Lunes, 5 de diciembre de 2016

| 2016/10/24 09:55

De la dilación y el chantaje a lo fríamente calculado

Si consideramos que el expresidente es una persona calculadora, como lo expresan quienes han trabajado a su lado, se puede concluir que nada de lo que diga o haga es el resultado del azar.

Joaquín Robles Zabala.

Uribe habla de chantaje pero no de dilación. Aseguró que el único de sus exfuncionarios que debería estar preso es Juan Manuel Santos. Lo dijo porque este, en una intervención, señaló que hay que ponerle tiempo a las propuestas sobre las modificaciones a los acuerdos de La Habana. La dilación es, sin duda, el peor enemigo que enfrentan en estos momentos las negociaciones, pero a Uribe le parece que Santos solo está presionando a la “oposición”, o sea, al Centro democrático.

El senador se ha convertido en un maestro de la negación cuando los señalamientos apuntan hacia él. Le molestan los puntos de justicia, restitución de tierra y participación política de la guerrilla. Es decir, las propuestas medulares del Acuerdo. Sus declaraciones en realidad no son duras, como lo publicó hace pocos días la prensa nacional. Sus declaraciones son sencillamente escandalosas. Acusar a un togado de la sala de Justicia y Paz del Tribunal de Medellín de pertenecer a la subversión es ponerle una pistola en la cabeza, o una lápida. De ese tamaño es su irresponsabilidad política y el respeto por sus contradictores. En este sentido los ejemplos abundan, pero no vamos a detenernos en ellos porque el país los conoce y los videos de sus declaraciones irresponsables recorren las redes sociales.

Sus acusaciones no son solo temerarias, sino también calumniosas. No hay duda de que sus intenciones a toda costa son desviar el foco de la investigación y ganar tiempo. Se le olvidó tan rápido al exmandatario que hace poco menos de cuatro meses tuvo que comparecer ante un tribunal por lengüilarga, por acusar en público al periodista Hollman Morris de estar al servicio de los intereses de la guerrilla. Señalar a un magistrado de hacer parte de una organización al margen de la ley es una acusación sumamente grave, como grave han sido muchas de sus declaraciones ante los medios de comunicación.

Acusar a Juan Manuel Santos de haber pretendido como ministro de defensa armar un bloque paramilitar, es como darse un tiro en el pie porque, en ese momento, era él el presidente de la República, y sus cercanos no han dudado en expresar reiteradamente que Álvaro Uribe es tan meticuloso en sus decisiones que por lo general nunca deja cabos sueltos. En otras palabras, nada en su administración se movía sin su consentimiento. El día en que un grupo de militares penetró a territorio ecuatoriano y asesinó al segundo hombre fuerte de las FARC, Raúl Reyes, el entonces presidente de los colombianos no dudó un segundo en atribuirse el triunfo, a pesar de que Juan Manuel Santos era el encargado del Ministerio de Defensa.

Ahora resulta que el hoy presidente actuaba solo. Es decir, tomaba decisiones sin consultarle, de la misma manera como las tomó Juan Carlos Vélez Uribe como jefe de la campaña por el No al plebiscito, como lo negaron cada uno de los senadores del Centro Democrático ante los reclamos de la legisladora Claudia López por haberle mentido al país para que los colombianos “votaran berracos”.

Ahora resulta también que Santos está empecinado en hacerle el quite a los resultados de la consulta, y el senador Iván Duque, al igual toda la bancada de su partido, ha acusado incluso a la Corte Constitucional de estar prestándose para meterle el gol a la democracia, cuando fue el Centro Democrático, e Iván Duque en particular, quien instauró la demanda para que el acto legislativo para la paz no se llevara a cabo porque lo consideraron en su momento inconstitucional.

Ahora que la Corte estudia la posibilidad de acoger la demanda, el mismo demandante ha salido a vociferar en los medios de comunicación que los magistrados no pueden darle vida a ese muerto porque el plebiscito lo ganó el No. ¿Quién los entiende?, es la pregunta. Otro tiro en el pie, dicen los promotores del Sí y todos aquellos que votaron porque se implementaran los acuerdos. Decir sí cuando les conviene y no cuando los hechos les son adversos es el juego vacilante al que le apuesta el partido del expresidente. Y aún así se hacen llamar “democráticos”.

El pez muere por la boca, reza el adagio. Y las declaraciones de Juan Carlos Vélez son apenas la punta del iceberg. El mismo Uribe se ha dado infinidades de veces con las puertas en la cara al acusar de guerrilleros, sin prueba alguna, a periodistas, a campesinos que protestaban y a líderes sindicales que luego fueron asesinados. Ahora levanta su voz para decir lo mismo de un magistrado que solo está cumpliendo con el deber constitucional de impartir justicia.

Si consideramos que el expresidente es una persona calculadora, como lo expresan quienes han trabajado a su lado, se puede concluir que nada de lo que diga o haga es el resultado de la inmediatez o el azar. Sus palabras siempre tienen un destinatario y una intención definida. Cuando en una entrevista aseguró, poco después de abandonar la Casa de Nariño, que solo le faltó tiempo para hacer en Venezuela lo que hizo en Ecuador, es decir, entrar a territorio vecino para capturar o matar a jefes guerrilleros, estaba dejando en evidencia lo que el país sabía: que la violación a la soberanía del país vecino fue preparada y que las consecuencias de esa violación las tenía bien claras.

Por lo anterior, no debe quedar duda de que su oposición al proceso de paz es de simple saboteo, como lo dejó ver recientemente Francisco Santos en una entrevista radial, como lo expresó la senadora Claudia López y como lo ha venido asegurando un amplio número de periodistas y columnistas del país. A Colombia no debe quedarle duda de que la campaña sucia que se le atribuye a los promotores del No, no se la inventó Juan Carlos Vélez. Solo hay que hacer un recorrido por cada una de las declaraciones hechas por los miembros del Centro Democrático para concluir que todo fue “fríamente calculado”, aunque no supieran al final qué hacer con el triunfo, porque su doctrina sigue siendo en el fondo la misma: “si no puedes ayudar, estorba, ya que lo importante es participar”.

* Docente universitario - Email: robleszabala@gmail.com - En Twitter: @joaquinroblesza

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.