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Opinión

  • | 1986/11/24 00:00

    EL "QUID" DE LA REFORMA

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Las reformas tributarias son tan aburridas, que les pas lo que a los panderos santafereños: que hay que mojarlos con algo para pasarlos.
Pero la que acaba de presentar el gobierno de Barco, sin embargo, vino con su propia salsa. El hecho de que haya provocado el apoyo silencioso de 106 conservadores, y las críticas directas de los liberales, indica que no se trata de una reforma cualquiera, y que su autor, el ministro de Hacienda César Gaviria, ha asegurado con ella el empujoncito que necesitaba para pasar a las ligas mayores del gabinete ministerial.
Como los conservadores callaron, probablemente porque la reforma se parece mucho a la que habrían puesto en marcha desde el gobierno, y como los liberales protestaron, precisamente por la misma razón, algo debe haber filosóficamente significativo en el contenido de la reforma. Algo que aunque no sea muy evidente a primera vista, podría estar entre las pocas cosas que todavía diferencian a nuestros partidos tradicionales.
A mí, debo confesarlo, que estoy más cerca a una simple contribuyente que a una experta en derecho tributario, hay varias cosas que me gustan de la reforma.
- Que es realista. Desde la poesía tributaria enunciada por la reforma de 1974, toda clase de ideas y teorías de todos los sabios del mundo sobre el sistema ideal de impuestos han sido ensayadas en el país. A la "reforma Gaviria" se le abona que, por lo menos, parece ser la más realista, porque reconoce las limitaciones que tiene el Estado para forzar el cumplimiento de esquemas tributarios que, si no se pueden hacer obedecer en países donde funciona la justicia y hasta hay cárcel para el evasor, menos aun en los países donde no. Por eso, en lugar de estrellarnos contra la pared, como en los doce últimos años de ensayos tributarios, esta reforma propone lo más lógico: practicar un sistema en el que existan menos posibilidades de elusión y evasión de impuestos, a cambio de tarifas tributarias mucho más razonables.
- Que es igualitarla. Una tremenda injusticia rige en el actual esquema tributario. Consiste en que a iguales ingresos no necesariamente corresponde la misma proporción de tributos. No es lo mismo ganarse cien mil en una empresa que paga la mitad como viáticos, que en una en la que todo se paga como sueldo. Cerrando los escapes legales -deducciones, exenciones, etc.-, a ingresos iguales, los colombianos tendrán tratamientos tributarios iguales.
- Que es racional. El actual esquema tributario premia el hecho de deber. Pero dependiendo de qué es lo que se deba. Si es una casa, los pagos están sujetos a exenciones, entre más cara sea la casa, pues mayores serán las exenciones. Pero en cambio, si lo que se debe es el carro que se necesita para trabajar, pues el Estado no lo premia. La nueva reforma corrige el irracional principio de que entre más deba una persona, mejor será su situación tributaria.
- Que es amistosa. Aunque fuertemente criticada, la amnistía tributaria que establece la reforma es más benéfica que perjudicial. No es lo mismo una amnistía que se concede cuando todo está estimulando a la fuga de capitales, que una que se concede cuando, como sucede ahora, la tasa de cambios se ha modificado y por consiguiente también las expectativas de los inversionistas en el exterior.
En cuanto a la crítica moralista de que la amnistía abriría la puerta a los dineros de la mafia, yo creo que los narcotraficantes no esperan a que haya una amnistía para traer su plata e invertirla en casas, fincas o ejércitos particulares. Las amnistías tributarias no les importan, porque los narcos no le rinden cuentas a la Administración de Impuestos y, menos aun, le pagan tributos.
En cambio, la amnistía propuesta es amistosa con quienes actualmente tienen dineros en el extranjero, pues les permite traerlos al país en busca de una mejor rentabilidad.
- Que es sencilla. Aunque parezca irónico, la compleja propuesta tributaria de César Gaviria es sencilla, y pretende introducir sencillez al sistema tributario. El hecho de que las tarifas del impuesto comiencen a aplicarse más sobre la realidad de los ingresos que sobre sus cálculos presuntivos, y de que una amnistía haga borrón y cuenta nueva con el pasado de los evasores, le quita a la oficina de impuestos esa especie de tara hacia atrás -reclamos, ejecuciones fiscales, investigaciones- que le impide administrar oportunamente lo que hay por estar persiguiendo fiscalmente lo que no hay. Y además, se eliminan las oportunidades de que Estado y contribuyente peleen sobre el impuesto que en cada caso corresponde aplicar al primero y pagar al segundo.
Pero lo que más gusta de la reforma es que nuestro sistema tributario está por fuera de las realidades del país, y esta brinda la oportunidad de que regrese a ellas.
Si el país la necesita, y el gobierno liberal la presenta, y el Partido Conservador la apoya, sería un error perder esta oportunidad unica y feliz. Mañana podríamos ser tratados como evasores. Ved los grillos y cadenas fiscales que nos gobiernan...
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