nacional. Un mensaje navideño, sin embargo, que está lleno de interrogantes, frente a la posición editorial asumida por el diario en los últimos días, que a más de uno ha obligado a levantar la ceja en señal, si no todavía de desaprobación, sí de gran sorpresa.
Primero vino el francote editorial en el que El Espectador hizo públicas sus dificultades económicas, pero en el que refrendó su independencia editorial. Nos quedó claro, a sus lectores, que en el diario seguían mandando los Cano, y que no habría ninguna entrega periodística a cambio de la solución del problema. Pero a los pocos días comenzaron los titulares que iban en contravía de la posición anterior.
El domingo 10 decía su primera página: "Se derrumba novela de Medina". La noticia que seguía aludía a la posición que comenzaba a asumir la Comisión de Acusaciones, con base en el tristemente célebre concepto de Heine Mogollón. Con este titular, casi un editorial, el diario le dio un firme espaldarazo al Presidente, y al mismo tiempo una bofetada al Fiscal, que días antes le había asignado al ex tesorero de la campaña samperista su casa por cárcel, sobre la base de un testimonio que lo que menos debió tener fue de novela, desde que le mereció a Valdivieso Sarmiento la valoración de una información lo suficientemente documentada y sustanciosa para hacer merecedor a Medina de este beneficio contemplado por la ley.
Luego el diario le abrió sus páginas al abogado del Presidente, para que, violando la reserva del sumario, el doctor Cancino revelara su alegato ante Mogollón, bajo el título: "Cancino controvirtió uno a uno los cargos aparecidos en el expediente adelantado por Mogollón". Generoso titular, claro. Porque ni Mogollón elevó cargos, ni practicó prueba alguna distinta de la recopilación de unos testimonios que no encontraron contrapreguntas de ninguna especie, ni Cancino controvirtió nada. Por el contrario, en una típica y legítima jugada de abogado penalista, se concentró en recalcar las inconsistencias de Medina, que, en honor a la verdad, existen, pero son insignificantes al lado de todo el resto de información sustentada y documentada entregada por el ex tesorero a la Fiscalía.
Finalmente, el martes 12, El Espectador absolvió al Presidente con este otro titular: "Quedaron sin piso pruebas contra Samper". Pruebas que jamás se practicaron por parte de Mogollón o de la Comisión de Acusaciones, pero que en cambio han atraído 24 horas al día la atención de la Fiscalía, y que muy seguramente se verán reforzadas con el testimonio de Pallomari, que Mogollón no esperó porque tenía mucho afán de lo que sabemos.
¿En qué anda El Espectador, entonces? Esta pregunta es legítima si tenemos en cuenta la trayectoria del matutino. Hace 25 años era el diario de mayor circulación en el país. Pero probablemente por cuenta de equivocadas decisiones administrativas, que no contaron con que la importancia de los diarios de provincia aumentaría día a día arrinconando cada vez más la circulación de El Espectador en torno de Bogotá, su penetración en ciudades distintas a la capital fue mermando, hasta colocarse en las cifras actuales, que según me dicen, son la mitad, o menos, de las registradas por su archirrival, el periódico El Tiempo.
Pero a El Espectador hay que reconocerle que durante su existencia ha asumido osados riesgos en su persecución de la innovación tecnológica. Fue el primero en Colombia en estrenar linotipos electrónicos. Fue el primero en el mundo en utilizar una rotativa de doble ancho. Ha sido el único diario nacional que, aunque fallidamente, ha intentado implantar en Colombia el modelo gringo de la edición dominical distribuida el sábado por la noche. Y recientemente ha registrado gran éxito con su suplemento salmón dedicado a temas económicos, obligando a El Tiempo a imitarlo.
Pero ante todo, El Espectador se había posicionado como un diario que no traga entero, con una postura editorial independiente, y casi que de permanente oposición, que tanto contraste logró crear frente a las épocas más oficialistas de El Tiempo.
Y entonces llegó el descalabro del noticiero matutino, que tiene que haber contribuido grandemente en los problemas económicos por los que atraviesa actualmente el diario de los Cano. El gobierno ha tenido que salir a echarle mano adjudicándole al diario otros espacios televisivos en triple A (abandonados por Cinevisión) que compensen las pérdidas del noticiero. Pero además, en una ambiciosa meta de diversificación, se han unido con el Grupo Santo Domingo para licitar un canal privado, y aspiran a obtener una licencia radial FM en la próxima licitación que abrirá el gobierno.
Editorialmente El Espectador ha dejado claro que por ahora se las ha arreglado para mantener su independencia frente a los grupos económicos, y asumimos que es cierto que ninguno lo controla. Pero a cambio de que no lo controle Santo Domingo, El Espectador no se puede resignar a que lo controle Ernesto Samper. Porque eso, cuando empieza a pasarle a un medio de comunicación, se nota.
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