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Opinión

  • | 2017/03/03 07:40

    ¿Cuál desmovilización?

    El aparato armado de las FARC es de alrededor de 13.739 personas, de las cuales sólo 6.929 están en las zonas de concentración. ¿Dónde están los al menos 6.810 restantes?

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El 20 febrero el presidente Santos indicó: “Este es un día histórico porque ayer y antes de ayer, este fin de semana, llegaron a las zonas veredales de normalización los últimos guerrilleros de las FARC”. Sin embargo, una semana después sólo 6.929, un número importante pero que representa tan solo la mitad de esa organización, estaban en dichas zonas, según la información de su propio gobierno.

El aparato armado de ese grupo se compone por individuos reclutados en guerrillas y por quienes conforman las milicias bolivarianas. Luego de los duros golpes recibidos hace una década las FARC modificaron su forma de operar. Pasaron de concentrar 1.000 o 1.200 guerrilleros, para arrasar unidades militares y pueblos, a movilizarse en grupos cada vez más pequeños. Ante la imposibilidad de sostener el combate contra las FF. MM., optaron por volver a los aspectos básicos de la guerra de guerrillas y convirtieron las milicias en su principal recurso. Trataron de sacar ventaja de su propia debilidad y neutralizar la fortaleza del Estado.

Con las milicias se logró controlar poblaciones y territorios sin necesidad de elementos encuadrillados. Con ellas se afectó la asimetría militar y se quitó valor a los recursos de la fuerza pública que le habían dado ventaja: Black Hawk y Tucanos no servían para nada cuando se trataba de enfrentar milicianos, tarea que requiere actividades de inteligencia y judicialización, en un país donde la Fiscalía no existe en esos territorios.

Las milicias son una organización militar. Tal como se definen en sus estatutos, están organizadas en todas las áreas de los frentes de las FARC, bajo la dirección de sus estados mayores. Se estructuran por escuadras, pelotones, compañías y batallones (Vea el organigrama aquí). El objetivo de las FARC era tener tres milicianos por un guerrillero.

El reglamento de las milicias señala que sus miembros reciben “Instrucción militar sobre el terreno con base en situaciones tácticas del nuevo modo de operar, cursos de estrategia militar y teoría de la estrategia de guerra de guerrillas móviles, maniobras de desarticulación de operaciones militares enemigas, golpes de mano, instrucción de lucha de comandos, instrucción de fuerzas especiales, emboscadas, asedios, asaltos y copamientos a fuerzas enemigas y maniobras militares de resistencia, instrucción sobre comunicaciones en combate, conducción de tropas milicianas a nivel de planes, estrategia y teoría de la estrategia militar de guerra de guerrillas móviles para grandes unidades, formación e instrucción de equipos de salud y primeros auxilios, instrucción sobre defensa antiaérea y contra tropas enemigas de desembarco helitransportado” (Vea el reglamento aquí). Como se puede observar, no se trata de inofensivos individuos, sino de máquinas de matar y ejecutar actos terroristas.

Además de los cerca de 500 guerrilleros de supuestas “disidencias” de cinco frentes, el grueso de las milicias va a quedar intacto, al igual que los miembros del PC3. Así se mencionaran sus armas, desde el principio en el Acuerdo de La Habana se excluyó la concentración de las milicias en las zonas veredales de normalización destinadas al inicio de la “reincorporación”. Cuando desde la Procuraduria se denunció ese orangután, Pastor Alape y uno de los negociadores del Gobierno salieron a decir que las milicias eran una fantasía, que no existían, pero ante el reclamo que hicimos en el marco de las reuniones de la Comisión de Voceros del No con el Gobierno, De La Calle y Jaramillo terminaron aceptando que el Acuerdo debía obligar a que los milicianos también se ubicaran en tales zonas.

!Ohhh! !Conejazo inmarcesible!

Fuerzas Militares y Policía Nacional realizan cada semestre un conteo del enemigo, para el cual emplean información detallada proveniente de organismos de inteligencia, dispositivos electrónicos incautados al grupo y entrevistas a desmovilizados, entre otras fuentes. Dicho trabajo se ha efectuado con rigurosidad durante años. El más reciente conteo, de septiembre del 2016, señala que los miembros de guerrillas serían 6.110, mientras que los de las milicias, denominadas por el Gobierno redes de apoyo al terrorismo (RAT), son 7.629. Eso significa que el aparato armado de las FARC es de alrededor de 13.739 personas, de las cuales sólo 6.929 están en las zonas de concentración. ¿Dónde están los al menos 6.810 restantes?

Para el Secretariado tiene lógica no disolver las milicias. Ellas permiten mantener control en territorios e influencia en zonas de cultivos de coca y minería criminal, al tiempo que los milicianos, no desmovilizados, harán parte de su nuevo partido político. ¡Muy grave! Pensarán que les sirve como garantía en caso de que decidieran retomar las armas (un absurdo), al igual que como medida de seguridad. En cambio, para la sociedad colombiana esa circunstancia constituye un incumplimiento del Acuerdo y una amenaza de repetición de la violencia. Si no hay desmovilización total, menos desarme absoluto. ¡Que no echen cuentos!

Esos casi 7.000 miembros de las FARC que no se van a desmovilizar tendrán que asumir las consecuencias de su decisión y de sus delitos. En el marco del estado de derecho el próximo gobierno deberá perseguirlos con toda severidad y tratarlos como delincuentes. La cúpula de las FARC no puede esperar que la sociedad les cumpla si no le cumplen a la sociedad.

Sígame en @RafaGuarin

Exviceministro de Defensa

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