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Opinión

  • | 1986/09/29 00:00

    EL RALLYE DE LA DESIGNATURA

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Que ahora existan cinco candidatos a Designado y a nadie haya parecido importarle mucho, tiene una explicación sencilla: la de que tampoco le importaba a nadie cuando eran sólo cuatro.
La Designatura en Colombia se ha convertido en un título honorario. Y normalmente le sirve a su titular para una de dos cosas: o para jubilarse por lo alto, como Rafael Azuero Manchola o Víctor Mosquera Chaux, o como trampolín para la candidatura presidencial. a la manera de Alvaro Gómez y ahora, más recientemente, de Rodrigo Lloreda.
Pero es tanta la indiferencia que le produce al ciudadano común la identidad del designado, que nadie lo asocia ni de lejos con la posibilidad de que llegue, por un caso fortuito, a convertirse en Presidente de la República. Al fin y al cabo, el nombre del desiynado no se le consulta al pueblo, y a veces hasta se elije a sus espaldas.
En un régimen presidencial, como el nuestro, no resulta lógica la existencia de este híbrido constitucional: el Presidente es elegido por el voto directo de los ciudadanos pero quien potencialmente le sucedería en caso de su falta absoluta o temporal, es elegido por consenso de los padres de la patria.
Y en los métodos de persuasión de sus respectivos electores, también se diferencian: la campaña del candidato a Presidente consiste en echar discursos, y la del candidato a Designado en invitar a cocteles y repartir langostinos.
Estamos en las que estamos porque en el año de 1900 el señor vicepresidente Marroquín le dio un golpe de Estado al señor presidente Sanclemente. Desde entonces se consideró que la institución de la Vicepresidencia conllevaba demasiada tentación de poder para un temperamento "moderadamente ambicioso", y que debería reemplazarse por alguna modalidad menos arriesgada, llegándose a la fórmula sosa pero definitivamente más segura de la Designatura.
Pero hoy, en pleno año de 1986, con proceso de paz y binomio gobierno oposición a cuestas, no se justifica que sean los langostinos que saca el candidato a Designado de su bolsillo los que decidan la suerte de un país en vía de madurez política.
Por fortuna, se anuncia la presentación de un proyecto de ley para restaurar la figura del vice presidente. El argumento, según su ponente, el joven representante David Turbay, es el de que no tiene lógica que "el pueblo, en un momento determinado, se sienta y se vea gobernado por una persona a quien directamente no haya escogido para tal designio".
Lo mínimo que podemos hacer entonces, mientras recuperamos el derecho a elegir al suplente presidencial es revivir el interés por identificar a quienes aspiran a serlo. Sus nombres son los siguientes:
Diego Uribe Vargas: públicamente reconocido como un hombre honesto, estudioso y serio carece de proyección nacional. En su hoja de vida reúne las características de haber sido excelente profesor de derecho internacional, regular político y pésimo canciller. A pesar de que el Ministerio de Relaciones lo subió varios escalones en el ranking de la figuración nacional, él se encargó de volverlos a bajar y de regresar a la condición de político de talla local, entre otras razones por su aversión a la publicidad. Y esto le resta enormes posibilidades a su candidatura.
Alfonso Palacio Rudas: es lo que podría denominarse la "cuota intelectual" de los aspirantes a Designado. Demócrata y simpático, con una extensa lista de servicios prestados al Partido Liberal y un escaparate de lector incansable que inspira confiabilidad, si la Designatura fuera solamente un honor no hay duda de que se la merecería, como reconocimiento a una carrera pública distinguida. Sin embargo, por haberse separado del ejercicio de la política ha perdido la solidaridad parlamentaria. Y no es probable que la recupere, pues su personalidad no encaja con la repartición de langostinos. Por aspirar a la Designatura como un honor, no moverá un dedo para hacerse elegir, razón por la que muy probablemente no saldrá elegido.
Eduardo Mestre: aunque no lo conozco, y personalmente no tengo nada en su contra, pienso que las mismas razones por las que no fue nombrado ministro lo inhabilitarían para ocupar la Designatura. Pero, al mismo tiempo, si no le hubieran "barajado" el Ministerio, tampoco figuraría entre los candidatos a Designado. Tiene, técnicamente hablando, el mejor padrino político para sus aspiraciones: el contralor Rodolfo González. El poder que representan los 14 mil puestos bajo su cargo convierten a este último en la persona más influyente -por su poder de convicción sobre los parlamentarios- entre aquellos de quienes dependería la elección final del Designado, seguido muy de cerca por el Presidente de la República y finalmente por los ex presidentes liberales. ¿Se convertirá irónicamente Mestre, por esa especie de "repudio" presidencial de que fue objeto, en el candidato a Designado de los parlamentarios inconformes con la repartición burocrática del gobierno? El hecho de que la zambra parlamentaria del martes contra el ministro de Gobierno, hubiera sido encabezada por un representante de su grupo político y del contralor, así parecería indicarlo...
Hernando Durán: de lejos, Durán Dussán es el más lógico candidato, entre todos los que aspiran a la Designatura. Es serio, buen administrador, tiene noción de Estado, es sectario y competente, además de poseer una honestidad a toda prueba, ser directo y sincero y tener aura de viejo combatiente liberal perseguido -aunque también perseguidor. Ha intentado sembrar la idea de que aspira a la Designatura como el último honor, pero nadie se lo cree. Por el contrario, los aspirantes a la próxima candidatura presidencial lo ven con malos ojos, pues la Designatura le otorgaría automáticamente la categoría de pre candidato. Y la única manera de derrotarlo -aunque probablemente su nombre terminará imponiéndose al final- es inventarle otro candidato que despierte las menores resistencias entre los cuatro. He ahí la razón de que hubiera aparecido, como de la nada, el "quinto jinete", J.J. Turbay.
Juan Jose Turbay: aunque Barco oficialmente es neutral, se dice que de corazón estaría con esta candidatura. El problema es que Turbay, aunque una vez perteneció a la clase política, hoy es básicamente "un particular", y eso determina que sea poco conocido incluso entre la nueva generación de parlamentarios. Sin embargo, este ex congresista santandereano, maniático de la discreción, tiene suficiente hoja de vida y condiciones intelectuales para aspirar a la Designatura, aunque sea de los que tampoco repartirá un solo langostino para lograrla. Una vez Jorge Padilla lo comparó en un artículo periodístico con un gato que salta entre la cristalería sin tumbar una sola copa. No siendo amenaza para ningún aspirante a la Presidencia, y mirado con buenos ojos por el Presidente y eventualmente hasta por el mismo contralor, de quien es amigo político, todas las circunstancias en torno a la Designatura podrían estar apuntando a su favor. Y esto terminaría demostrando la teoría de la copa.
Cualquiera de los anteriores ciudadanos podrá ser el próximo Designado a la Presidencia. Y aunque no se nos está dado a los colombianos el derecho de participar en su elección, por lo menos podemos hacer válido el principio de que no está prohibido mirar...
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