Miércoles, 22 de octubre de 2014

| 2013/09/03 00:00

La necesidad apremiante de elevar el valor agregado de las exportaciones

No se tienen productos en los cuales el valor agregado sea alto.

Foto: SEMANA

Ante la emergencia social y económica que se presenta con paros y protestas de los agricultores, este tema pudiera parecer algo no prioritario. 

Pero se trata de una medida de fondo: mientras las exportaciones colombianas continúen gravitando en torno a productos más relacionados con materias primas, que con aceptables valores agregados, la dependencia de ingresos frágiles, productos no competitivos y riesgos crecientes contra el aparato productivo seguirán contribuyendo a componentes causales esenciales en las protestas que ahora surgen.

En efecto, con el fin de tener algunos datos: Colombia exportaba unos 20,000 millones de dólares para el 2003 –depende de que base de dólares se utilicen en la medición, corrientes o constantes y de qué año. Para el 2012, la capacidad exportadora rondaba los 64,000 millones de dólares. Una cantidad que casi equivale al total de importación de Venezuela.

Nótese al comparar este monto que el aumento no se debió exactamente a la cantidad de producto exportado, sino que en esa comparación debemos tener presente el aumento significativo que han tenido los precios de los productos exportables.  Es decir que se aumentó el renglón de exportaciones más  por la factura que por el monto de productos.

No obstante la observación, la naturaleza de las exportaciones brinda evidencias de cambios importantes.  En el 2003, un 50 % era exportación de productos industriales, un 40 % de minería y un 10 % de agricultura –nótese cómo productos emblemáticos como el café contribuían desde ese entonces, con una cuota alicaída en el portafolio exportador. 

Para el 2012, los porcentajes de exportación fueron del 5 % en agricultura, 20 % en industria –la mitad porcentual de hace 10 años- y un 75 % de minería.

Nos estamos concentrando en productos de recursos naturales no renovables, se trata desde todas las perspectivas de una oferta exportadora extractiva –semejante a la de Venezuela.  No se tienen productos en los cuales el valor agregado, el nivel de manufactura, de procesamiento, sea alto.  De allí que una moneda relativamente apreciada como lo es el peso actual, resulte más perjudicial para reducir el volumen de exportación. Es decir que este factor más “elásticamente” hace hundir nuestra competitividad y capacidad exportadora.

Proseguir nuestra posición basada en productos primarios, que no incorporan mayor valor en las cadenas productivas es seguir condenándonos a generar deprimidos ingresos a partir de los mercados internacionales. Es no contar con procesos ni productos que permitan salarios más altos en los mercados internos y con ello se tiende a debilitar la capacidad adquisitiva general de la sociedad.  

El reto es grande, pero mientras más tardemos en emprender el proceso de enfrentarlo, será más costoso y difícil hacerlo; con mayor facilidad sucumbiremos al escenario en lo cual lo urgente obstruye, va en contravía de soluciones de fondo, medidas más estructurales y estratégicas.

*Ph.D. University of Pittsburgh/Harvard. Profesor de la Escuela de Administración de la Universidad del Rosario.

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