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Opinión

  • | 1998/02/09 00:00

    EL PROGRAMA DE NOEMI

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La lógica indica que cuando uno habla a estas alturas de la campaña presidencial del programa de Noemí, sea para referirse a sus propuestas para ganar las elecciones y gobernar el país. Pero como ocurre en la Colombia de Samper, en la que todo es pequeño y confuso, el programa de Noemí al que me refiero es a un programita de televisión bonito e inofensivo, que fue transmitido el pasado 5 de enero y que ha despertado una fuerte controversia caracterizada por una gran dosis de hipocresía.De inmediato se dijo que el programa había violado el equilibrio político en televisión. Para comenzar, aplicar termómetros políticos a la programación de TV es una tendencia muy colombiana que se acerca peligrosamente a los límites de la libertad de prensa, pero que además, generalmente raya en lo ridículo. Para implementar el mencionado termómetro se han propuesto varias inteligentadas en los últimos años. Una es la de obligar a los noticieros a que, si sacan a un candidato en una emisión porque fue noticia, tengan que sacar necesariamente a todos los demás, así no sean noticia, lo que convierte la información política de los noticieros en boletines oficiales de las campañas, sin ningún lugar al análisis político. Pero la mayor inteligentada, inventada por alguien que se libró de dejar su nombre escrito, es la de llevar rigurosamente el tiempo que cada noticiero le dedica a cada candidato. Eso permite que los informativos resalten las facetas más desfavorables de un determinado candidato, siempre y cuando le dediquen a eso más tiempo que a promover los aciertos de los demás. Hay mil ejemplos, pero recuerdo uno muy divertido, durante la campaña Alvaro Gómez-Barco: un noticiero le dedicó tres minutos a una nota en la que entrevistó a homónimos de Alvaro Gómez, que se lamentaban, siendo antialvaristas, de llamarse igual al candidato. Simultáneamente le dedicó 30 segundos a un discurso de Virgilio Barco en una plaza absolutamente llena en Barranquilla. Adivinen, con una diferencia de dos minutos y medio de una nota a otra, cuál era el candidato favorito del mencionado noticiero...Puedo citar también un ejemplo reciente de la semana pasada. Alguno de los nuevos noticieros informó que el candidato Harold Bedoya había pedido investigar a Samper por proselitismo político a favor de Serpa, "pero tan de malas", añadió en tono burlesco el informativo, que "la demanda la presentó ante quien no era". La nota duró un minuto. Luego entrevistó a Serpa insultando a Bedoya, y llamándolo "macho trapo". Sus declaraciones duraron 15 segundos. Con un mes de truquitos semejantes, este noticiero, de claro corte samperista, será absuelto de estarle haciendo campaña al candidato oficial. Lo dice el termómetro de la política en televisión. A Noemí Sanín están intentando hacerle lo mismo. Con esa mirada de inquisidor que ha cogido el comisionado de televisión Alvaro Pava, un enamorado del termómetro de marras, salió declarando que se hará una rigurosa investigación de los hechos, porque el pasado 5 de enero una programadora emitió un espacio dedicado a la campaña presidencial de la candidata. Según el inquisidor, la programadora no podía hacerlo, a no ser que planeara lo mismo con todos los demás. Esta última salida le garantizará a la programadora su absolución de un crimen inexistente, pero condenará a los televidentes a aburrirse todavía más con la actual programación, ahora conminada a filmar programas proselitistas para escapar de la mirada inquisidora del comisionado Pava Camelo. Al inquisidor se le escapó, sin embargo, una nota maravillosa que todos los noticieros que se estrenaron el primero de enero presentaron idéntica, como si la hubiera mandado la campaña del candidato oficial: Serpa quemando la noche de año nuevo un muñeco de trapo accidentalmente muy parecido a él, que decía: "Abajo el continuismo, la corrupción, la carestía, la politiquería, las maquinarias...". ¿Sería que los demás candidatos no pasaron año nuevo en Colombia, o que no tienen noticieros amigos? En toda la polémica contra el programa de Noemí, como decía al principio, hay grandes dosis de hipocresía. Si de verdad la anterior adjudicación hubiera sido apolítica, sería legítimo exigir equilibrio entre los candidatos. Pero sabemos que fue una adjudicación gobiernista, tendiente a absolver políticamente a Samper y ayudarle a la candidatura de Horacio Serpa. Esa es una verdad oficial, incontrovertible, que no admite prueba en contrario. Es tremendamente hipócrita entonces que mientras la adjudicación cumple su cometido, ensalsando a Samper y a Serpa, se persiga inclementemente a quienes, estando en la oposición, no tienen un solo espacio adjudicado, como Noemí, Valdivieso, Juan Camilo, Carlos Lleras o Bedoya, cada vez que logren la hazaña de que algún programador se interese en sus méritos políticos, como es perfectamente posible en el mundo de la libertad de expresión.Que no es, claramente, el mundo de Samper y de Serpa, del inquisidor Pava ni de la actual programación de televisión.
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