Opinión

  • | 2017/03/18 09:57

    Al final, todo valió…

    Obsesionados con el acuerdo de paz, derrumbamos los muros de contención frente a la corrupción. Reconstruirlos será difícil.

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Que la política en los últimos años haya girado en torno al acuerdo de paz con las Farc no es el problema. Que por conseguirla, fuéramos corriendo alegremente los límites de la tolerancia frente a la corrupción y el clientelismo, en cambio, sí constituye una enorme dificultad para nuestra sociedad. Es la ratificación, ni más ni menos, de que en Colombia el fin justifica plenamente los medios y de que para lograr ese sagrado anhelo de la paz, digámonos la verdad, ¡todo valió!

Conscientes de que algo andaba mal en la forma en que el Ejecutivo se relacionaba con el Legislativo, advertidos sobre los cupos indicativos y las nuevas formas de democracia transaccional hasta con los más dudosos políticos en las regiones, muchos se hicieron los locos y votaron para que el presidente de turno siguiera adelante porque supuestamente era el único que podría lograr la paz.

Una sola frase bastaba para que todo quedara consumado: “hay que ganar como sea” y, en efecto, haciendo todo lo que fuere necesario, lograron una primera elección y luego una muy polémica reelección.

¿Dónde estaban los defensores de la ética? ¿Dónde quedaron en 2014 los que cantaban en 2010 que ‘no todo vale’ a la hora de hacer política?... Lamentablemente, algunos, estaban contratados por el Estado, otros más con el cuentico de que había que reelegir al mandatario “con la nariz tapada”. El resto, escogiendo “el mal menor”. ¿A qué horas nos quedamos sin auténticos defensores de la moralidad pública? ¿En qué momento nuestros líderes intachables, estilo ‘Mockus’, resolvieron decir que la paz vale una que otra trampita? ¿Cómo fue que terminamos derrumbando los muros de contención de la corrupción y permitiéndole al jefe de Estado y sus calanchines políticos ganar como fuera y seguir haciendo lo que ‘les diera la gana’?

A lo mejor, es que no había con quién. En la oposición, sobre todo después de la primera vuelta, también se oyó la frase macabra del “hay que ganar como sea”, y mientras hacia fuera pululaba el discurso del castro-chavismo y la ideología de género, dentro, otros calanchines pero de derecha, pactaban un pago extraoficial con un asesor de imagen que les hiciera triunfar.

Al final, todo valió para que Juan Manuel Santos ganara y todo valió para que Óscar Iván casi ganara. Entretanto, se esfumaba la esperanza de los alternativos y los independientes. “Con la nariz tapada”, las izquierdas democráticas y los políticos que enarbolaban el discurso anti-clientelista también terminaron tomando partido con el argumento de que la paz todo lo vale y hoy, aunque quieran posar de pulcros, son corresponsables de haber permitido que con la tinta de la corrupción se hubiera terminado firmando el acuerdo con las Farc.

¡Que sean valientes!, ¡que lo asuman como lo hizo el profesor Mockus, aunque nos cueste creerlo!: que digan que aún para alcanzar los más nobles propósitos, hubo que recurrir a la trampa. Que nos digan, los unos y los otros, que al final, todo valió.


Twitter @JoseMAcevedo

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