Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2007/07/21 00:00

El Rubens de ‘Rasguño’

Para saber si lo que cuenta sobre el asesinato de Gómez es verdad, un buen indicio sería saber si no es mentira lo del Rubens

El Rubens de ‘Rasguño’

Hasta la donación de Botero a Bogotá, en los museos públicos colombianos no había cuadros de artistas verdaderamente importantes. En Buenos Aires, Sao Paulo e incluso en Caracas, era posible ver obras de pintores del romanticismo o impresionistas, esculturas de Rodin, e incluso alguna tela dudosa atribuida a Botticelli. Para ver cuadros importantes en Colombia había que tener amigos muy ricos y muy cultos (una combinación muy escasa en este país), o conocer a algún mafioso muy raro al que le hubiera dado por volverse coleccionista.

El problema con los mafiosos es que casi siempre, en este terreno, los estafaban. Recuerdo que una vez un conocido antropólogo de Medellín contó el caso de un fraude que le hicieron a Pablo Escobar. Una vez el capo lo llamó a su oficina en la Universidad de Antioquia para que le hiciera una pericia sobre una importante pieza precolombina que, según él, su esposa le había comprado a un guaquero. Se trataba de varias figuras de orfebrería (el certificado de autenticidad decía que la pieza se remontaba al año 900 d. C.) que representaban un pesebre perfectamente labrado: el niño Dios, la cunita, el buey y el asno, María y San José, todos de oro. Faltaban sólo los reyes magos. La técnica y el estilo eran muy parecidos a los de la pieza más famosa del Museo del Oro: La balsa muisca.

El profesor tuvo que toser para contener la risa, y carraspear para ocultar el miedo cuando le debió aclarar a Escobar que los muiscas, hasta la llegada de los españoles, no habían tenido conocimiento del nacimiento de nuestro señor Jesucristo, por lo que, salvo un milagro que revolucionaría toda la historiografía precolombina, y hasta la teología occidental, la pieza tenía que ser falsa. Pocas semanas después un guaquero que se pasó de vivo apareció abaleado en una calle de Medellín. Cuando el que pereció abaleado fue el mismo Escobar, mucho se habló de sus Picassos, sus Riveras y Miró. ¿Dónde estarán?

Que en Colombia haya, en todo caso, grandes obras auténticas, latinoamericanas y europeas, colombianas y precolombinas, en colecciones particulares, es verdad. Esto me consta por algo que me pasó a mí. No hace muchos años un amigo me llevó a almorzar a la casa de un empresario. Eso me dijo él: un empresario. ¿De qué? No sé de qué. Sé que el apartamento, inmenso, quedaba en Bogotá, y que yo, en busca de un baño, me perdí en los vericuetos de esa inmensidad. Fui a dar a un cuarto vacío. Arrumados en un rincón había varios cuadros y el primero me llamó la atención. Parecía un Van Gogh.

Me agaché, incrédulo, a ver si era una lámina. Era uno de esos paisajes amarillos, emocionantes, perfectos, de Van Gogh. La pincelada era la suya, brusca, gruesa, el marco era de la época, firmaba Vincent. En cuclillas -los cuadros estaban en el suelo- me puse a mirar qué más había: una bailarina de Degas, un Monet no muy bueno, pero Monet; un Renoir relamido, pero Renoir, y un cuadrito divertido de Miró. Todos llevaban al respaldo sellos de autenticidad. Había también un Manet, pero era tan maravilloso que de este no quiero ni hablar.

En esas llegó el ama de casa que me encontró ahí arrodillado, casi rezando. "Se supone que usted no debería estar aquí", me dijo, con una sonrisa distante. "En todo caso mírelos bien, pues puede ser la última vez, mañana se van del país." Y supongo que al otro día se irían del país. Algún día reaparecerán, en un museo de Berna o de Chicago. Es posible que una pequeña parte de la burguesía colombiana, al cabo de los siglos, haya dejado al fin de ser una montañera burguesía agraria, para convertirse al fin en un grupo con buen gusto artístico. O por lo menos con buen olfato de inversionista. Esos cuadros, en una subasta de Nueva York, podrían valer lo mismo que el presupuesto de un año de Cartagena. Repito, entonces, que aquí hay, o ha habido, cuadros suficientemente buenos como para formar un gran museo.

Ahora Hernando Gómez, alias 'Rasguño', en entrevista a SEMANA, dice que "le entregué a la justicia un cuadro del pintor flamenco Pedro Pablo Rubens que compré en 1991 por siete millones de dólares". Habrá que ver el cuadro, hay muchos Rubens falsos, pero incluso los falsos Rubens, si son buenas falsificaciones, merecen estar en alguno de nuestros pobres museos colombianos. ¿Quién tiene este cuadro, se puede saber? ¿Lo vio ya algún perito? ¿Lo estarán usando para adornar la oficina del juez?

Para saber si lo que 'Rasguño' cuenta sobre el asesinato de Gómez Hurtado es verdad, un buen indicio sería averiguar si al menos lo del cuadro de Rubens no es mentira. Todas las semanas los delincuentes de este país dan algún testimonio impactante, o entregan una declaración escandalosa. Aquí nos pasamos la vida brincando de un tropel a una pelotera. Pero empecemos por algo sencillo: averigüemos al menos si lo del cuadro de Rubens es verdad.

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