Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1997/03/10 00:00

LOS FISCALES TAMBIEN FALLAN

La sola duda que deja el Fiscal sobre si se lanza o no, es una politización peligrosa de la Fiscalia.

LOS FISCALES TAMBIEN FALLAN


ESTA EN BOCA DE LA GENTE QUE EL FIScal Alfonso Valdivieso va a lanzar su candidatura presidencial. Yo no lo creo. A mi juicio, él está cañando para demorar un poco el momento de pronunciar la palabra 'paso', aquella que en el póker convierte de inmediato la condición de jugador en la de espectador del juego. No hay duda de que Valdivieso está jugando a que crean que existe la posibilidad de que se lance. En conversaciones privadas y en declaraciones públicas, el Fiscal ha dicho que en las condiciones actuales no renuncia a su cargo, pero deja siempre abierta la puerta para que las circunstancias cambien. ¿Cómo? Sólo él lo sabe. Pero la idea de que algo puede cambiar lo ubica, de hecho, en la pelea.
La actitud de Valdivieso es comprensible desde el punto de vista político. El día que diga que no va a ser candidato bajo ninsguna circunstancia, ese mismo día deja de aparecer en las encuestas de favoritismo electoral, y por ahí derecho empieza a perder valor el apoyo que él le pueda dar en el futuro a uno u otro candidato a la Presidencia.
Pero resulta que aunque Valdivieso no se lance, su actitud es política y va en contravía de la dirección esencial que debe tener la Fiscalía General de la Nación. Valdivieso está jugando con el prestigio que le han dado su honradez y sus campañas de moralización para jugar en la política partidista mientras ejerce su función de magistrado. En plata blanca, está usando su cargo de juez en beneficio propio, y eso está muy mal hecho.
La última semana, en una rueda de prensa en Europa en la que le hicieron la pregunta de su candidatura, el Fiscal respondió que lo único que podía decir era que hoy era el Fiscal General de la Nación. Esa es la respuesta del jugador que se niega a decir paso o, lo que es peor, del que de pronto nunca va a decir qué pasa sino que se va a lanzar desde las alturas de los expedientes judiciales de sus enemigos políticos.
Hay quienes sostienen que si Valdivieso renuncia a la Fiscalía y lanza su nombre, estaría cubriendo el proceso contra Horacio Serpa con un manto de dudas, por razones obvias. Yo no lo creo. Para mí ese manto ya cayó, desde el día en que el Fiscal empezó a insinuar que su nombre podría estar en la baraja.
No faltará el que diga que ciertas cosas que se escriben contra el Fiscal, como puede ser el caso de esta columna, sólo buscan descalificar su gestión moralizadora o atajarle su legítimo derecho a hacer politica. No es verdad pero lo único que se puede decir al respecto es que el grado de maniqueísmo al que ha llevado la radicalización política colombiana hace casi imposible escapar a esa presunción. A estas alturas, ya da igual si alguien piensa así.
Pero aquí no se trata de caerle encima a alguien que hubiera podido comportarse con mayor mesura, sino de comprobar que la Fiscalía otorga un poder tan desmesurado que ha hecho salirse de la ropa a dos hombres de apariencia serena como Gustavo de Greiff y Alfonso Valdivieso. El primero se embriagó con la obsesión de la inmortalidad, diseñando desde su escritorio un plan imposible: el desmonte pacífico de los carteles de la droga y a la vez un pacto de paz entre ellos. El segundo tal vez siente que la justicia de su papel de cruzado contra los inmorales le otorga una patente de corsario con privilegios prohibidos para el resto de los mortales. Como el Cid Campeador o James Bond.
Esto no es exclusivo de Colombia. En todos aquellos lugares donde existe una figura similar a la de nuestro Fiscal, y coincide esto con que la lucha contra la corrupción es la prioridad nacional, el jefe de turno en la Fiscalía tiende a convertirse en una figura mesiánica a la que le llega, tarde o temprano, la atracción fatal de la política.
Es bueno que los personajes que simbolizan la purificación de las costumbres ocupen un lugar especial en el corazón de los pueblos. Lo malo es que la normatividad les permita transformar la fuerza de su prestigio en botín político.
Hay que quitarles a los fiscales la tentación de la política. Hay que sacarlos de las listas de favoritismo electoral, pues está demostrado que es una bebida que se les sube fácil a la cabeza. Hay que hacerles imposible su acceso a la pelea electoral. o al menos tan difícil que durante su gestión sólo se preocupen por combatir el delito.

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