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Opinión

  • | 2013/11/16 00:00

    Ideas para el logo de Uribe

    Mientras cierre la boca, ninguno de sus enemigos podrá decir que el ex vicepresidente es un payaso; a lo sumo, que es un mimo.

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Dos cosas me partieron el corazón recientemente: una, que a la salida de la Uribe-convención del Uribe-Centro Democrático, sucedida el Uribe-mes pasado, Pacho Santos prometiera guardar silencio durante un mes mientras se lame las heridas; y, dos, que, casi simultáneamente, el Consejo Electoral no haya autorizado que la cara del doctor Uribe aparezca en el logo del tarjetón: únicamente pueden acudir a objetos inanimados, no a personas de carnitas y huesitos: ni el expresidente, ni alias la Mechuda, ni Yidis acurrucada sobre una matera. Nada. 

Los Uribe-publicistas deben decantarse por un elemento que simbolice su ideología, sea el que sea: ¿un fusil con un collar de arepas? ¿Unos Crocs? ¿Un buitre? Se abren, pues, las Uribe-convocatorias. Pueden participar todo tipo de diseñadores gráficos. El utilero de Santa Fe que pintó las camisetas con las que el equipo jugó en Tunja. La abuela española que restauró el Ecce Hommo. Justin Bieber, el cantante canadiense que dibujó un grafiti en la 26 mientras la Policía, en lugar de obligarlo a limpiar los baños de un CAI, lo protegía. 

El único que protestó ante los desmanes del cantante fue el secretario del Distrito, Guillermo Alfonso Jaramillo, que unos días después exigió que Bieber regresara al país para compensar su afrenta con algún trabajo social: ofrecer un concierto gratuito en Usme, por ejemplo, como si la gente de Usme mereciera más castigos; presentarse en la Media Torta con Bacatá (y bailar El baile del perrito); enfundarse en la chompa de Bogotá Humana y repartir mercados y subsidios en el sur. 

O convertirse en mensajero distrital y en compañía de los bieliebers –como se autodenominan los fans del cantante– llevar papeles para demandar al procurador ante cualquier instancia, aun la Estancia Chica, en la 93: el mejor lugar para que el procurador sucumba ante los pecados de la carne. 

Pero, como todo en Petrópolis, el asunto no cuajó. Y la única salida para resarcir la dignidad nacional es enviar a Pipe Bueno a que pinte un grafiti en una calle de Toronto. Ojalá que se dé. El hecho es que si el Uribe-jurista Ferleyn no consigue tumbar la medida, el partido de Uribe tendrá un logotipo inservible porque la mayoría de los electores son iletrados y necesitan reconocer a su líder en un dibujo. 

Antes de la prohibición, el despliegue gráfico del tarjetón estaba resuelto: el maestro Gordillo, experto en retratar habitantes de la calle, pintaría al expresidente, del mismo modo que Botero a Angelino –en alguna posición de su nuevo Kamasutra–, un pintor abstracto a Mockus y Picasso a Claudia Gurisatti.

Pero sin la Uribe-efigie, el logo será un fracaso, a menos que acudan a una idea que planteo a continuación. Y es esta: me duele que Pachito haya constatado en carne propia que su primo Juan Manuel aprendió el arte de la traición de manos de Uribe, y me conmueve que se refugie en el silencio para calmar su dolor. Y durante tanto tiempo, porque un mes de silencio de Pachito equivale a siete meses de silencio humanos.

La verdad es que le tengo cariño al ex vicepresidente, representante único de los ‘Uribielievers’, que son quienes aman a Bieber y a Uribe a la vez, y daría lo que fuera porque, antes de que se acabe el año, se reconcilie con su patrón. Puede ser en la fiesta de fin de año del Uribe Centro, que tendrá lugar en el parqueadero de Andrés Carne de Res. Llevarán una Constitución vestida con una minifalda, porque ¿a qué juega una Constitución de minifalda en una fiesta uribista, abandonada ahí por sus papás?

El hecho es que, antes de que destituyan a Petro y ubiquen a Pachito como Uribe-alcalde de Bogotá –asunto que ya están ambientando–, sugiero cariñosamente que el ex vicepresidente aporte a la causa uribista de una manera más sana. Y que él mismo se convierta en el logotipo del partido de Uribe.

No es descabellado. Ahora que decidió callarse, Pachito atraviesa su momento de mayor lucidez intelectual. Es el instante para entrevistarlo, para filmarlo; aun para nombrarlo de nuevo en RCN. Mientras cierre la boca, ninguno de sus enemigos podrá decir que el ex vicepresidente es un payaso; a lo sumo, que es un mimo. 

El único voto que ha obtenido en su carrera política es este voto de silencio que ha cultivado con una seriedad conmovedora: en paseos a fincas solo juega mímica. Le pasa una nota a su esposa para darle las buenas noches. Llama a las casas de los amigos y no habla. Sale a almorzar y el único momento en que interviene es cuando pide la cuenta haciendo señas. El día que lleven a la pantalla grande su biografía, esta parte de la película será de cine mudo. 

El asunto es que, mientras no hable, Pachito califica como objeto inanimado. Y esa es la invitación, esa la idea: que Pachito no rompa su silencio y sea nombrado oficialmente como logo del Uribe Centro Democrático. Y que los fines de semana, recubierto en un traje de espuma con su propia figura, salude niños en los centros comerciales, un poco a la manera del Pollo Frisby.

Tendría que dejar de hablar indefinidamente, pero lo miraríamos con simpatía. Y a lo mejor abra una senda para que otros personajes lo imiten: el mismo Justin Bieber, por ejemplo, ojalá que antes de que se presente en la Media Torta.
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