OPINIÓN

Salud Hernández-Mora

Juan Manuel Santos, cómplice y también payaso

Ese señor, que vendió el país por un Nobel, sigue despreciando a quienes viven bajo el yugo de las guerrillas.
19 de septiembre de 2026 a las 7:06 a. m.

Es tan descarado, tan cínico y tan falso, que se sigue riendo de los colombianos que padecen las consecuencias de su indolencia, arrogancia, prepotencia y ambición sin límites.

Al verlo hace unos días remando como la selección de Noruega, matado de la risa, creyéndose ocurrente al imitar a Haaland y demás futbolistas, sentí que ese señor que vendió al país para comprarse un Nobel, seguía despreciando a quienes viven bajo el yugo de las guerrillas.

Nada más evidente de su complicidad que el último paso del tribunal que creó y que despilfarra millonadas. Esta semana la JEP anunció que citará a 7 jefes de la banda maldita para que rindan “versión voluntaria” sobre “hechos de violencia sexual contra mujeres reclutadas”. Como todo es de chiste y nos creen pendejos, en lugar de incluir a Sandra Ramírez en la listita, tuvieron que estudiar si llamaban o no a la compañera de vida y cómplice del cerebro de todos los crímenes, el matón conocido con el alias de “Tirofijo”. Como si la exsenadora, que ni siquiera aportó ni un peso a sus víctimas de su salario, desconociera los padecimientos que infligían a las chicas en sus tres décadas de existencia delictiva.

Es decir, solo ocho años después de arrancar el engendro judicial fundado con el doble fin de, por un lado, encubrir y minimizar los crímenes de lesa humanidad de las Farc; por otro, cambiar la narrativa oficial para volverlos valerosos luchadores de la paz, empezarán a meter algo de ritmo al caso de los abusos y torturas a las niñas y adolescentes reclutadas. Como si obligarlas a abortar hasta con ocho meses de embarazo, por ejemplo, necesitara más comprobaciones.

Bastaba con el expediente de Héctor Albeidis Arboleda, alias El Enfermero, extraditado desde España, donde se escondió. Lo condenaron a 40 años de prisión en 2020 por practicar abortos sin consentimiento de las embarazadas. Recuerdo haber entrevistado en 2016 a algunas de sus víctimas en Pereira y otras localidades risaraldenses, con graves traumas todas ellas. Lo que deja mal parada a la JEP es que el expediente lo abrió la Fiscalía de Risaralda sin apenas recursos materiales, pero con la inquebrantable voluntad de dos de sus funcionarias, apoyadas por el director, determinadas a que la justicia actuara contra el ejecutor.

Por supuesto que el tribunal que preside el magistrado Ramelli, que no puede ocultar su sesgo ideológico, fue tan eficiente como sus predecesores en el objetivo que marcó Juan Manuel Santos de dejar pasar el tiempo y restar importancia a lo sucedido.

Al expresidente que burló la democracia al ignorar el resultado de las urnas que le fue adverso también se le debería caer la cara de vergüenza al constatar que su guerrilla fariana dio a luz a varios hijos y ninguno tiene la menor intención de desaparecer del mapa de la violencia. Y que el ELN, a los que trató como otros pacifistas y les tendió la alfombra roja en Quito, persiste en la sanguinaria senda terrorista que jamás abandonó.

En lugar de hacer el payaso en foros abarrotados de políticamente correctos, es decir, de personas ajenas a las tragedias de la Colombia de zona roja, Santos debería reconocer ante el país sus mentiras y errores que cuestan vidas.

Mintió al decir que aceptaría el veredicto del plebiscito. Mintió al jurar que los autores de crímenes de lesa humanidad no irían a Senado y Congreso, mandando el mensaje al país y al mundo de que reclutar, por ejemplo, 18.677 menores de edad no era relevante ni merecedor de castigo. Mintió al clamar que reduciría el tamaño de las FF. MM. tras la infame firma. Mintió al prometer obras imposibles en lugares remotos y un futuro grandioso para los desmovilizados. Y miente al echar el agua sucia sobre Duque, cuando el fracaso de su paz solo es culpa de sus ansias por lograr, sin merecerlo, el prestigioso premio internacional al diseñar un proceso con una imperdonable desconexión con el país real.

Miente, así mismo, cuando se vende como un perenne luchador por la paz. Aparte de lo señalado, no podrá nunca ocultar sus ignominiosas entregas de Lorent Saleh a Hugo Chávez para que lo encerrara en una mazmorra y lo torturara durante cuatro años por el delito de pensar diferente y considerarse cercano a Álvaro Uribe. Y la de Fernando Balda a Rafael Correa, que lo apresó y encarceló dos años porque destapaba sus muchas corrupciones y no podía silenciarlo ni rebatir sus acusaciones dadas sus pruebas irrefutables. Santos los mandó con un lacito a sus amigos tiranos que necesitaba para sus objetivos personales.

Por supuesto que nunca le pasará nada ni con la paz ni con Odebrecht ni con las trampas en los cupos indicativos que ayudaron a derrotar a Zuluaga en segunda vuelta. Ni siquiera le afectó que fuesen Musa Besaile y Ñoño Elías sus grandes alfiles electorales. Terminaron presos, como su mano derecha Roberto Prieto, mientras él recorre el mundo presumiendo de una paz falaz y sangrienta.