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Opinión

  • | 2012/02/04 00:00

    El olvido de Maza

    La pregunta no respondida es por qué alguien con la experiencia del general Maza encargó la seguridad del hombre más amenazado de Colombia a alguien con antecedentes tan poco claros.

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El general retirado Miguel Maza Márquez dijo en la última SEMANA que nunca se reunió con doña Gloria Pachón de Galán para hablar de la escolta de su esposo. La viuda de Luis Carlos Galán sostiene otra cosa: ella recuerda que el entonces director del DAS acudió al pequeño apartamento que usaba Galán como oficina y allí escuchó las quejas de ella y del candidato ante el remplazo del jefe de escoltas Víctor Cruz por Jacobo Torregrosa.

De acuerdo con la versión de ella, Maza habló muy poco en la reunión. Sin embargo, recuerda doña Gloria que el general afirmó que Torregrosa era un hombre capacitado y de su total confianza.

El general retirado sostiene, en cambio, que sustituyó a Víctor Cruz por petición del propio Luis Carlos Galán. Según Maza, el candidato decía que Cruz era chismoso y se metía en su vida personal. Asegura también que le dio a Torregrosa la responsabilidad de cuidar al candidato más opcionado para ganar la Presidencia simplemente porque se lo recomendó el coronel Manuel González, jefe de protección del DAS.

Maza, un hombre entrenado en inteligencia, siempre ha tenido una memoria portentosa. Doña Gloria, tal como lo apunta con agudeza el entrevistador de SEMANA, no tiene razón alguna para mentir. Como si fuera poco, Lucy Páez, quien fuera secretaria privada de Luis Carlos Galán, recuerda de manera clara esa reunión. Otro testigo llamado Ramiro Barragán Rozo también confirma la existencia del encuentro.

Parece un detalle menor, pero siguiendo ese hilo puede llegar a conocerse la participación de miembros de los cuerpos de seguridad del Estado en el magnicidio.

Jacobo Torregrosa Melo no era un experto en protección de dignatarios. Antes de su designación como responsable de la seguridad de Luis Carlos Galán, se encargaba de vigilar edificios. Había sido teniente de la Policía y pocos se explican cómo había logrado entrar al DAS porque su hoja de vida registra varias amonestaciones. Entre otras, una “por ocultar al superior irregularidades durante su servicio”, lo cual le ocasionó sanción de arresto severo.

Salió de la Policía en 1972 haciendo parte de la ‘Lista 4’ que era la clasificación para miembros de la institución con rendimiento deficiente.

Nadie sabe qué hizo el señor Torrregrosa entre 1972 y 1989. Su hoja de vida tiene 17 años perdidos.

Familiares, antiguos escoltas y miembros del equipo de campaña de Luis Carlos Galán, aseguran que Torregrosa trató de alejar del candidato a los guardaespaldas más antiguos y dio órdenes que debilitaban la efectividad del esquema.

El comandante de la Policía de Soacha, capitán Luis Felipe Montilla, afirmó en el proceso que el 16 de agosto de 1989 –dos días antes del magnicidio– se reunió con Torregrosa, quien le pidió que fabricaran pancartas con palos gruesos, que él mismo había mandado a hacer, supuestamente para camuflar a agentes de civil que vigilarían al candidato.

El día del crimen, el 18 de agosto de 1989, Torregrosa decidió de manera inusual ponerse un chaleco antibalas. Los sicarios le dispararon a Galán envueltos en una pancarta mientras el jefe de escoltas estaba encerrado en un carro blindado.

Uno de los asesinos, Jaime Eduardo Rueda Silva, conocido precisamente como ‘el hombre de la pancarta’ contó años después en una carta que en el crimen habían participado oficiales activos.

El jefe del grupo de sicarios, Jaime Eduardo Rueda Rocha, aseguró que conocía a Jacobo Torregrosa y que su patrón, el paramilitar Henry Pérez, aseguraba que era un consentido del general Maza.

Muchos indicios señalan al jefe de escoltas, fallecido a comienzos del año 2000, como parte del grupo ejecutor del magnicidio.

La pregunta no respondida es por qué alguien con la experiencia del general Maza encargó la seguridad del hombre más amenazado de Colombia a una persona con antecedentes tan poco claros.

Es la Justicia la que debe determinar si el exdirector del DAS participó o no en el crimen. No le sirve a la verdad que la defensa del general haya buscado, y siga buscando, la prescripción del caso.
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