Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1995/12/18 00:00

MI SOLIDARIDAD CON BOTERO

La peor ironía es tener a Botero en la cárcel y a Ernesto Samper en la Casa de Nariño. Porque sin él, Samper nunca hubiera sido presidente.

MI SOLIDARIDAD CON BOTERO

CUANDO ME ENTERE DE LA NOTICIA de que al ex tesorero Santiago Medina le habían asignado la casa por cárcel, sentí lo mismo que muchos de los colombianos que conocen y quieren al ex ministro Fernando Botero: la tristeza profunda que deja la gran ironía que encierra esta situación.
Porque mientras Fernando Botero, el ministro, hizo grandes cosas por el país, como encerrar a la cúpula del cartel y sembrar las bases de una defensa cívico-militar contra la ofensiva guerrillera que tiene a la mitad de los colombianos arrinconados, el único aporte de Medina fue ayudar a elegir al Presidente, y nada más.
Nos enfrentamos, pues, a la realidad de que Botero seguirá en su reclusión militar, de manera indefinida, y Medina en su palacete. Y eso es lo más difícil de entender para la gente. Porque aunque las cosas deberían ser al revés, no lo son por razones jurídicas, ya que la ley contempla la posibilidad de otorgar este beneficio a quien colabore realmente con la justicia, y no por los méritos personales de los investigados. Y el único de los protagonistas del proceso 8.000 que hasta ahora lo ha hecho ha sido Medina.
Pero las ironías de la situación de Fernando Botero no comienzan ni terminan aquí. La que hubiera podido ser la situación más consagratoria de su carrera, el instante en que el vicepresidente de Estados Unidos reconocía en una rueda de prensa en Washington que la humanidad estaba en deuda con el Ministro de Defensa colombiano por su aporte a la lucha antidrogas, fue quizás el momento más amargo de su vida. A esa misma hora, en Colombia, Medina cantaba. Y Botero, informado casi simultáneamente, palideció.
Pero a quienes se duelen, como el ministro Serpa, y como muchos otros colombianos entre quienes me incluyo, de la gran ironía de tener a Botero en la cárcel y a Medina en la casa, se les olvida una ironía peor. La de tener a Botero en la cárcel y a Samper en la Casa de Nariño.
Al fin y al cabo, es una verdad irrefutable que sin Fernando Botero, Ernesto Samper jamás habría llegado a ser Presidente. Para comenzar, fue el gran estratega de su imagen. Entre otras cosas, logró la hazaña de alejarlo de la clase política para colocarlo en la senda que podía obtener la simpatía de la opinión. O sea que, como candidato, Botero le hizo el principal aporte a su triunfo. Pero ya como Presidente, Botero también le hizo el principal aporte a su gobierno. Porque en medio de todos los esfuerzos que ha hecho Samper para borrar con una buena administración los orígenes espúreos de su poder, es y seguirá siendo la captura de la cúpula del cartel de Cali lo de mostrar nacional e internacionalmente. Y eso se lo debe a Botero.
Por otro lado, si entró el dinero del narcotráfico, fue porque los Rodríguez eran liberales samperistas, lo que no significa tampoco que hubieran sido sus amigos, sino sencillamente sus simpatizantes políticos. Pero los suyos. No los de Fernando Botero.
Y tampoco fue Botero el vehículo a través del cual ingresó el dinero a la campaña. La plata entró a través de Medina, que viajó personalmente a recogerla, según su propia confesión.
Si bien, como queda explicado no fue Botero el motivo por el cual ingresó el dinero a la campaña, ni fue el vehículo por medio del cual entró, él quedó en la mitad, como director técnico de un operativo en el que era imprescindible su autorización, tanto como el conocimiento del Presidente. Y esa especie de sándwich en el que quedó colocado lo tiene convertido potencialmente en algo que me parece tremendamente injusto: en el único responsable individual de una responsabilidad colectiva.
Con el agravante de que, de los tres, es quizá Botero el único que jamás en su vida ha conocido un narcotraficante, fuera del momento en que los capturó. Aunque son con toda seguridad exageradas las versiones de una gran amistad de Samper con los Rodríguez, es casi inevitable que los hubiera conocido de tiempo atrás, como todo político que lleva 20 años en la arena en una de las épocas más convulsionadas del país. Y ni hablar de Medina, que pudo haberlos tenido como clientes de su negocio de muebles, pero que además los visitó personalmente para recaudar el dinero de la campaña, también según su propia confesión.
Yo no puedo absolver a Fernando Botero, ni calificar el grado de su culpabilidad. En eso está la Fiscalía. Pero sí puedo, como amiga, solidarizarme al máximo con la gran ironía que le ha atravesado el destino cuando recorría la senda de una de las carreras políticas más promisorias del país.

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