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Opinión

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La fiscal delegada ante la Corte Suprema Marta Lucía Zamora precluyó hace una semana la investigación contra Horacio Serpa por su participación en la financiación ilícita de la campaña que llevó a Ernesto Samper a la presidencia (y a sus financiadores a la cárcel). Llama la atención un aparte del fallo, referido al hecho de que Serpa hubiera "transportado" a San Andrés 15 millones de pesos para que la tesorería local de la campaña los distribuyera entre los samperistas de la isla. Esa entrega de dinero, "magnificada" _dice la fiscal_ por las versiones de Santiago Medina y Fernando Botero con el objeto de "involucrar (a Serpa) en el ejercicio de designación y distribución" de fondos, no significa nada en absoluto. Porque, razona la fiscal, "Ya en el contexto de la integridad de la prueba se puede considerar que ese acto puede haberlo realizado cualquier otra persona, pues solamente se trató de transportarlo". Yo no sé si transportar dinero constituye o no delito, ni si es prueba de otro delito distinto. Pero me desconcierta la alegación de que un acto determinado, sea el que sea, pierde su significado por el hecho de que hubiera podido ser realizado por cualquier persona distinta de la que lo realizó en la práctica. Si la doctora Zamora, o el doctor Serpa, o yo mismo, hubiéramos matado a nuestras respectivas madres, por ejemplo ¿eso no importaría por el hecho (altamente probable en la Colombia actual) de que si no las hubiéramos matado nosotros las habría podido matar cualquier otra persona?O no vayamos tan lejos: pues la verdad es que no son tantas las madres que sus hijos matan aquí como para que su número constituya un eximente. Pero el argumento de la fiscal se parece mucho al que usan en los aeropuertos, siempre en vano, las 'mulas' interceptadas con cocaína en la maleta: "A mí solamente me pidieron el favor de que trajera un paquetico". Las mulas no sabían qué había en el paquetico, ni quién lo mandaba, ni para quién era. Y en cuanto a llevarlo, lo hubiera podido hacer cualquiera. Mucho me temo que si al doctor Serpa lo hubieran sorprendido en un aeropuerto con 15 bolas de cocaína en el intestino de nada le hubiera valido que la doctora Zamora hubiera salido en su defensa diciendo que Medina se las había metido "a sus espaldas". Hasta la mula más ciega se da cuenta de ciertas cosas.Pero bueno. Aceptemos _pues los fallos se acatan_ que la ceguera de Serpa fue eximente suficiente para lo de su participación en la campaña, que se limitó, aparte de llevar el paquetico, a "la actividad política o proselitista". Más inaceptable es en cambio que el propio Serpa sólo acate la mitad del fallo: la que lo declara a él inocente. Y no la otra mitad: la que afirma que "el dinero que ingresó para la segunda vuelta" tenía "ilegítimo origen". Porque Serpa sigue insistiendo en que "en la campaña (de Samper) nunca hubo incidencia de dineros procedentes del narcotráfico". Y sin embargo tan demostrada está esta incidencia que no sólo la subraya ("era imperativo" conocerla) la doctora Zamora, sino que por ella están presos Botero y Medina, aunque no lo estén ni su principal beneficiario, el presidente Samper, ni el propio Serpa. Que no están presos, no porque no la hubiera, sino porque no se dieron cuenta de que la había: ellos se limitaron a "transportar el paquetico". Al seguir negando ahora la tal "incidencia", Serpa sólo demuestra, en el mejor de los casos, que sigue siendo tan ciego como la mula de hace cuatro años. Pero bueno. Aceptemos también esa ceguera, no como síntoma de incurable imbecilidad (¡cuatro años!) sino como indicio de persistente virtud: "A la gente hay que creerle", decía aquí un político que nunca le creyó nada a nadie. Aceptemos la tesis del paquetico inocente y pidámosle a Horacio Serpa cuentas solamente sobre el paquete grande: el que le cargó a Samper durante los tres años y medio en que fue su ministro del Interior (que en un principio se llamaba de Gobierno). Como tal, alguna responsabilidad le habrá cabido, me parece, en los resultados catastróficos que ha tenido, en todos los terrenos, la obra de este gobierno. En el aumento desaforado y desfachatado de la corrupción, en el deterioro terrible del orden público, en el desvencijamiento de la economía ¿O tampoco? ¿O también todo eso sucedió "a sus espaldas", mientras él se dedicaba, en la paz de su hogar, a "soportar episodios difíciles con sus amigos y su familia"? No creo que para desembarazarse de esta culpa le baste a Serpa con decir, copiando el fallo zamorónico, que cualquier otra persona, en su lugar, lo hubiera podido hacer tan mal como él lo hizo.
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