Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2003/09/29 00:00

Invitación a la sensatez

Que el Presidente proclame la guerra es respetable, pues cree en ella. Pero debe hacerlo contra sus enemigos, no contra los simples observadores

Invitación a la sensatez

Nunca imagine que algun dia tuviera que ser yo quien hiciera un "llamado a la sensatez", como esos que escribían periódicamente, inútilmente, personajes ecuánimes como don Roberto García Peña o el doctor Abelardo Forero Benavides, que fueron, en nuestra Atenas suramericana, los equivalentes del prudente Néstor de la Ilíada, que se pasó la guerra de Troya dando prudentes consejos que nunca sirvieron para nada. Nunca lo imaginé, y sin embargo heme aquí haciendo un prudente, y supongo que inútil, llamado a la sensatez.

La pataleta del presidente Alvaro Uribe contra las ONG que so capa de defender los derechos humanos sirven al terrorismo está fuera de lugar. Fuera de lugar en el espacio -ante un auditorio de generales: como estaría fuera de lugar hacer una pataleta contra los militares en una asamblea de ONG-; y fuera de lugar en boca de un conocedor de la realidad colombiana, como es este Presidente (otros no lo han sido). Porque Uribe sabe perfectamente que quienes denuncian las violaciones de los derechos humanos dicen la verdad. En esta obscena guerra nuestra nadie respeta ni ha respetado nunca los derechos humanos. En esta guerra se han hecho atrocidades que hubieran escalofriado incluso a los 'chusmeros' liberales y los 'pájaros' conservadores de la Violencia de los años cuarenta y cincuenta. En esta guerra han cometido crímenes horrendos todos los participantes: las guerrillas (todas ellas), los paramilitares (todos ellos), el Ejército y la Policía: todos los llamados "actores armados del conflicto". Y los han cometido con el conocimiento y la anuencia de sus jefes respectivos, sean generales de las Fuerzas Armadas o comandantes de las guerrillas, capos del narcotráfico paramilitar o ministros y presidentes de la República. Por eso todos tienen razón en lo que dicen los unos de los otros. Todos tienen, los unos y los otros, una viga en el ojo.

Pero ¿criticar a los observadores críticos? ¿Criticar, como hizo el presidente Uribe, a las ONG de derechos humanos, que lo único que hacen es criticar con razón a todos los demás? A veces más a unos que a otros, es verdad; pero a veces también más a otros que a unos. Es un hecho evidente que hay ONG que no son imparciales, pero las hay que toman partido por un bando y las hay que lo toman por el otro, como sucede en todos los conflictos. Y además ¿qué es una ONG? Supongo, por ejemplo, que esa cosa que llaman "Colombianos por el referendo" y pone anuncios en los periódicos es una ONG, o sea una Organización No Gubernamental. Como lo son también, supongo, los partidos políticos, o la Federación de Fútbol, o el cartel del Valle, o la Sociedad Protectora de Animales. Supongo que las organizaciones guerrilleras mismas son Organizaciones No Gubernamentales: ONG. Y hasta las autodefensas lo son. Quiero decir que, por supuesto, en una guerra de las dimensiones y ramificaciones que tiene la nuestra nadie es completamente neutral: pero quienes más neutrales son en esta guerra son precisamente las ONG de derechos humanos. Pueden tener una paja en el ojo; pero no tienen vigas que les impidan ver las vigas en el ojo ajeno.

Por eso lo que hizo el presidente Uribe en su acalorado discurso televisado -un acaloramiento por otra parte fríamente calculado- fue echarles a los mensajeros la culpa de las malas noticias. Y debería saber -y sabe- que en el acaloramiento general de Colombia es muy frecuente que los mensajeros terminen con la cabeza cortada, sobre todo cuando existe contra ellos un señalamiento público. Y hacer eso es una insensatez. Que el Presidente proclame la guerra es comprensible y respetable, puesto que cree en ella y además el mandato que recibió de sus electores fue el de hacerla. Pero debe hacerla contra sus enemigos, contra quienes están tan en guerra como él y contra él. Y no debe hacerla contra quienes no están en guerra y son simples observadores -y críticos- de la guerra. Contra quienes denuncian que es una guerra sucia, y que va mal. Hacer la guerra contra ellos es una insensatez.

Insensatez, por otra parte, deliberada, como lo es todo en el presidente Uribe, tanto el acaloramiento como la frialdad. Insensatez tan peligrosa en su escalada hacia una guerra aún más inhumana que la que ya vivimos que me lleva a mí a hacer, desde la reconocida ecuanimidad de esta columna de prensa, un llamado a la sensatez. Que quiero concluir con una muestra más de esa ecuanimidad, reconociéndole una gran virtud pacificadora al beligerante discurso del presidente Uribe. Y es que puso a la gente a leer los informes que publican las Organizaciones No Gubernamentales de Derechos Humanos.

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