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Opinión

  • | 2012/09/08 00:00

    La paz no va a ser barata

    No es cierto que la sociedad colombiana y sus élites no tengan que ceder nada en este proceso que comienza. De por medio están temas claves como la verdad de la guerra y la justicia que si se reabordan en su profundidad nos harían volver a barajar el orden de este país.

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No voté por Juan Manuel Santos porque creí que iba a ser un gobierno con las mismas características de la clase política que lo llevó al poder: mezquino en sus objetivos; blandengue en sus convicciones, siempre a espaldas del interés general y por lo mismo incapaz de arriesgar ni un ápice por temor a salirse del cómodo libreto de la guerra que tantos réditos le había dado al expresidente Uribe.

Ahora reconozco que me equivoqué. Su apuesta por la paz le devuelve a la política no solo su sentido de ser sino cierta dignidad perdida en medio de tantos escándalos de corrupción que nos atropellan diariamente. Y es deber de los periodistas reconocer cuando un gobernante acierta en beneficio del interés general.

Lo que no creo es que esta paz, si se consigue, nos vaya a salir tan barata, como lo ha dejado entrever el gobierno en las primeras de cambio. "No se va a entregar nada ni a ceder en nada", ha dicho el presidente Santos, dando a entender que los únicos que van a tener que ceder son las Farc.

No es cierto que la sociedad colombiana y sus elites no tengan que ceder nada en este proceso de paz que comienza. De por medio están temas claves como la verdad de la guerra y la justicia que si se reabordan en su profundidad nos harían volver a barajar el orden de este país. Y en lugar de decir que no vamos a tener que ceder en nada deberíamos comenzar a responder interrogantes como estos. Si va a haber un proceso de paz con las Farc, ¿qué va a pasar con los paramilitares, con los parapolíticos, con los paraempresarios que crearon las AUC para defenderse del azote de las guerrillas? ¿Será lógico que los unos se queden en la cárcel mientras los otros se reincorporan a la escena política?  ¿Vamos a permitir que los guerrilleros de las Farc se reincorporen a la sociedad civil y que algunos de ellos, los que no hayan sido condenados por delitos de lesa humanidad, puedan llegar al Congreso y sentarse al lado de Roy Barreras mientras que los militares que han sido acusados de los falsos positivos están presos en la cárcel?  ¿Si las Farc se van a convertir en un partido político qué va a pasar con todos los parapolíticos que están presos en la cárcel y que suscribieron con las AUC pactos electorales?

Yo no sé cuál sea la respuesta a estos interrogantes porque ni yo que soy víctima de los paramilitares, sé cómo definirla, lo único que sé es que detrás de todo este proceso de paz lo que se está pactando es cuánta verdad y cuánta justicia se va a permitir en el país.

La pregunta no es si vamos a ceder o no de este lado, sino cuánto estamos dispuestos a ceder para que esta paz se cristalice y ponga fin a este conflicto.  Y es en este momento que me parece peligroso que prospere la tesis de que son solo las Farc las que tienen que asumir los costos de este proceso con el argumento falaz de que ellos, los terroristas, son los malos y que nosotros, que estamos en esta orilla,  somos los buenos, incapaces de matar siquiera una mosca.

La verdad es que la paz solo se consigue a un alto costo y en el caso colombiano este costo es proporcional a las décadas de guerra y de confrontación que hemos padecido. Y si no estamos dispuestos todos a ceder, la guerra y la confrontación van a continuar siendo nuestro único futuro, y el problema no somos las víctimas, que entendemos la necesidad de ceder con el propósito de lograr la paz, el problema son los que piensan que cediendo pierden los privilegios que han ganado en estos años sin tregua.
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