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Opinión

  • | 2006/02/12 00:00

    "La que usted ordene, señor Presidente"

    Las estadísticas, que por años habían sido instrumento decisivo para gobierno y empresarios, terminaron como herramientas electorales

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La historia se la atribuyen al general Porfirio Díaz. Había llegado a la presidencia de México oponiéndose a la reelección y a la concentración de poderes en una sola persona, pero ya sentado en la silla cambió de opinión y de Constitución. Con sucesivas reformas se quedó 30 años en el poder. Eliminó a sus adversarios, esfumó los controles sobre el Ejecutivo y persiguió a un sector de la prensa que pretendía informar más de lo que convenía. Su poder creció tanto, que una vez don Porfirio preguntó "¿Qué hora es?" y su edecán en posición de firmes le respondió: "La que usted ordene, señor Presidente". Hace unos días los asistentes al foro Globalización con responsabilidad social contemplaron un regaño público del presidente Álvaro Uribe al Dane. El mandatario criticó las cifras del Departamento de Estadística que mostraban estancamiento de la producción industrial. "Tenemos arcaica la muestra para hacer la medición", aseguró disgustado el jefe de Estado. De inmediato ordenó actualizarla. Pronto esas cifras coincidirán con la bonanza que ha generado su administración. En ese mismo evento, el mandatario se quejó de las cifras de pobreza. No de la pobreza en sí misma, sino de las cifras que la miden. Unas cifras que se empeñan en mostrar que más de la mitad de los colombianos viven en la indigencia o muy cerca de ella. El tema ya había causado un enfrentamiento con la Contraloría General de la República. Planeación Nacional no se resignaba a que -según la información del propio Dane- los colombianos pobres fueran el 60 por ciento de la población. La solución fue rápida y efectiva: dieron la orden de cambiar la metodología. Tres millones y medio de colombianos salieron de pobres, de un día para otro. Una hazaña mundial que reivindicarán en la campaña reelectoral, pero que no es más que un artificio estadístico. La cifra de pobreza descendió del 60 al 52 por ciento gracias a un nuevo método de medición, sobre el cual el gobierno explicó: "No se basa solamente en los ingresos". Además se ha anunciado que próximamente cambiarán los parámetros para medir inflación, desocupación, pobreza y calidad de vida. Tantos cambios de termómetro no han bajado la fiebre, pero han convertido al Dane en el hazmerreír de los que saben del tema. Esta semana, el prestigioso diario Portafolio tituló "Ahora se duda de las cifras del Dane sobre el empleo". La noticia muestra las inconsistencias del reporte oficial no sólo frente a la agobiante realidad de millones de colombianos, sino también a los simples cálculos aritméticos. Según el Dane, las actividades de agricultura, pesca, ganadería, caza y silvicultura han creado 603.000 nuevos empleos. Lo curioso es que el total nacional, según la misma entidad, es inferior: 563.000 plazas. El analista Javier Fernández Riva, que por años ha estudiado estas cifras, encontró una realidad menos halagüeña que la promovida por el gobierno. El porcentaje de colombianos sin un empleo formal ha llegado al 51,6 por ciento, el más alto de la historia. "Eso es más de lo que tenía Estados Unidos durante la Gran Depresión, o Alemania en el peor momento económico de los años 30", señala este especialista con autoridad probada en el tema. Otro tanto sucede con las cifras de exportaciones. El crecimiento tan publicitado responde a fenómenos coyunturales del mercado internacional y no a una política consistente en materia de comercio exterior. Lo afirman los propios exportadores, reunidos en Analdex. Según ellos, esos datos -revisados imparcialmente- deberían más bien causar alarma sobre el futuro de la economía colombiana. Las estadísticas, que por años habían sido instrumento decisivo para gobierno y empresarios, terminaron convertidas en herramientas de propaganda electoral. Al señor Presidente le gusta dar sus cifras y -ni más faltaba- los funcionarios las prepararán como él ordene, o tendrán que aprovechar el boom de la silvicultura.
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